Concierto imprevisto de Elefantes en el Conde Duque

Elefantes, en el Conde Duque | AM
Elefantes, en el Conde Duque | AM

Mientras el asfalto burbujeaba por las altas temperaturas y Bunbury se marcaba un show “brutal” -eso me iban contando- en el Teatro Real, Elefantes ofreció un concierto nutrido, divertidísimo e imprevisto en el patio del Conde Duque, a propósito de la presentación del festival Dcode -aunque, tal y como dijo Shuarma, “es extraño: lo presentamos aquí, pero no tocamos”.

Digo que lo de Elefantes en el Conde Duque fue imprevisto por dos motivos: el primero, porque, en principio, no estaba incluido en la gira de este año, y el bolo -pongo en cursiva el vocablo, porque no me convence- surgió hace muy poco; el segundo, porque todo apuntaba a una cosa breve y/o acústica, y si bien el concierto tuvo restricciones de horario, duró su buena hora y poco, y, además, la entrega de la banda fue total, y el sonido, perfecto.

Era un ecosistema de terrazas con nebulizadores, jarras de cerveza, fans entregadas, padres con sus hijos -“¡Qué bien que haya niños! Cuando tocamos, les echamos de menos”, dijo Shuarma- e incluso algún anciano que marcaba el ritmo de las canciones golpeando el suelo con su bastón. El concierto empezó pasadas las ocho y media. Elefantes arrancó con tres canciones de su último álbum, Nueve canciones de amor y una de esperanza: “Lo más pequeño”, “Volvió la luz” y “Que todo el mundo sepa que te quiero” -“La canción que mejor define el espíritu del disco”-. Después, sonaron canciones de trabajos previos, como “Equilibrios” o “Que yo no lo sabía”. Con esta última, el público se liberó de todos sus corsés, y el patio del Conde Duque se convirtió en el de una verbena alegre y rockera.

Después, también sonaron la majestuosa “Duele” -una de las mejores canciones que se han hecho este año en español-, “Azul” o “Te quiero” -la versión de Perales-, finalizando la cosa con “Somos nubes blancas” y, a modo de propina -la organización alzó la mano un pelín con respecto a los horarios-, “Descargas eléctricas”. Alguien del público se quedó, pese a su insistencia, sin escuchar “El rinoceronte”. Pero Elefantes se marcó un show de nivel, refrescante, noble y gratuito, alentando a coger con fuerza las copas de vino y a ensanchar los caminos.

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Jesús F. Úbeda

Jesús Úbeda nace en 1989 en Ciudad Real. En 2006 se traslada a Madrid, donde vive. Licenciado en Periodismo.

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