Lo nuevo de Sabina: un lifting con muy buena pinta

"Brutal sesión de grabación con Ariel y los muchachos para el disco de Sabina" | Facebook de Leiva
“Brutal sesión de grabación con Ariel y los muchachos para el disco de Sabina” | Facebook de Leiva

Lo último que sabemos del próximo disco de Joaquín Sabina –que, a priori, se llamará Lo niego todo– lo encontramos en el perfil de Facebook de Leiva, quien se encarga de reconducir al miura componiendo las melodías de las canciones y produciendo el trabajo. El exPereza subió una imagen en la que, entre otros, aparecen Joe Blaney, Candy Caramelo y José Bruno. El primero es un productor musical e ingeniero de sonido que ha trabajado con, entre otros, The Clash, Prince, Tom Waits, Charly García o Andrés Calamaro; por su parte, el segundo –en el bajo- y el tercero –en la batería- conforman una de las mejores bases rítmicas del rock en español, y ahí están sus trabajos con, por ejemplo, Ariel Rot, Fito & Fitipaldis o el ya citado Andrelo. Además, también hemos conocido que dejarán su huella Carlos Raya, el guitarrista que mejor toca con slide en tierra patria, y César Pop, un teclista maravilloso.

Celebro los datos que poco a poco afloran sobre lo próximo de Sabina porque, en mi opinión, el cantautor ubetense necesitaba un lifting de forma y fondo. En cuanto a lo primero, Leiva está reuniendo a un superequipo de músicos que revitalizarán un discurso sonoro que se asfixiaba o, como poco, jadeaba. Pancho Varona y Antonio García de Diego son dos patas imprescindibles para ese banco que forman con Joaquín –a los hechos me remito-, pero los últimos discos sabían a reinvención hueca. El propio Sabina confesó, no ha mucho, que el nuevo disco debiera haber salido antes, pero que las composiciones no le convencían y que la triada parecía un matrimonio aburrido. “Leiva es como una novia joven”, dijo, o algo así.

Carlos Raya, grabando guitarras en el disco nuevo de Sabina | Facebook: Leiva Oficial
Carlos Raya, grabando guitarras en el disco nuevo de Sabina | Facebook: Leiva Oficial

El pasado fin de semana, un amigo me soltó, con desconfianza, que Lo niego todo será un disco del exPereza en el que Sabina se limitará a ser el cantante –amén del letrista, se entiende, junto a Benjamín Prado-. Yo le dije que, en parte, puede que tuviera razón, pero que la cosa no es nueva. El trabajo musical de Joaquín es cada vez menor. En Vinagre y rosas (2009) y en Alivio de luto (2005), el número de canciones con una melodía firmada en solitario por Sabina es cero. Salvando las distancias*, se está convirtiendo en Loquillo: es cada vez más actor y cada vez menos guionista y director. Lo único que ha hecho el autor de 19 días y 500 noches –por cierto, su disco favorito, producido por Alejo Stivel– cambiando a Varona/De Diego por Leiva ha sido sentar a Casillas y sacar a De Gea de titular.

En cuanto al fondo, me encanta/pirra/excita –sí, me alejé de Sabina, pero su música sigue siendo una especie de madre patria para mí- que el cantautor haya dejado a un lado los crucigramas y las regurgitaciones últimas para hablar de su perspectiva vital a los 67. En las jornadas “Sabina por aquí”, declaró que esto no lo quiere la gente, sino canciones de amor y derivados. Puede que sí, pero algunos ya estábamos hastiados de un discurso repetido en exceso, de reinvenciones precarias, y esto que se asoma en un horizonte cada vez más cercano –febrero de 2017, en teoría-, al menos, se prevé más verdadero, más personal y más creíble. La cosa tampoco es nueva: ahí está lo último de Leonard Cohen. ¡Y qué bien suena!

Aquí van dos ejemplos de lo nuevo de Sabina. Fueron recogidos, en su origen, por la web joaquinsabina.net:

El tren de ayer se aleja, el tiempo pasa,
la vida alrededor ya no es tan mía,
desde el observatorio de mi casa
la fiesta se resfría.

Los pocos que me quieren no me dejan
perderme solo por si disparato,
no tengo dirección para mis quejas
que tocan a rebato.

Acabaré como una puta vieja
hablando con mis gatos.

(Fragmento de “Viví para cantarlo“)

 

Quién más, quién menos
tiró una vez la casa por la ventana,
se tatuó en las sienes una diana
probó un veneno.

Quien más, quien menos
se ha tomado a sí mismo como rehén
y tiene una conciencia todoterreno
del mal y el bien.

Pero yo fui más lejos,
metí un palo en la rueda de la fortuna
bajé al sótano en busca de un mal consejo,
usé tus puñaladas como vacuna.

(Fragmento de “Quién más, quién menos“)

Así pues, en función de lo visto/leído/insinuado, servidor se frota, después de muchos años, las manos con ansia y esperanza ante lo que pueda venir.

*Escrito sin ningún tipo de reproche: es conocidísimo que el Loco tiene un ejército de artesanos detrás suya, no ya sólo desde un punto de vista melódico, sino literario. A diferencia de Loquillo, Sabina escribe –o co-escribe- el 95% de sus canciones.

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Jesús F. Úbeda

Jesús Úbeda nace en 1989 en Ciudad Real. En 2006 se traslada a Madrid, donde vive. Licenciado en Periodismo.

Un comentario sobre “Lo nuevo de Sabina: un lifting con muy buena pinta

  • el 5 octubre, 2016 a las 9:20 am
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    Gracias Jesús por las noticias. Hay muchas cosas aquí que desconocía.
    Leyendo lo que dices, me viene a la memoria la publicación de “Solo o en compañía de otros” de Miguel Ríos (2008). En aquel momento no me di cuenta, pero Miguel había perdido en cierto modo comba. Sus discos se espaciaban cada vez más tiempo, y sus trabajos del milenio habían sido un disco de dúos producido por Carlos Narea (con quien trabajaba de manera intermitente desde 1979), otro de blues producido por John Parsons -otro compañero de larguísimo recorrido- y un recopilatorio a petición de una discográfica. Antes, uno de Kurt Weill con Ana Belén, un directo con Big Band, el gusto es nuestro… Estaba claro que Miguel había perdido comba dentro del mundillo rockero con proyectos personales o que estaban ausentes de lo que se movía dentro del rock nacional, en el cual había ahora otros nombres y otras sonoridades muy diferentes. Para aquel álbum, que resultó ser el último de estudio aunque fuera semirrecopilatorio, nos encontramos, atención: producción de José Nortes, un single con música de Carlos Raya, y canciones de José Ignacio Lapido, Jorge Salán y, por partida triple, Quique González, en aquel momento faro de quienes hermanaban rock y canción de autor en España. Recuérdese además que poco antes se publicaba “Memorias de un espantapájaros” de M Clan, en las mismas coordenadas, y que en su gira de 2009 llevaba como guitarrista a Txetxu Altube, como pianista a Luis Prado, y a Nortes como director. Es decir, Miguel, en el momento previo de su despedida, se resiste a ser resquicio del rock nostálgico, sino que se va a despedir con un sonido lo más acorde a lo que era el rock español de finales de 2000.
    Este movimiento de Sabina es prácticamente similar. Con una serie de discos anteriores ya lejanos en el tiempo (“Alivio de luto” en 2005, “Vinagre y rosas” en 2009) de sonoridades y libretos melancólicos y colores tristes, encadenando últimamente discos en directo con recopilatorios, además de una “Orquesta del Titánic” (2012) que pasó demasiado rápido al olvido, Sabina parecía estar convirtiéndose en otro retrato amarillento del cantautor urbanita, alguien que vivía de sus discos de la década de 1990 y que tenía un discurso progresivamente agotado (y no solo por el paso del tiempo: me ha encantado eso que dices que Sabina no hacía frente a las vivencias de su edad actual, lo que quizá le hacía mantener unas letras impostadas). No sé qué se publicará, pero en efecto, esto huele a regreso de Sabina al rock español década 2010, como quien sabe que fue maestro pero que ahora sus pupulos recorren otros caminos y además los referentes de la gente son otros. Ahí están los músicos que citan para crearnos altas expectativas. No sé si “Lo niego todo” (con Sabina siempre título provisional) será un disco de Leiva con textos y voz de Sabina, pero aquí hay muchos talentos diferentes de muchos caminos y sobrada profesionalidad en aras de introducir vida a la discografía de Joaquín. La jugada es inteligente, ojalá y se efectiva. Un abrazo.

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