El ‘gatillazo’ de Sabina en Madrid, o por qué matar al padre es imposible

Durante la primera mitad del concierto, el padre me sedujo; en la segunda, se murió él sólo. Si hubiera pagado los 80 o 90 euros que, de media, valía la entrada, otro diagnóstico más furioso se vería reflejado. Perdonen el cinismo.

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