‘El Fin de la Comedia’, Segunda Temporada: la comedia sigue siendo el nuevo rock ‘n roll

Parece que ha pasado una eternidad desde que, hace poco más de dos años, escribía lleno de alegría sobre El Fin de la Comedia, una serie de Ignatius Farray, Miguel Esteban y Raúl Navarro. Las cosas han cambiado mucho, al menos para el protagonista, que sigue barbudo e irreverente, pero cada vez se tiene que esforzar más para sorprender a alguien.

Desde luego que no fue ningún mérito seguir el impulso de hablar de esta serie nada más terminar de ver su primera temporada porque fue un éxito inmediato que ha obligado, por aclamación popular, a la realización de su segunda temporada, la comedia honesta ha acabado por vencer a esos inversores a los que tanto les cuesta apostar por nada (aunque no se les conozca otra ocupación que esa misma, la de soltar la gallina) y que tan raramente se preocupan de ofrecer un contenido de calidad.

Mucho han cambiado las cosas para aquel Ignatius triste que dibujaban de sus propias vidas los creadores de la serie. En aquel momento La Vida Moderna era solo una anécdota en un revoltijo de programas de humor de la cadena SER e Ignatius, para muchos, era tan solo un recuerdo vago de La Hora Chanante. Ahora el programa que dirige David Broncano en la radio es otro de los grandes éxitos en los que colabora Ignatius, haciendo de nuevo malabares con el humor en la frontera entre la bondad de la honestidad extrema y la ofensa innecesaria y tronchante que tantos quebraderos de cabeza trae a la Fiscalía.

La segunda temporada de El Fin de la Comedia no se olvida de esto porque, ante todo, es una serie transparente. El éxito de los último tiempos de la comedia de Ignatius se entremezcla con el fracaso que está empeñado en vivir su personaje, tanto el de la serie como el de la vida real. Es imposible no sentir ternura por el tipo y cierta admiración por el personaje que ha pasado de charlatán furioso a ser filósofo y, en no pocas ocasiones, incluso poeta exaltado. La vida de todos pasa por el mismo absurdo que el que pasa por la de Ignatius al ser, solo eso, el Ignatius Farray desubicado y sincero que requiere cada escena. Todo un bofetón de realidad en el marco más irreal posible, el de la vida de un cómico chalado, el de la la vida de un padre tinerfeño separado adicto a la pornografía, el de la vida de un comprador compulsivo de libros, el de la vida de un tipo que tiene un corazón tan grande que quizá termine acabando con él.

No pierdan ocasión de ver los seis nuevos capítulos que conforman la segunda temporada de la serie de Miguel Esteban, Raúl Navarro e Ignatius Farray si es que quieren que aquella comedia que les iba a salvar la vida de hace dos años, siga intentando tocarles con varios de sus tentáculos.

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Rodrigo Pérez

Rodrigo Pérez nace en Talavera de la Reina, donde ha colaborado con distintas bandas de las que ha sido despedido fulminantemente. Estudió Biología en Salamanca y Lengua y Literatura por la UNED.

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