Andrew Bird: el músico que nació con la estrella en el nombre

Andrew Bird
Andrew Bird | www.twmp.com.mx

La sabiduría popular dice que los pájaros saben de música y el compositor estadounidense Andrew Bird parece confirmarlo, pues nació con la estrella en el nombre. Desde sus años de infancia, en una pequeña ciudad de Illinois, no ha parado de hacer música. Tanto así que a sus 42 años tiene 14 álbumes, 9 de los cuales son como solista.

Comenzó a tocar el violín a los 4 años con el método Suzuki, el cual, según él mismo cuenta, partía del principio básico de que los niños pueden aprender el lenguaje de la música mientras aprenden su lengua materna. Para él, este método contribuyó a que “las melodías se metieron a mis huesos”, a tal grado que “si no estaba durmiendo o hablando, estaba silbando”. 

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Foto: fanmusicfest.com

Aunque Bird fue criado en un entorno musical que tendía hacia la música clásica, su evolución musical estuvo marcada por el folk, el jazz y el blues, tal como atestigua su primer grupo, Andrew’s Bird Bowl of Fire. Sin embargo, a partir de su aventura como solista, en 2003, sus discos comenzaron a ser una mezcla de tantos géneros que cada canción resulta una experiencia auditiva peculiar.

Casi 10 años después de su primer disco como Andrew Bird, el álbum Break it yourself (2014) lo catapultó hacia un nicho musical francamente único en el que silbar no sólo era válido sino que sonaba sorprendentemente bien y donde componer desde el violín tenía un cariz más folclórico que clásico.

Las canciones de Bird parecen haber sido ensambladas a la manera de un cuidadoso artesano. Su música es una sucesión de efectos acumulativos: cada segundo agrega una nueva sensación y refuerza la anterior.  

Sabemos que al músico le interesa mucho la reflexión estética sobre lo que la música puede transmitir, más allá del significado de las palabras de una canción. De hecho, tiene algunos artículos en The New York Times —periódico donde ocasionalmente escribe— en los que habla de su propio proceso de creación, el cual compara con los balbuceos de su pequeño hijo, pues estos transmiten sensaciones e ideas aunque no tengan un significado lingüístico claro.

En abril de este año, Bird publicó su decimocuarto disco, Are you serious, un conjunto de 13 canciones (en su versión extendida deluxe) que engancha desde la primera ronda. Con arreglos musicales impecables, el artista renueva su repertorio sin olvidar los elementos que ya lo identifican, como el uso de sus peculiares instrumentos. Este disco tiende al indie, pero no olvida sus siempre queridos folk y jazz.

La vida de Bird ha cambiado en los últimos años y se nota. La presencia de su esposa y de su hijo han añadido una especie de ternura violenta que dota a sus canciones de una hermosa potencia vital. Desde la brava “Capsized”, pasando por la melodiosa “Chemical Switches”, llegando a la genial colaboración con Fiona Apple, “Left Handed Kisses”, hasta desnudarnos con la sensual “Are You Serious”, el artista nos captura con un álbum redondo en el que podemos disfrutar del virtuosismo de un Andrew Bird que queda para rato.

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