Dúo Dinámico: de pioneros a modernos

El Dúo Dinámico, durante el show | Vanessa
El Dúo Dinámico, durante el show | Vanessa Cuadros

 

Un pueblo de la provincia de Madrid, Torrejón de Ardoz, en fiestas patronales. Tras el discurso de turno, amenizan la fiesta el Dúo Dinámico en la plaza del pueblo. Echas la vista atrás y ahí están, siempre han estado. Porque para los anales queda el año 1959 donde se graban los primeros discos de rocanrol en España: desde Madrid Los Estudiantes y desde Barcelona El Dúo Dinámico. 57 años de trayectoria. Y en todos esos años en la música pop-rock del país ha pasado de todo (de todo lo que va desde la copla al metal, desde la música de autor al tecno, del microsurco al streaming) y ellos mantienen firme su propuesta, incombustibles, eternos.

De negro impoluto ambos, se presentan  con una banda de 6 instrumentistas (más la guitarra siempre en ristre de Ramón Arcusa). El sonido a veces parece añorar los impolutos arreglos, que todavía suenan fascinantes cuando se les presta atención, a veces cercanos a la big-band, que tenían sus discos de los 60. Otras veces parece colindan con las orquestas de feria, sin ser esto descalificativo, y en ocasiones el guitarrista adereza un solo aguerrido y fugaz. Manolo y Ramón, ambos 79 años, bromean sobre su edad junto al respetable. Nada que objetar: mantienen su figura y llenan el escenario. No debería ser motivo para arquear la ceja, pues nadie recuerda su edad a Leonard Cohen, mayor que ellos, cuando sale de gira, pero es imposible no asomar una sonrisa irónica cuando entonan “Somos jóvenes” al final de la noche.

En cuanto al repertorio, que se abre con una instrumental que entremezcla varios temas encadenada directamente con “Resistiré” y “Amor de verano” (ambas repetidas en los bises), se nutre principalmente de su repertorio dorado de los años 1960. Y no son pocos. Uno tras otro van desfilando “Esos ojitos negros”, “Quince años tiene mi amor”, “Amor misterioso”, “Como ayer”, “Eres tú”, “Guardamarina soy”, “Yo busco una muchacha como tú”… Buscando la colaboración del público en “Baby rock” y “Quisiera ser”. Abriendo un paréntesis de canciones con nombre de mujer con “Mari Carmen” (y su trotón ritmo de country verbenero), “Hello Mary Lou” y “Lolita twist”, remedándose como una especie de Everly Brothers hispanos o haciendo paréntesis con “Tú vacilándome… y yo esperándote”, una de las poquísimas canciones “recientes” (solo de 1986) que en directo no tiene esa fría belleza hortera de sintetizadores orientalizantes. También revivales de los 50 con “La plaga” y la eurovisiva “La, La, La”, que tienen que explicar que de ellos porque siempre queda fuera de los recopilatorios. Y es que en realidad apareció en un disco de Manolo y Ramón, en un periodo de su carrera (1968-1971) en que no podían firmar como Dúo Dinámico por problemas contractuales.

Otro momento del concierto | Vanessa Cuadros
Otro momento del concierto | Vanessa Cuadros

Pero antes de aquello, las pantallas nos muestran quiénes fueron: unos pioneros del pop, el rock, el twist, la big band. Los que trajeron el fenómeno fan a España, llegando incluso a editar durante años una revista con su nombre y sus fotos en la portada, los protagonistas de varias películas. En 1973, el Dúo se encontraba desubicado: grandes orfebres de la canción pop, no encontraban acomodo entre canciones de verano, cantautores politizados y rock progresivo o urbano, y lo dejan. Pero no se separan: siguen firmando canciones para otros artistas y pasan a la producción. Ramón Arcusa está en los mandos de álbumes de Rosa León, Los Chunguitos, Phil Trim, Paloma San Basilio, y sobre todo, Julio Iglesias, con quien escriben “Soy un truhán, soy un señor”, traje a medida que siempre tocan en los directos, también el del viernes, mientras no dejan de aparecer imágenes de Julio en la pantalla.

Superado aquella etapa, en 1980 regresa el Dúo ya como carrusel nostálgico de otra época. Y aunque de vez en cuando se hayan descolgado con algún que otro álbum de temas nuevos –de bajo vuelo y trufados de arreglos electrónicos, solo con “Resistiré” como canción isla a la altura de sus éxitos de antaño, ayuda de Pedro Almodóvar mediante -, e incluso proyectos arriesgados como un musical sobre su obra, “Quisiera ser” (2007) no dejan de sucederse uno tras otro recopilatorios con sus mismas grandes canciones, destacando por su repercusión 20 éxitos de oro (1980) y La colección definitiva (2004). Demasiado populares para entrar en el circuito de oldies, pero con continuas implicaciones a los guateques y a festivales olvidados en sus espectáculos, consiguen así siempre estar presente, pero no renovar su público: la edad media entre los asistentes al concierto de Torrejón superaba holgadamente los 50. Pero siempre puede haber algún milagro para “reconvertirlos en modernos” y presentar a las nuevas generaciones una música eterna; y ese milagro se obró al colocarse como cabeza de cartel del Sonorama 2016 (una especie de repetición del “experimento Raphael”).

Se encuentra el dúo en un buen momento, quizá nunca lo hayan dejado de estar. La banda que llevan es eficaz, y no tienen ningún disco en directo publicado en su infinita trayectoria. ¿Acaso no sería un buen proyecto, una guinda a la altura de su leyenda?

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