Bob Dylan, a por el Nobel de Física

Bob Dylan, en el videoclip de "The Night We Called It A Day" | Archivo
Bob Dylan, en el videoclip de “The Night We Called It A Day” | Archivo

En el concierto que celebró el pasado viernes, Bob Dylan recuperó “Like a Rolling Stone”, pieza que no tocaba desde el 6 de noviembre de 2013. Los últimos shows del Nobel de Literatura han sufrido –en mi opinión, por fortuna- una poda radical de las versiones de Sinatra. Estas han sido sustituidas, sobre todo, por canciones de la época del mercurio –”Rainy Day Women #12&35″ o “Highway 61 Revisited”- y por temas incluidos en Time Out of Mind –”Make You Feel My Love- o Love and Theft –”Lonesome Day Blues”-. Además, conviene señalar que en el concierto del pasado jueves, el cantautor tocó la guitarra eléctrica sobre el escenario después de cuatro años sin hacerlo.

Mientras tanto, Dylan continúa sin pronunciarse sobre la concesión del Nobel de Literatura, y uno fantasea con una leyenda aún mayor, marcándose un Príncipe de Asturias, o sea, no yendo a recoger el premio. Celebré –tengo testigos- que mi ídolo fuera condecorado como si el Real Madrid hubiera marcado el gol de la victoria en la final de Champions en el minuto noventa y pico, pero también pienso –perdón por el cinismo- que, una vez reconocido el mérito, ¿para qué rebajarse? Los Nobel se convirtieron, hace ya mucho, en una especie de Eurovisión geopolítica y gremial. Yo, como Antonio Lucas, digo que es “el Nobel quien se concede un Dylan”, y no al revés.

En estas, disfruto como un enano (re)escuchando trabajos como Oh, Mercy o Blonde on Blonde y, permítanme la cutrez patria, viendo/leyendo cómo se emponzoñan, con su propia bilis, los envidiosos, los alimoches, el Estado Islámico tuitero. Y no me refiero al discrepante, bendito sea, que muestre su desacuerdo con conocimiento de causa –”Lucharé contra todos los que digan lo mismo que yo / y no me contradigan” (Bunbury)-. Pero comparar a Bob Dylan con Manolo Escobar o con Belén Esteban, con perdón, es de ser muy necio. De no tener ni puta idea y, lo peor de todo, no querer tenerla. Hay que recordar que, según el DRAE, la literatura es el “arte de la expresión verbal”; que “lírica” viene de “lira” (lean a Aramburu), y que Dylan es, y de lejos, el poeta estadounidense más importante desde Walt Whitman. Su mensaje es tan brillante que trasciende el formato canción. Sólo Leonard Cohen, en este sentido, entra en esta órbita.

Concluyo diciendo que, durante estos días, también he tenido muy presente a Cela. Cuando le concedieron el Nobel de Literatura, un periodista le preguntó si le había sorprendido el asunto. Respuesta del genio gallego: “¡Muchísimo! Sobre todo, porque me esperaba el Premio Nobel de Física”. En fin, puede que lo que encontremos en las letras de Dylan no sea poesía, sino ecuaciones de tercer grado.

Consultaremos al tertuliano de turno.

Comenta con tu usuario de Facebook

comments

Jesús F. Úbeda

Jesús Úbeda nace en 1989 en Ciudad Real. En 2006 se traslada a Madrid, donde vive. Licenciado en Periodismo.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Al utilizar nuestro sitio web, usted consiente el uso de cookies de acuerdo con nuestra política de cookies. Obtenga más información sobre: cookies.

ACEPTAR
Aviso de cookies