‘Fallen Angels’, de Bob Dylan: un bostezo en cuerpo y alma

Portada del disco | bobdylan.com
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Escucho Fallen Angels, el último disco de Bob Dylan, mientras bostezo en cuerpo y alma. Es la primera vez que me ocurre con alguien a quien, musicalmente, considero Dios Padre. No lo puedo evitar, es lo que me sale: el álbum me aburre. Me siento como un pecador, y me fustigo –en plan metafórico, claro-, y pido disculpas, por ello, a la parroquia dylaniana, pero ocurre que si bien entendí como un desafío bello, divertido y originalísimo el primer disco de versiones de Sinatra, este segundo, con perdón, me sabe a yogur caducado.

Reconozco –la carne es débil, ora pro nobis…– que vengo de una inmersión profunda, de un redescubrimiento feliz y salvaje del inabarcable Blonde On Blonde, por eso de que, hace unos días, celebramos su cincuenta aniversario. A ver, asumo que, por cosa de la edad/circunstancias/frescura/madurez y derivados, que Dylan haga un disco así, no digo ni mejor ni peor, sino así, es imposible. Es más, el genio de Duluth, de haber querido, podría haberse retirado dejando su listón en ochomiles hace cuarenta años.

En mi opinión, eso último hubiera sido un error, y ahí es donde quiero ir a parar. Acotemos la línea temporal a la última década, en la que Dylan ha publicado tres discos magníficos con canciones propias (nuevas, se entiende): Modern Times, Together Through Life y Tempest. ¿Por qué sus, digamos, próximos tiros no van por ahí? ¿Se ha vaciado ya el vaso de su creatividad? ¿Ha decidido vivir de rentas (los bootlegs, benditos sean) o de pasatiempos (las versiones de Sinatra)? No me lo acabo de creer. Ni me lo quiero creer. Lo siento.

Hace unos días, en un pequeño debate tuitero con devotos dylanianos me decían que, en Fallen Angels, el autor de joyas como “Ballad of a Thin Man”, “Visions of Johanna” o “Love Sick” cantaba muy bien. Es cierto. ¿Y qué? Por ello mismo, el disco me sabe a chuchería barata para engañar al estómago sin terminar de matar el hambre. Perdón por el cinismo, pero Bob Dylan no tiene por qué cantar bien. ¿La atmósfera musical? Brillante. Qué producción, caray. Y qué ambiental. Qué bien suenan “Melancholy Mood”, “Young At Heart”, “It Had To Be You” o “Skylark”. Mas me quedo con el acorde errado o las guitarras, a veces, desafinadas que se cuelan en el ya citado Blonde On Blonde o en Highway 61 Revisited. Insisto, lo último de Jack Frost me sabe a producto hueco y artificial, a broma repetida y, si bien la primera me hizo gracia, la segunda –exagerando- me parece sacada del programa ese de matrimonios de José Luis Moreno.

Tengo la sensación de que, en cuanto termine de escribir este texto, iré corriendo a alguna iglesia para confesar un pecado que considero cuasi mortal, pero, caray, mientras tecleo suena “Cross the Green Mountain”, y, en Fallen Angels, no hay una sola pieza –interpretada por Dylan, entiéndase; no quiero meter a Sinatra en esto- que le llegue a los zapatos.

Ave María Purísima…

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Jesús F. Úbeda

Jesús Úbeda nace en 1989 en Ciudad Real. En 2006 se traslada a Madrid, donde vive. Licenciado en Periodismo.

2 comentarios sobre “‘Fallen Angels’, de Bob Dylan: un bostezo en cuerpo y alma

  • el 3 junio, 2016 a las 4:26 am
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    Ignorancia pura…

  • el 18 junio, 2016 a las 4:32 pm
    Permalink

    Dios nuestro señor, a sus 75 años, siendo leyenda desde los 25, tiene derecho a dedicar un par de años a sacar sus pasatiempos musicales, como lo fue Christmas in the Heart. Estoy tranquilo, recientemente paró a grabar unas canciones que se daba por hecho que eran parte de Fallen Angels, pero no, las canciones de Fallen Angels son de las mismas grabaciones que SITN y tendremos material propio de Dylan pronto.

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