Nick Cave y la goma del Infierno

Nick Cave, en 'One More Time With Feeling' | ilkleycinema.co.uk
Nick Cave, en ‘One More Time With Feeling’ | ilkleycinema.co.uk

Nick Cave dice en One More Time With Feeling que, entre las cosas que ha perdido, quizá se encuentre la memoria. En 20.000 días en la Tierra, el líder de los Bad Seeds contaba que ése era su mayor miedo, “porque es lo que nos define. Es como el alma. La única razón para estar vivo es seguir recordando”.

La cinta dirigida por Andrew Dominik arranca incómoda e improcedente, como un bocadillo de clavos, con Warren Ellis declarando que le “resulta inconcebible” hablar de la muerte de Arthur y del drama en que la familia se haya secuestrada, repitiendo tomas con Cave, que acepta con educación –sabe dónde se ha metido-, pero también con una sutil mala leche: “Ahora no lo haría –rodar-, con esa mierda de cámara 3-D”.

El arranque es molesto, pero Dominik no tarda en crear, sin pornografía alguna, una atmósfera en la que el dolor es el principal gas noble. Y el espectador, que es plenamente consciente de lo que, poco a poco, se le va a venir encima, se amolda con una facilidad escalofriante. De hecho, a medida que avanza la película, lo raro –por no decir inhumano- es no estremecerse, no paralizarse. O no llorar.

Portada del álbum | nickcave.com
Portada del álbum | nickcave.com

Skeleton Tree nace en una época en la que “el tiempo parecía elástico”. La vida sigue, hay que seguir haciendo discos, pero, como explica Cave, tanto él, como su esposa, Susie Bick, y el mellizo de Arthur, Earl, se encuentran atados a una goma que les permite cierto recorrido. Sin embargo, en el momento más imprevisto del avance, pam: retornan al punto de partida.

En torno a la génesis del disco orbita un debate creativo –y lleno de contradicciones- muy interesante. Cave sintió “la sima estrellada en el alma” (Víctor Hugo). Dice que “el mundo se precipita y todo es grandioso”, pero también –es lógico- que el trauma de perder a un hijo le ha superado. Si Proust afirmaba que “las ideas son sucedáneos de los olores” y que, en el momento en que éstos se transforman en ideas, “la transformación misma desprende súbitamente alegría”, el compositor australiano ofrece el argumento antagónico: “Cuando te pasa algo tan traumático, te quedas sin espacio imaginativo”.

En este debate participa Bick, al principio fantasmal y, luego, tímida y buena, a quien la vemos diseñando vestidos –y moviendo constantemente los muebles de la casa en uno de los escasos momentos divertidos que muestra la película-. Su visión es la siguiente: antes trabajaba porque era su pasión; ahora, por necesidad. El curro es su desconexión.

Para Skeleton Tree, Cave ha prescindido de narraciones más elaboradas –“la narrativa ya no me convence. No veo que la vida sea así”- y ha recibido, más que nunca, la ayuda indispensable de Ellis, complemento creativo ideal y, sobre todo, muro de carga. Sin el multiinstrumentista, este álbum hubiera sido imposible. La presencia de Arthur es sorda, pero constante. “Jesus Alone” aplaca. “Girl in Amber” irradia una discreta desesperación: “Si quieres sangrar, sangra”. (…) “El mundo ha dejado de dar vueltas / ahora que te has ido”. En “Anthrocene”, el padre ruega a su hijo que vuelva a casa. “I Need You” es, quizá, la pieza más pop –dentro de lo pop que puede ser este disco, es decir, casi nada-, la más sencilla, la más rítmica. “Nada importa cuando el que amas ya no está (…). Sigues dentro de mi corazón, te necesito”. “Distant Sky” es el canto bello y amargo de un desengaño: “Nos dijeron que nuestros dioses vivirían más que nosotros, pero nos mintieron”. Y “Skeleton Tree” –que, desde un punto de vista melódico, me recuerda ligeramente a “Brompton Oratory”- destila una aceptación amarga: “Y nada sale gratis / y no pasa nada”. En un momento de la película, encontramos una improvisación muchísimo más dura sobre esta canción: “Y el diablo viene a cobrar / pues nada es gratis, / y te llamo por la ventana / y Jesús era un embustero y demonio”. Cave, en One More Time With Feeling, muestra una nueva cara de su constante mutación religiosa –filia por el Dios del Antiguo Testamento (hasta Tender Prey); filia por Jesucristo (a partir de The Good Son); creencia intensa (The Boatman’s Call); dejadez y burla (No More Shall We Part o Push the Sky Away)-: ahora, odia a Dios.

Así, Nick Cave se acurrucó en su máquina de escribir y, tras desear la muerte, tomó conciencia de que “alguien debe cantar a la sangre / y alguien debe cantar al dolor”. Descubrió que el Infierno tiene más de Paraíso “de lo que nos han dicho” y creó, junto a Ellis, una obra de arte imposible, hipnótica, solemne, severa, intensísima, sentida.

Al finalizar la película, la tropa abandonó la sala en silencio. Eso no parecía un tanatorio.

Comenta con tu usuario de Facebook

comments

Jesús F. Úbeda

Jesús Úbeda nace en 1989 en Ciudad Real. En 2006 se traslada a Madrid, donde vive. Licenciado en Periodismo.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Al utilizar nuestro sitio web, usted consiente el uso de cookies de acuerdo con nuestra política de cookies. Obtenga más información sobre: cookies.

ACEPTAR
Aviso de cookies