Nat Simons: “Por ser mujer, me comparan con artistas que no tienen nada que ver conmigo”

Instagram: @nat_simons
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Tiene Nat Simons una sonrisa tímida, una mirada valiente y una voz brava. Apunté su nombre porque me dijeron que su música sabía a Dylan; me asusté cuando cierta prensa me la vendió como prima de Russian Red; me quité el sombrero –y decidí entrevistarla- cuando escuché sus dos discos: el LP Home on High y el EP Trouble Man. Una vez, Igor Paskual me dijo: “Creo que, en España, los que hacemos música no solemos pensar sobre ella; los que piensan sobre ella no la hacen”. No me interesa, con perdón –amén de que ya ha salido publicado por ahí-, el origen del apodo “Simons”. Ni si Natalia es del Real Madrid o del Atleti. Nuestra conversación, sintetizando, gira sólo en torno a dos preguntas: de dónde viene y adónde va.

Desde un punto de vista musical, se entiende.

Me responde en la cafetería de una librería del centro de Madrid, mientras bebe té verde y, de fondo, como un oxímoron inesperado, suena la playlist de un Zara.

P: ¿Qué persigues, Nat Simons?

R: Estar satisfecha con mi trabajo. Incluso antes de que salga nada a la luz. Una vez estoy satisfecha con lo que hago, el resto es un poco lo que venga. No busco más que poder escuchar las canciones y decir: “Joé, ha salido lo que quería”. Lo que quería transmitir. Las canciones están dentro y hay que sacarlas de alguna manera. A veces te sale, a veces no, y el hecho de que te salga como tú querías es lo que busco.

P: ¿A dónde te ha llevado la música?

R: Está determinando mi vida, básicamente. (Piensa) Me va a llevar lejos, a lo mejor, a otros países. Va en mi personalidad. Si no me dedicara a la música, acabaría en otros sitios. Yo soy un culo inquieto y no puedo parar. Aunque fuera, yo qué sé, pintora o escritora, al final, es el espíritu que llevo dentro. De persona errante, que no quiere parar de viajar, que quiere cambiar. La música es un medio para expresarme, pero no sé si es lo que determina mi vida. También es verdad que la música me ha llevado a vivir experiencias que otro tipo de cosas no me habrían aportado, experiencias fuertes y bonitas como tocar en directo delante de miles de personas.

P: Decía Oscar Wilde que “el arte de la música es el que más cercano se halla de las lágrimas y los recuerdos”.

R: Seguramente. Casi todas las canciones se identifican con un momento de tu vida, con una sensación… Están ligadas a sentimientos, a sensaciones.

P: ¿Qué ocurre cuando la música no suena?

R: A veces, el silencio es más ruidoso que la música. Cuando estás en silencio y tienes un río interior más fuerte que la propia música.

P: En este ecosistema político/económico/social, la música, al artista, ¿le da o le quita vida?

R: Hostia, esa es una buena pregunta. Realmente, te la quita y te la da. Por diferentes cuestiones. Una, porque es lo que me hace feliz, no podría expresarme de otra manera. Me he dedicado a otras cosas artísticamente y ninguna me ha llenado tanto. He pintado, escrito…, y cuando empecé con la música, me di cuenta de que me llenaba. En esa parte, me la da. Luego, también es verdad que el arte en sí, es duro, y te quita muchas energías en el sentido de que es complicadísimo vivir del arte, de la música. Pero es tan satisfactorio que me da igual. El dinero, ¿para qué, para sobrevivir? Pero lo único que me llena es crear. Si dejara de crear, dejaría de ser yo.

P: Publicar un LP (Home On High) y un EP (Trouble Man) en, más o menos, dos años, ¿ha sido una tarea fácil?

R: En el sentido económico, sacar un disco ahora es difícil. Artísticamente es fácil. Hay mucha gente que te puede echar una mano en sentido artístico. También influye cómo esté tu inspiración. Es difícil en función de cómo están las cosas, pero también puedes grabar en casa. Me costó bastante sacar el primer disco porque yo partía de cero, no había empezado la música, tocaba por ahí y no conocía a casi nadie. Vino a un concierto mío David Gwynn y me dijo que me quería producir. A partir de ahí, fue difícil porque estaba trabajando en una tienda. Ahorré dinero, poco a poco, para pagarme ese disco. A raíz de Home On High, todo ha sido muy rápido. Mi carrera ha empezado. Antes no podía considerar que me dedicara a la música, y eso que empecé como en 2010. En 2012 empezó a producirme el disco David y lo saqué en 2013. Pasó mucho tiempo. Las fechas eran muy complicadas y la grabación se alargó. Sin embargo, el EP creo que lo grabé en una semana y escribí las canciones en un mes. ¿Qué pasó? Hasta que saqué el disco y luego el EP, ya vivía de la música. Una vez estás dentro del rollo musical, estás tocando, compartes experiencias con músicos…, te sale sólo. Por otra parte, también fue porque empezaba a recoger lo sembrado. Con un poquito de dinero, me pude pagar el EP… Me costó un huevo sacar el primer disco, pero gracias a él, pude pagar el EP. Estoy satisfecha. Ha sido una carrera de fondo en poco tiempo, pero está dando sus frutos y cada vez va a más.

P: Tus dos trabajos demuestran que se puede hacer buen blues, folk y rock americano… sin haber nacido, por ejemplo, en Nashville.

R: Siempre me he planteado: ¿qué hubiera pasado si hubiera nacido en Nashville, o en Texas, o en Londres? A lo mejor no estaría haciendo esto. Te lo planteas así. A lo mejor me hubiera dado por el hip-hop. Sé que el gusto musical de mi padre tiende a Neil Young y a este gente, pero no tengo ni idea por qué tengo esta pasión tan grande por la música americana y por Bob Dylan. En mi entorno, en un principio, en la adolescencia, nada favorecía a ello. Quizá estuviera ahí desde siempre. Con siete u ocho años, mis padres tenían unos discos recopilatorios de country y me ponía siempre el mismo disco. No sé. A lo mejor hay una reencarnación (Risas).

P: Va, con perdón, la pregunta tópica: ¿qué te da el inglés?

R: Me sale más natural. El tipo de melodía que compongo está hecha para el inglés. Me cuesta encajar el castellano en este tipo de rollo. Es lo que me sale, lo que escucho a diario. También es verdad que he cantado en castellano y me gusta. Me ha salido alguna cosita mía. Pero me sale más natural así. Será por la música que oigo.

P: Antes de escucharte, me dijeron que tu música era, más o menos, muy tranquila. Prima de Russian Red, etc. Pero en tu obra hay garra (“You Treat Me Cruel”) o, incluso, mala leche (“Big Liar”).

R: Canciones mías las podría cantar un chico y no quedar… (Risas) Tengo una tendencia más vaquera, rebelde, forajida. Lo he pensado: me imagino cantando canciones de determinada gente, o a esa gente cantando mis canciones, y no pega ni con cola. Con algunos puede, pero con otros… Yo creo que, simplemente, por el hecho de ser mujer, me comparan con algunos. Quizá por el timbre…, pero no es el estilo. No van por ahí los tiros. Quizá sea la imagen: una tía con una guitarra acústica…

P: ¿Hasta qué punto, personalmente, te expones en tus canciones?

R: Me da igual exponerme. También es verdad que, muchas veces, me gusta jugar con el surrealismo o con cosas más metafóricas, pero no soy tímida a la hora de decir cosas. De hecho, a veces me gusta ser directa. Algunas canciones son más personales y directas; en otras, me apetece hacer algo más poético. Pero no tengo miedo a exponerme.

P: Y los escenarios, ¿qué te dan?

R: De todo. Desde momentos de nerviosismo que te cagas, porque soy muy tímida, a momentos mágicos. Tengo una contradicción muy grande en el directo. Pienso: “Joder, qué sensación tan rara, que lo estoy pasando fatal con la vergüenza”, pero también es donde he querido estar toda la vida.

P: El pasado martes celebramos el 75 cumpleaños de Bob Dylan. ¿Es el chico más real que has conocido?

R: Fue el detonante de todo. Antes de la música, escribía, me gustaba mucho la poesía… Había escuchado cosas de Dylan, pero no indagué bien. Entonces vi el documental de Scorsese y flipé en colores. Ese hombre tenía algo que no tenían los demás. Retomé el tema de la guitarra. Apenas tocaba, tres notas…, y aprendí sus canciones. Me di cuenta de que me salían cosas y yo creo que fue por él que escribí la primera canción, “Real Boy”. Todo por pasión, una cosa desbordadora. Empecé a indagar en el folk americano, me metí a fondo en la música y fue gracias a Bob Dylan. En esa época escuchaba a Quique González y a los Héroes del Silencio, que se acababan de juntar. Estaba en un rollo poético y, cuando se me cruzó el documental este, me cambió la vida.

P: Finalmente, Nat, ¿cuál es la próxima estación en tu ruta?

R: Estoy grabando voces para la banda sonora de una peli de Víctor Matellano, Stop over in Hell. Va a salir en octubre de este año, y meto voces en tres canciones. Al margen, estoy haciendo temas nuevos. No prometo nada, pero mi intención sería grabar a finales de este año y sacar algo el año que viene. Estoy inmersa en componer, en visualizar un poco cómo va a ser mi trabajo: cómo va a ser el sonido o quién va a producir.

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Jesús F. Úbeda

Jesús Úbeda nace en 1989 en Ciudad Real. En 2006 se traslada a Madrid, donde vive. Licenciado en Periodismo.

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