Carta para ‘Sad-Eyed Lady of the Lowlands’ en su cincuenta cumpleaños

BobDylan
Bob Dylan, 1966 | saturdayeveningpost.com

Querida ojos tristes:

Te escribo por negocio pero te escribo de verdad, a veces incluso yo sé aprovechar las oportunidades de dejar todo cerrado. Han sido y son años difíciles para gente como nosotros, tus ojos tristes ya pasan desapercibidos entre todo ese mundo de ojos desesperados y cansados, que prefieren tener miedo a estar tristes. Sigues siendo única a pesar de todo.

He estado pensando en ti mucho tiempo, mucho antes de que toda esa gente dijera que cumples cincuenta, aunque no te lo noten esos malditos buscadores de arrugas que tanto enseñan nuestras imperfecciones como trofeos; mucho antes de que aquel cantante americano te diera forma con su cajón enorme lleno de ideas propias y, por qué no, incluso de otros; mucho antes de que el joven Elston te cantara para ponerte cada vez más triste, para hacer que me pregunte por qué soy su amigo si nunca nos vamos a ver; mucho antes de nada sucediera, tú ya eras solo ojos de mirada perdida en la ventanilla de un coche y yo ya estaba pensando en ellos.

Recuerdo aquellos días escuchando Blonde on Blonde tratando de olvidar lo que había dejado detrás y lo que me venía por delante haciendo ruido y echando humo como el tren de una película. Esperando en los pasillos de sitios viejos que solo me dejaban considerar ya como futuro o yendo a Madrid a ver si, reverdeciendo toda esa jungla seca de laureles, acababa por reverdecer yo un poco, siempre estaba en mi oreja Blonde on Blonde. Todo el tiempo pensé que me gustaba más “Johanna y sus visiones” que otra cosa, incluso le ponía su cara cuando llegaba “I want you, tratando de darle algún sentido a la vida echando el ancla en esta realidad que cada vez me parece más verdadera. Por desgracia. Sonaba siempre sin descanso, pero nunca había una espera lo suficientemente desesperante, un viaje lo suficientemente largo como para que el disco, agotándose, te hiciera aparecer como la última que eras de aquella fila de personajes que ahora considero parte de mí. Eres única como para ser la última canción de un disco así.

Por eso escribo esta carta, para pedirte perdón. Perdón por no tener paciencia para dejarte saltar, libre y triste, a mis oídos. Perdón por Johanna, incluso por Ramona o Corrina que viven en otros discos que no te dejan escuchar. Perdón por pensar de adolescente que Hollis Brown era una chica con unas gafas de cristales enormes y no un granjero con una escopeta. Perdón por ser la única canción que no puedo saberme. Perdón por haber sido tan torpe.

Que seas feliz en tus ojos tristes que ojalá no dejen de serlo nunca y sigan armoniosos en tu canción, que seguro que tanto mereces. Que sean felices todas las últimas canciones de los discos, hasta las de los malos. Que sea feliz Blonde on Blonde.

Hasta siempre, “Sad-Eyed Lady of the Lowlands”, prometo dejarte empezar siempre.

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Rodrigo Pérez

Rodrigo Pérez nace en Talavera de la Reina, donde ha colaborado con distintas bandas de las que ha sido despedido fulminantemente. Estudió Biología en Salamanca y Lengua y Literatura por la UNED.

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