Manuel García: “Fui a EEUU a buscar su parte linda, no la que conquista e imperializa todo”

Manuel Garcia | Facebook del artista
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Por Denisse Gotlib y Sebastián García

Hace poco más de diez años vio la luz Pánico (2005), un disco que hizo despegar la carrera del músico chileno Manuel García, tras 8 años de tocar con el grupo de rock Mecánica Popular. A sus 35, García hacía historia al renovar la trova de su país con 13 canciones preciosas. 

El viernes 19 de agosto, el músico dio un excelente concierto en el Lunario del Auditorio Nacional de la Ciudad de México, el cual se enmarcó dentro de una gira por México y Estados Unidos que tenía por objetivo una doble celebración: los 10 años de Pánico y el lanzamiento de su próximo álbum, el cual ha sido grabado en Estados Unidos, con ayuda del virtuoso guitarrista Craig Thatcher, quien lo acompaña en la gira.

Unos días después del concierto, tuvimos oportunidad de conversar con él sobre sus inicios en la música, su tránsito de la pequeña ciudad Arica a la gran capital, sobre cómo ve el panorama musical latinoamericano y sobre cómo ha sido la experiencia de grabar en Estados Unidos.

 

Manuel García (1970) nació en Arica, una pequeña ciudad al norte de Chile que hoy en día tiene doscientos mil habitantes. Ahí, comenzó a tocar la guitarra a los 12 o 13 años, en parte porque su padre era guitarrista aficionado. En su casa se escuchaba de todo, desde Serrat hasta Joan Baez. Para él, los relatos, las canciones, las historias que se contaban en su casa y la forma en que éstas eran contadas lo marcaron: Yo creo que la palabra, cómo se organiza en función de tu hogar, es una de las cosas que empieza a estar presente en tu cerebro, en tus emociones y en cómo organizas el mundo. La guitarra mi hermano y yo la abordamos de una manera más sistemática en la adolescencia, pero teníamos incorporado el sonido, no fue que un día un instrumento llegó a la casa de pronto, estuvo desde que nacimos.”

Manuel García | Facebook del artista
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Chile vivió una dictadura militar de 1973 a 1990, años en los que se crió Manuel. El hecho de vivir en una ciudad pequeña y de estar en medio de una dictadura limitó de cierta forma su acceso a la música. Pero otras circunstancias también lo ampliaron. Arica está ubicada muy cerca de Bolivia y de Perú, en una zona de mucha influencia cultural y musical andina: “Esas músicas [andinas] nos llevaban a encontrar raíces y a través de la raíz a conectar con otras culturas y otros lugares.”Manuel comenzó a aprender música de forma más rigurosa durante sus años de liceo: “Estudié 4 años en una escuela artística y me di cuenta de que era de paga cuando salí […] Yo era muy pobre, entonces, seguramente, fui con mi guitarra, me senté un día y no me echaron.” A partir de ahí integró las bandas Raíces Americanas, Andante y Pacha Wauna, con las que poco a poco se hizo de un nombre dentro de los ambientes intelectuales de su ciudad. A los 24 años, sus inquietudes artísticas lo llevaron a buscar nuevos espacios en la capital: “Me moví de manera muy casual. La primera vez que fui a Santiago iba por cuatro días y me quedé un mes. Al volver a mi casa, fui a buscar las cosas para regresar a Santiago para siempre, ya no me fui más de la capital.”

Manuel se ha hecho llamar “el comandante del folk chileno”, pero, ¿qué entiende él por folk? Para el músico, es una categoría que le permite no encasillarse dentro de un sólo género musical e incorporar nuevas sonoridades, nuevos elementos que pueden ser universales: “El concepto folk permite trabajar sin decepcionar a la gente. No se puede decir que soy un cantante que hace rock and roll, es falso. Si dicen ‘va a venir un trovador’ y el público encuentra que estoy tocando una guitarra eléctrica o incluso con una banda enchufada con secuencias electrónicas, lo estás estafando. […]  No es que me baje de un concepto, es que no me quiero subir a la fuerza.”

Ahora bien, aunque el chileno tiene muy claro que está inserto dentro de una tradición musical latinoamericana de largo aliento, la cual tiene raíces en la trova, en el folclore, en la música indígena, también tiene claro que él habla desde un lugar específico enmarcado en su historia vital, la cual implica provenir de una ciudad pequeña, cercana a lo rural. “Uno estaba acostumbrado a otros sonidos, el sonido de la tetera; no al del auto que pasa por afuera de tu casa, sino una carreta de caballos”. Sin embargo, con el tiempo, ha ido incorporado elementos propios de otras formas de vivir, más cercanas a Santiago de Chile: “yo creo que el último lenguaje que incorporé a mi forma de hacer canciones como ‘Témpera‘ fue el lenguaje de lo punki porque me di cuenta de que estas tribus urbanas de capital que no creían en nada, que estaban descreídas de todo […] tenían una parte de razón en su descrédito.”

Manuel García | Facebook del artista
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En 2016, con motivo de los 10 años de Pánico, el músico decidió volver a grabar dicho álbum, pero esta vez en vivo. Uno de los objetivos fue que la gente pudiera escuchar esas canciones en la voz del artista. Para Manuel, la relación que las personas generan con cada pieza es fundamental: “Una experiencia interesante como músico es pensar cómo convive la gente con las canciones, cómo las personas las habitan. Una canción que quizá yo canté veinte veces, otra persona la ha escuchado 100. O le significa mucho más recuerdos y momentos interesantes que por los que tú la compusiste. Tú tomaste un elemento, ciertas cosas que te pasaban y dijiste algo sentado al borde de tu cama con la guitarra, luego quedó en un disco, luego tal vez no la tocaste más. […] Y yo, cuando veo 10 años de canciones que la gente canta, pienso que muchas de ellas les pertenecen más a la persona que las quiso más incluso que lo que yo las pude haber querido.”

Al ver Pánico en retrospectiva, uno podría pensar que ese disco era el que Manuel tenía que hacer para comenzar su carrera de solista: uno esencialmente acústico que lo distinguiera de su trabajo previo con Mecánica Popular, el cual tendía al rock. Sin embargo, en esa época de su vida, a García no le interesaba grabar canciones como “Bufón”, “El Viejo Comunista”, “Tu Ventana”, “La Pena Vuela” o “Pánico”.

Fue el intelectual y poeta cubano Fidel Orta quien lo convenció de que el instrumento base del disco fuera la guitarra y de que debía grabar esas canciones: “Lo empecé a pensar y dije, ‘desde los 14 años quiero hacer un disco de guitarra, siempre creo que lo voy a hacer y parece que no lo estoy haciendo’. Le dije, ‘está bien, vamos. Hagamos el disco en guitarra, pero si tú me ayudas’.” Con la ayuda de Orta, Manuel tuvo que reconsiderar canciones que para él estaban pasadas de moda, con una tendencia hacia la izquierda social chilena: “Yo quería hacer un disco más parecido a Chaos and Creation de Paul McCartney. Quería hacer un disco acústico en guitarra como los naked de Los Beatles. Rítmico, con onda, muy a la guitarra pero con canciones frescas, con una batería suave arriba, como si fuera una maqueta de un disco rock. […] Y ahí empezó el cubano: ‘no, batería en este tema no va.’ Yo dije: ‘parece que estoy haciendo un disco que hubiese grabado años atrás. Pero, vamos, él es el productor, voy a confiar en él’.”

Es por esto que hay una influencia clara de la trova cubana en aquel disco, a la cual el chileno se resistía: “yo no quería que se notara, cuando me fui a Santiago me había deshecho de esa tradición que tenía en la universidad de cantar a guitarra, muy así trovadoresco. En cambio me había enchufado a Mecánica Popular. Lo que yo estaba siguiendo era Café Tacuba, Charly García, las vinculaciones del rock con el folclore de personas que valoraban, entendían, como [Luis Alberto] Spinetta.” 

Manuel García | Facebook del artista
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Otro de los motivos de su rechazo era que García no se creía “a la altura” de la canción latinoamericana de tradición popular, del canto nuevo chileno o de las trovas del mundo: “Yo estaba pensando en Chico Buarque, en Violeta [Parra], en Silvio [Rodríguez], en referentes muy grandes, yo me decía a mí mismo ‘no voy a hacer un disco mediocre en esta esfera’.” Sin embargo, Manuel logró reconciliarse con la idea: “decidí que entonces iba a hacer un disco que por lo menos dialogara con esa tradición. Ese es mi lugar, y es un lugar muy humilde, porque quién se va a poner en referencia al lado de estos genios que marcaron tanto la canción en el siglo XX y todavía en el XXI. Pero ya ahí los pasos se van dando solitos pues la canciones también van encontrando su lugar.”

Manuel conoció al músico estadounidense Craig Thatcher de forma un tanto casual, cuando éste hacía una gira por Chile como embajador de guitarras Martin. A Thatcher le sorprendió tanto la música del chileno que comenzaron una amistad musical. Cuando tocaban juntos, el estadounidense hacía cosas inesperadas: “es interesantísimo, me ponía una cosa que suena a un dobro, me ponía una guitarra que me suena a Joan Baez, a Jim Cruise, a Johnny Cash. Él escuchaba los pulsos al revés que yo. Él lo escuchaba aquí y yo allá. Fuimos combinando y se produjo un diálogo divertidísimo de figuras musicales.”

Manuel García y Craig Thatcher en Joe's Pub at The Public en Nueva York | Facebook del artista
Manuel García y Craig Thatcher en Joe’s Pub at The Public en Nueva York | Facebook del artista

De esa grata experiencia, a Manuel le vino la idea de hacer un disco con el guitarrista: “Fui a buscar mis músicas no resueltas […] y empecé a componer directamente para este disco, cosa que no había hecho nunca, pues siempre hago los discos con canciones que he ido componiendo en el tiempo.” Para el disco, el chileno retomó algunas “músicas de orilla”: un poco de folk chileno (“que es medio rockabilly pero devenido a ranchera o a corrido”), de música evangélica, de soul vinculado a las luchas negras, de góspel, de blues. Sin embargo, hubo otro sustrato del que Manuel no fue consciente hasta que el álbum estuvo listo: “No me había dado cuenta hasta que no me empezaron a entrevistar aquí. Claro, que me decían por teléfono a Chile, ¿pero cómo es tu relación con México? ¿Qué te ha dejado? Y yo decía, ‘bueno no sé, en el disco, por ejemplo, viene esta y viene esta otra’, y empecé a mirar y dije ‘wow’, el disco tiene muchas canciones que hablan de cositas que fui tomando de acá.”

A pesar de que los músicos y Craig hablan en inglés, un idioma que García no domina, el grupo encontró la forma de comunicarse: “El año pasado que fui a grabar no entendía nada de lo que hablaban. Incorporé las palabras necesarias para grabar. Pero, curiosamente, entramos en un esquema donde a veces nos estábamos riendo todos de lo mismo, y donde mi punto de vista latinoamericano de las cosas les llamaba mucha la atención y les causaba gracia a todos. Era extraño el asunto, me comprenden súper bien. […] Entendieron que yo iba a buscar [a Estados Unidos] una parte de la cadena del ADN emocional, lindo, a la parte linda de un pueblo. No a esa parte del gringo que pasa por encima, que conquista y que imperializa todo, sino al de la nobleza del pionero, del que empezó, del que fue capaz de forjar un país, del que llega a la hora, del que entiende el trabajo como un valor.”

Una de las grandes sorpresas del nuevo disco es la colaboración de Jo Lawry, una corista que ha trabajado con artistas de la talla de Sting: “Ya habíamos grabado las bases, ya habíamos grabado todo, sólo faltaban los coros y yo pensé que me iban a conseguir dos o tres coristas interesantes del lugar, del pueblo, que las debe haber fantásticas también. […] Y entonces Kent [el productor] levantó el teléfono e hizo unas llamadas. Me dice Carlos [su manager], ‘¿entendiste?’ Le digo, ‘no sé, ¿se trata de Jo Lawry?’ […] No lo podía creer. La admiro muchísimo, ya la había visto cantar con Sting. Y vino con gran humildad a trabajar. Escuchó las canciones, que se las mandamos antes, con las traducciones. […] Y lo dejó todo en el estudio. Hizo voces para los temas donde yo necesitaba elevación espiritual para que la canción tomara este espíritu medio góspel.”

El espacio en el que se encuentra el estudio de grabación fue un factor importante, pues coincidía con el interés de Manuel por volver a “los orígenes” de lo rural: “Era Estados Unidos, pero a los márgenes, con gente que ya ha pasado por ciertos estados de sensibilización, que se ha ido cansando de la ciudad. La gente más sabia, en este caso Kent [el productor] y su mujer, Eloise, decidieron poner su estudio y su casa de grabación ahí, llamada Red Rock. […] Las historias que el disco quería contar eran súper coherentes con la vida de ellos: historias de carretera, del músico que se va y está parado esperando a que pase alguien para llevarlo… Era cualquier esquina de pueblo de cualquier parte del mundo. La relación entre la ruralidad y la urbe, a pesar de que muchos quieren detonarla, existe. Está presente en lo romántico del tren, está presente en la historia de la carreta y los caballos.”

Jo Lawry, Manuel García, Craig Thatcher y el resto de sus músicos | Facebook del artista
Jo Lawry, Manuel García, Craig Thatcher y el resto de sus músicos | Facebook del artista

Este es el primer disco que el artista graba fuera de Chile, lo que llevó a que el equipo de grabación fuera más variado: “Héctor, que es puertorriqueño, grabó las percusiones, Jo Lawry que es australiana, hizo los coros, estaban los músicos gringotes [de Craig Thatcher] y yo, que soy chileno. Además, hay músicas que son mexicanas. Se revolvió un poco el naipe de las energías musicales dentro de este material”.

Manuel García se prepara para lanzar su nuevo disco a finales de noviembre en Chile. Además, hay planes de hacer un lanzamiento especial en México y Estados Unidos y, aunque todavía no hay certezas, el músico espera realizar una gira por México en Mayo de 2017. Lo esperaremos con ansias.

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