Tríptico del No Sin Música

Concierto de Loquillo en Cádiz, en el No Sin Música | Facebook de Loquillo
Concierto de Loquillo en Cádiz, en el No Sin Música | Facebook de Loquillo

I) Holocausto ‘indie’

El festival gaditano No Sin Música arrancó el viernes celebrando un aquelarre indie, con, entre otras, las actuaciones de Izal, Love of Lesbian y Second. Como profano, y reconociendo mi absoluto desconocimiento del género, les reconozco una buena ejecución, pero también una monotonía crónica y doliente. Los seguidores de Acordes Modernos ya lo saben: no comulgo con el indie, se me atraganta, lo digiero mal, pero puedo soportarlo en dosis razonables. De ahí que, por ejemplo, disfrutara con el show de Love of Lesbian, en especial, con las canciones de su último disco, El poeta Halley. Sin embargo, cuando se van sucediendo los grupos y uno tiene la sensación de estar escuchando la misma canción durante 4-5 horas, es que algo no (le) acaba de funcionar. Mi amigo Enrique me decía: “Actúa, coño, actúa”.

No hubo manera.

II) Elefantes

Fui al No Sin Música para disfrutar de los conciertos de Bunbury y de Loquillo, y, nobleza obliga, a posteriori, y de un modo empírico, a incluir a Elefantes en el triunvirato de, por decirlo de algún modo, triunfadores del sábado. Me gustó mucho su último trabajo, Nueve canciones de amor y una de esperanza, y la ejecución en directo de temas como “Que todo el mundo sepa que te quiero”, “Duele” –increíble, cómo estremece esta maravilla- o “Te quiero” –versión de Perales– fue perfecta, amén desde un punto de vista técnico, también emotivo y carismático. El grupo barcelonés me dejó con ganas de mucho más y, este martes, quienes vivimos en Madrid tendremos la oportunidad de disfrutarlos gratis en el Conde Duque, a las 20:30 horas.

Que los de Shuarma cuenten conmigo.

III) Los p**** amos

Bunbury y Loquillo son dos espaldas plateadas del rock en nuestro idioma; dos tipos que, con sus actuaciones, ofrendas generosas de talento, justifican que se les tilde de “ídolos”. Qué pena que las restricciones inherentes a todo festival nos privaran de sendos shows pelín más largos. El primero, con Los Santos Inocentes –impecables, magistrales, enérgicos; son, en definitiva, geniales-, hizo un repaso a treinta años de mutaciones, etapa Héroes del Silencio incluida. El show arrancó con una “Iberia sumergida” muy tex-mex y concluyó con una “Lady Blue” que sonaba a lo Palosanto Tour. En medio, “Dos clavos a mis alas”, “Porque las cosas cambian”, “Desmejorado” o un “Maldito duende” carnal y tangible desde un punto de vista literal: como Nick Cave, el artista aragonés se bajó con su respetable, se integró en él, y cantó rodeado de un bosque de manos.

Con respecto al Loco, llegó, vio y venció. Es un macho alfa del escenario, combina una autoridad que, a veces, acojona, con un reparto justísimo –en el sentido de justicia, quiero decir- de protagonismo a los miembros de su banda. Sus tres guitarristas –Mario Cobo, Josu García e Igor Paskual– fabrican un sonido compacto, implacable, bello y efectivo. Disfruté mucho con las canciones de Viento del Este en directo, sobre todo, con “En el final de los días” y “El mundo que conocimos” –qué joya, caray-, amén de con clásicos como “El rompeolas”, “Memoria de jóvenes airados”, “Cruzando el paraíso” o “Cadillac solitario”.

Tras los conciertos, saludé, abracé y besé a gente a la que amo.

E Igor me dijo que yo iba disfrazado de columnista neoliberal.

Maldito sea: tenía razón.

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Jesús F. Úbeda

Jesús Úbeda nace en 1989 en Ciudad Real. En 2006 se traslada a Madrid, donde vive. Licenciado en Periodismo.

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