La repetición y el gozo: Carlos Ann vuelve a presentar ‘El Tigre del Congrés’ en Ciudad de México

Carlos Ann | Facebook del artista.
Carlos Ann | Facebook del artista.

La música es inagotable y el placer —algunas veces— tiene que ver con la repetición. ¿Cuántas veces hemos deseado que alguna banda o cantante vuelva a hacer la gira que nos perdimos o que nos encantó tanto que deseamos ver de nuevo? Sensible a estos deseos, Carlos Ann anunció en abril de este año que El Tigre del Congrés (2010) se pasearía de nuevo por México. La noche del viernes pasado esa promesa comenzó a cumplirse.

Serán tres las presentaciones en las que Ann revivirá las canciones de aquel material que se publicó hace seis años. Según él mismo ha dicho, El Tigre del Congrés —título que hace referencia al apodo que, de chico, tenía en el barrio barcelonés donde nació, Congrés— es el disco más desnudo, acústico y orgánico que ha hecho hasta ahora: su voz y dos guitarras fueron todo lo necesario para grabarlo. Estos tres elementos fueron también los que el viernes colmaron el escenario del primero de los conciertos del “regreso del Tigre” —quedan aún el de Puebla del 11 de junio y uno más en la Ciudad de México el 12.

La gira del regreso del Tigre. | Facebook del artista.
La gira del regreso del Tigre. | Facebook del artista.

El espacio para este regreso —de algo que, en realidad, no se había ido— fue el Segundo Piso Live, un foro y bar en pleno centro de Azcapotzalco, en el norte del D.F. Cerca de las 10 de la noche, Carlos Ann subió al escenario, donde ya se encontraban los dos maestros guitarristas que lo acompañarían todo el concierto: Juan Carlos Allende y Enrique Rodríguez Castañeda. El lugar estaba abarrotado y el humo de un incienso que ardía en el escenario, cerca del micrófono de Ann, flotaba sobre los asistentes de las primeras filas. Sin más preámbulo, comenzó con “Y no queda nada”. Una tras otra, todas las canciones de El Tigre... fueron cantadas por Ann y coreadas por los asistentes.

Por supuesto, también las canciones de otros discos de Ann hacían reverberar al público; así sucedió con “La mejor de tus sonrisas”, “La fanfarria” y “Una caja olvidada”. Hubo, además, sorpresas en forma de covers: “La distancia” —clásico de la balada—, “Las oportunidades” —de Andrés Calamaro— y “El triste” —tema de Roberto Cantoral que José José volvió inmortal.

Si la repetición tiene que ver, en ocasiones, con el placer, habría que agregar también sus vínculos con el ritual. Tanto los que van por la vida dando conciertos como los que vamos recibiéndolos asumimos esto, creo, con generosa sorpresa. Nunca antes había visto a Carlos Ann sobre el escenario y, aunque sin duda me quedan ganas de poder verlo alguna otra vez ejecutando sus piezas más rockeras y electrónicas, el concierto de este viernes me dejó la clara impresión de que ocurría algo más que “cantar” cuando él se volcaba —en forma de voz— en esas canciones. Además, la devoción con la que, de tanto en tanto, en los espacios en los que las cuerdas vocales cedían ante las cuerdas de nylon, miraba a los guitarristas que lo flanqueaban transmitía un vínculo tan musical como místico.

Carlos Ann, también conocido como ‘El Tigre del Congreso’. | Facebook del artista.
Carlos Ann, también conocido como ‘El Tigre del Congrés’. | Facebook del artista.

El incienso seguía consumiéndose y la cerveza seguía siendo consumida mientras versos como estos quedaban suspensos, al igual que el humo, sobre nuestras cabezas: “Estuvimos desviando el tema con nimiedades, de ésas que recuerdan que todo es importante.” Tras una hora de concierto, los músicos dejaron el escenario. Pero, ante el clamor del público, volvieron una vez más. “¿Quieren más? Son incansables, ¿no?… Es muy difícil complacerlos a todos”, dijo Ann ante la avalancha de peticiones de canciones lanzada al escenario. Al amenazar, además, que si no le daban otra cerveza se marcharía, la avalancha se transformó en olas de manos que hicieron llegar botellas de cervezas, vasos y mezcal a los pies del escenario. Ofreció aún varias piezas más y era tal la resistencia de la noche a terminar que, incluso, hizo una cappella con el público antes de cerrar definitivamente con la canción que, paradójicamente, abre El Tigre del Congrés: “El tiempo pasó solito”.

Carlos Ann ha dicho que el proceso de composición, o más bien de “alumbramiento”, de una canción puede ser doloroso. Pero, como muchas otras cosas en la vida, el dolor puede dar paso al placer y a la inagotable generosidad que habita en una creación —en una canción— y que se reaviva, repitiéndose, en un concierto. Así sucedió esa noche en Azcapotzalco y, seguramente, volverá a pasar en las dos fechas del “regreso del Tigre” que quedan aún.

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