‘A día de hoy’: la obra maestra del Aute otoñal

Aute, en los Premios Nokia Amigo, en 2007, año de la publicación de 'A día de hoy' | Flickr: @informadordigital
Aute, en los Premios Nokia Amigo, en 2007, año de la publicación de ‘A día de hoy’ | Flickr: @informadordigital

Hace unos días me comentó un amigo que Luis Eduardo Aute está en coma. Me duele como a un amigo, pues un amigo ha sido para mí, como quizá también para ti, su obra y sus canciones. Porque son pocos, muy pocos, los letristas en castellano que le hayan cantado al amor, a la muerte, al sexo, a la pasión, a la pintura, al cine, a la filosofía, a la libertad, contra la injusticia, al paso del tiempo, al cine… en definitiva: a la vida, de una forma tan certera como en sus canciones. Además, con una serie de melodías bellísimas que te impactan en lo más hondo: tanto Luis Mendo, guitarrista de Suburbano y mano derecha de Aute durante más de una década, como su amigo Joaquín Sabina, decían en las entrevistas que Aute podría musicar de manera preciosa incluso la guía telefónica. Que además desplegaba una fantasía sin límites jugando con el lenguaje en una serie de artefactos literarios cercanos a las greguerías llamados poemigas. Que siempre se consideró, por encima de cualquier otra arte, pintor, y su obra pictórica ha estado reconocida con numerosas exposiciones. Que además ha dirigido cine en diversas ocasiones, incluyendo varias películas de animación artesanal. Que compuso una canción de amor al filo de la guadaña que se convirtió en uno de los más bellos cantos jamás escritos contra la pena de muerte, desnudada progresivamente en los recitales hasta terminar siendo cantada a capella, lo que la hacía aún más estremecedora. Varias veces lo he disfrutado en directo, y pido a quien corresponda que se despierte del letargo. Actualmente tiene un disco doble en proceso de grabación. El mundo se hace mucho más interesante con Aute viviendo en él, epítome del artista renacentista en el siglo XX, observador reflexivo y zaherido ante la realidad en el siglo XXI.

Hace un mes estuve fijándome en su obra y reflexionando sobre ella. Es cierto que hay una veintena de canciones que ya forman parte de la memoria colectiva de los hispanohablantes (“Al alba”, “Las cuatro y diez”, “De alguna manera”, “Pasaba por aquí”, “Anda”, “Sin tu latido”, “Una de dos”, “La belleza”, “Slowly”, “Albanta”, “De paso”, “Mira que eres canalla”, “No te desnudes todavía”, etcétera). Los discos quizá se hayan visto más difuminados. Su cénit comercial se encuentra en el doble LP en directo Entre amigos (Movieplay, 1983) y en el inmediatamente posterior Cuerpo a cuerpo (Ariola, 1984), donde urbanizaba su sonido. Pero su carrera está jalonada por otra serie de álbumes que van desde lo experimental y abstracto hasta las colecciones de canciones deslumbrantes, todos ellos obras mayores dentro de la canción de autor, pero que apenas alcanzaron el éxito popular. Algo que, en cualquier caso, tampoco pretendía el autor. Son obras entre sí diferentes pero llenas de diferentes hallazgos, gemas de la música en castellano: Rito (Ariola, 1974), Espuma (Ariola, 1975), Sarcófago (Ariola, 1977), Albanta (Ariola, 1978), Alma (Movieplay, 1980), Templo (Ariola, 1987), Slowly (Ariola, 1992) o Alevosía (Virgin, 1995), entre otras.

Con la llegada del siglo XXI, las nuevas producciones de Aute solo han alcanzado su círculo de admiradores, e incluso a veces, ni eso. Realizó el proyecto ingente, en varios años, de regrabar con nuevos arreglos la cuarta parte de toda su obra (unas cien canciones), alternado junto a nuevas grabaciones, películas o discos tributo. Aunque cada uno de sus nuevos trabajos incluye siempre alguna canción deslumbrante, hay uno entre sus últimos discos que resplandece con luz propia, una obra mayúscula que sobresale por derecho propio no ya en esta etapa de su carrera sino entre toda su obra. Grabado en un momento en el que Aute estaba completamente olvidado por las radiofórmulas y el engranaje musical, publicado en un momento donde la venta de discos decrecía a marchas forzadas, no consiguió, ni de lejos, la repercusión que merecía.  Ese trabajo magnífico es A día de hoy (SonyBMG, 2007). Con una portada que remitía directamente a Albanta (1978): el cigarrillo como parte indeleble de la personalidad de Aute, y unos arreglos prístinos con gran presencia de guitarra de Tony Carmona (y con parte de la banda con la que grabó los Auterretratos), más la colaboración puntual de su hijo Miguel, es solo un sobresaliente trabajo de madurez sino también uno de sus cénit.

A día de hoy. Las canciones

Como en casi toda la obra de Aute, las diversas aristas del amor son uno de los dos ejes cardinales del disco. La canción que lo abre y da título, “A día de hoy”, que por cierto fue adelantada en el libro-CD Días de amores (Aguilar, 2006), publicado tres meses antes, es  muy sutil y frugal, con arreglos minimalistas que apoyan el soporte de la melodía en la tierna y afinada voz de Aute. Supone una mirada atrás, una reflexión otoñal para sobre cómo, al llegar a la vejez, todavía no se han resuelto varios nudos gordianos vitales. Ha habido camino y cicatrices, sí, e infinitas reflexiones, pero al final es el amor, y su manifestación carnal, la única certidumbre que le queda al ser humano. Una misma reflexión del amor victorioso es a la que se llega en la quinta canción del disco, “El resto es humo”, aunque en esta ocasión se enfrenta a la sinrazón y a la barbarie que parece dominar los esquemas mentales y de poder en el siglo XXI, donde solo los que desprecian cualquier principio y escrúpulo pueden alcanzar el éxito, donde se acicatan las guerras, la injusticia y el dolor para aumentar los botines de riqueza.

Portada del álbum | Archivo
Portada del álbum | Archivo

Esa es, precisamente, la segunda línea de reflexión de esta obra: la queja doliente de quien certifica la ausencia de toda moral o humanidad en la sociedad capitalista globalizada. Hasta el punto de que es el tema central de “La barbarie”, larga letanía de ocho minutos, octavo “aleluya” de la discografía de Aute, cita incluida al famoso “Aleluya” de Leonard Cohen. La canción, de clímax ascendente, es un nuevo grito de Aute contra este “feo mundo inmundo” y sigue la estela de otras como “La belleza”, “Siglo XXI”, “Con un beso por fusil”, “Giraluna”, etcétera.

“Imaginación” parafrasea a “Imagine”, presente con el sonido de una cajita de música, para rendir homenaje al ex-Beatle (“una canción de amor a John Lennon”, la presenta en Humo y azar), al que reconoce como uno de los grandes músicos y liberadores artísticos del siglo XX, y se apunta a ciertas teorías conspirativas sobre su asesinato. Dedicada también a alguien famoso, “Alone with you”, cantada en inglés para que si la escuchara alguna vez pueda entenderla, se recrea sensualmente en fantasías onanísticas con Sharon Stone.

“Na de na” es una especie de foxtrot extraño que reflexiona con media sonrisa irónica sobre el agnosticismo y también sobre los prescriptores de Internet para volver a reclamar humanidad. Igualmente juguetona, pero de temática bien distinta, “Tic-tac” reflexiona sobre el paso del tiempo, pasado y presente, con juegos de palabras tan caros al autor.

La veta amorosa se alza en la muy sensual “Esta noche”, que evoca el placer carnal con el ser amado como cura ante el horrendo mundo hostil (una temática que ya había aparecido en “Abrázame”, de su anterior trabajo), una de las mejores piezas del disco. “Naves quemadas”, que recuerda lejanamente a un vals, supone otra reflexión de la vida como travesía marítima, vista desde la perspectiva de los años, en una canción que evoca la Odisea de Homero, sobre el que la canción hace una curiosa reflexión, o el famoso poema de Kavafis, por ejemplo.  Sus arreglos son sencillos, como también lo son “Sé de un loco”, que más que reivindicar la locura como forma de cordura como hiciera en “Elijo la locura” (1979), es otro alegato a un orden de bondad, algo que parece que ya solo esperan los dementes.

“J’ecris ton nom” está escrita en francés y es otra canción de amor a los literatos, cineastas, pintores y escultores que revolucionaron las artes del siglo XX con el surrealismo y el dadaísmo, y que termina citando “Las hojas muertas”, que popularizó Yves Montand. Según Luis García Gil en su libro Aute lienzo de canciones –que analiza disco a disco la temática de todas sus letras-,  Aute intentó adaptar esta canción y no fue capaz. En la misma línea temática, pero completamente diferente en música (aquí intenta mimetizar el flamenco) es “Tríptico de luces y sombras”, que Aute define como una “canción de amor a la pintura, en concreto a tres pintores: Velázquez, Goya y Picasso”. Su letra, versos libres de arte menor, casi de haiku, pero de poderosos contrastes (“Velázquez / pintó el aire. / Goya, su ausencia […] Velázquez / reflejó los espejos… / Goya / reflexionó sus espejismos”) destaca en un disco que no carece precisamente de gemas.

Dos canciones más se incluyen en este CD, que suponen adelantos a otros trabajos que publicará a lo largo de aquel 2007: “Año (y daño) de la gripe aviar” formará parte de un nuevo libro de poemigas musicados que publicará en otoño, AnimaLhito (Siruela, 2007), mientras que “Cuando no cante más” musica un poema del poeta postista Carlos Edmundo de Ory, del cual poco después se publicará una antología, El desenterrador de vivos (Galaxia Gutenberg, 2007) que incluía un CD con 14 poemas con la voz y las músicas de Luis Eduardo Aute y Fernando Polavieja, un trabajo que pasó desapercibido incluso entre los propios fans. Y es que es muy curioso que una obra mayúscula como es A día de hoy se publique en el momento más estajanovista de la carrera de Aute, pero cuando sus ventas se han vuelto minoritarias, y la industria discográfica sufre una herida en canal motivada por el top-manta y la descarga online. Ajeno por completo a todo ello, en los apenas quince meses que van de las navidades de 2006 a las navidades de 2007, Aute puso a la venta ¡CINCO! trabajos discográficos diferentes que en su conjunto abarcan 3 libros, 6 CDs y 1 DVD.

Para finalizar, anotar que el disco que aquí comento ha sido recientemente reeditado dentro de una caja con sus últimos trabajos de estudio, pues en su afán de ordenar sus trabajos discográficos en trilogías, A día de hoy abría la que ha sido bautizada como “Canciones de amor y destrucción”, a la que siguieron Intemperie (Sony, 2010) y El niño que miraba el mar (Sony, 2012). Desde aquí deseamos, confiamos y anhelamos que Aute despierte pronto de su sueño y pueda culminar su siguiente trabajo. Y es que, parafraseando una de sus canciones favoritas escritas por Don McLean, el mundo no se hizo para alguien tan bello como Aute.

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