Jorge Drexler revela secretos en el Teatro Nuevo Apolo de Madrid

El jueves 14 de diciembre, el cantante Jorge Drexler se presentó por segundo día consecutivo en Madrid, en el Teatro Nuevo Apolo, concierto que forma parte de la gira de presentación de su nuevo disco, Salvavidas de hielo (2017). El uruguayo se ganó a pulso a un teatro que lo despidió con euforia, de pie y bailando, con lo que reiteró por qué es un referente en tantos países de habla hispana. Las más de dos horas de música incluyeron piezas de toda su carrera, anécdotas al por mayor y gratas sorpresas, como las apariciones de Xoel López y Coque Malla.

A eso de las 20:30 hrs, el rojo aterciopelado del Teatro Nuevo Apolo se iba cubriendo de gente que se apresuraba para tomar sus asientos. La heterogeneidad del castellano hablado en Madrid se acentuaba y, casi puntual, el uruguayo Jorge Drexler, residente de dicha ciudad desde hace veintidós años, aparecía en el escenario acompañado de su banda. Sin más, empezaba “Movimiento”, de su más reciente álbum Salvavidas de hielo (2017): “Yo no soy de aquí,/ pero tú tampoco/ De ningún lado del todo y/De todos lados un poco”.

Es claro que la biografía vital y musical de Drexler tiene como eje temático la migración, lo que hace comprensible que la siguiente canción interpretada, “Bolivia”, dialogue con su predecesora, pues cuenta la historia de la familia judía alemana del cantante que, al comienzo de la II Guerra Mundial, buscaba refugio en una época en la que “Todos decían que no/Cuando dijo que sí Bolivia”, uno de los país americanos que abrieron su puerta a los refugiados europeos de la época. A continuación, otro eje temático recurrente en el músico, el acto mismo de la composición de canciones, llega a nuestros oídos con “Abracadabras” (cuya versión de estudio cuenta con la colaboración de la mexicana Julieta Venegas) y “Transoceánica”.

Para el que haya asistido a algún concierto de Drexler, sabrá bien que las anécdotas e historias que cuenta al público son una parte tan estelar de las presentaciones como las canciones mismas. Aunque parezca paradójico, no a todos los músicos y letristas se les da tan bien la charla. Así, el cantante nos comparte un poco más de sí mismo: de las experiencias, razones e historias detrás de las canciones, lo que sin duda constituye un placer para todo aquel curioso que ignore que la frase y título “12 segundos de oscuridad” se refiere a la luz que emite un faro de Cabo Polonio, Uruguay, para guiar a las embarcaciones y las personas de la zona; que “Estalactitas” la compuso recordando su adolescencia en el Uruguay de dictadura, aquella época de su vida en la que los bolsillos estaban tan vacíos que estaban llenos “nada más de tiempo/Tiempo, todo el tiempo”; que “Universos paralelos” habla de aquella lucha constante, a veces imperceptible, entre aquello que conscientemente/inconscientemente desea el ser humano; o que “Despedir a los glaciares” está dedicada tanto a Leonard Cohen como a los glaciares de Mérida, en Venezuela, los cuales han ido desapareciendo uno a uno y, el último, también lo hará en las siguientes décadas, sin embargo y, paradójicamente, con la muerte llega vida: la extinción del hielo permitirá que formas de vida atrapadas durante miles de años renazcan.

“Inoportuna”, “Asilo” (cuya versión original es acompañada por la chilena Mon Laferte) y “Salvavidas de hielo” (para la cual acompaña en el disco la mexicana Natalia Lafourcade) aparecen en escena luego de que la banda dejara al protagonista de la noche solo con su guitarra, creando así un encomiable momento íntimo que concuerda con las canciones amorosas que entonó. Para acompañarlo en su soledad, la primera gran sorpresa de la noche: Xoel López aparece para versionar “El tiempo está después”, del compatriota uruguayo Fernando Cabrera.

Un nombre tan habitualmente mencionado en Madrid es aludido una y otra vez, pero sin ser pronunciado. “Pongamos que hablo de Martínez”, la canción que Drexler dedica a Joaquín Sabina como forma de agradecimiento por haber sido una especie de ángel de la guarda en su carrera y vida: sí, como en un cuento de hadas (pero seguramente en versión para adultos), Sabina lo escuchó en un bar de Montevideo y lo convenció de viajar a Madrid, donde lo ayudó a conectar con el circuito musical de España, país donde se quedaría a residir. Con gran toque de humor, Drexler dice que a partir de su llegada a la península ibérica pasaría los primeros diez años de sus ya veintidós en Madrid tratando de llevarse amigos músicos de Sudamérica a España mientras las crisis calaban allí y los siguientes diez regresándolos a Sudamérica cuando la crisis ahora golpeaba de aquel lado del mundo. El aludido, que, recalca el uruguayo, vive apenas en frente del Teatro Nuevo Apolo, no está en el escenario porque se encuentra de viaje en Buenos Aires. Para terminar el espacio entonado en solitario, “Alto al fuego” y, luego, vuelve la banda completa.

Canciones de antaño, como “Río abajo”, otras sorpresas como su versión homenaje de “Free Fallin” para el recientemente fallecido Tom Petty, la clásica “La trama y el desenlace” y la nueva “Silencio” rematan una noche redonda. Los artistas regresan para un encore muy generoso donde el querido por la audiencia Coque Malla acompaña para cantar “Pedro Navaja” de Rubén Blades (un experimento que, recalca Drexler, no hay que intentar en casa por la longitud y dificultad de los versos; verdad que se vuelve augurio porque Drexler yerra y con humor comienzan la canción desde el principio). Después, suena la muy solicitada “Telefonía”, del nuevo disco, “Bailar en la cueva”, del disco homónimo y la que pone a bailar a todos: “La luna de Rasquí”. Drexler es generoso y regresa para un segundo y último encore: “Quimera”.

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