Alfonso André: “La primera vez ante el micrófono me sentía desnudo enfrente de la gente”

Alfonso André, cantante y baterista | Foto: Armand Torres
Alfonso André, cantante y baterista. | Foto: Armand Torres

Por la zona centro de la Ciudad de México, en la intersección de las calles Luna y Saturno, termina (o comienza, dependiendo de por dónde se llegue) el famoso Tianguis Cultural del Chopo, tradicionalmente un recinto para la reunión de diversas tribus urbanas, así como para la venta de discos, playeras estampadas, revistas e indumentaria de todo tipo. En ese cruce cósmico de calles, el pasado sábado 9 de abril, a las dos de la tarde, con el calor primaveral que tiene incandescente al D.F., estaba situado el modesto escenario en el que Alfonso André ofrecería un concierto. Aunque las condiciones técnicas del audio no eran las mejores, el público estaba entusiasmado: coreaba las canciones, hacía peticiones, lanzaba piropos al escenario y, lo que es inevitable en estos tiempos, alzaba sus teléfonos para tomar fotos y videos.

El concierto del Chopo. | Foto: Kaast Agency
El concierto del Chopo. | Foto: Kaast Agency

De negro, con una playera ad-hoc para la onda del Chopo, Alfonso André estaba de pie ante el micrófono, acompañado de los músicos, colegas de toda la vida, que lo están acompañando en esta etapa de su carrera: Federico Fong, Javier Calderón, Lari Ruiz Velasco y Chema Arreola. El set-list abarcó canciones de sus dos discos como solista, Cerro del aire (2011) y Mar rojo (2015), y tuvo momentos memorables especialmente con temas como “Puedes dejarme atrás”, “Tormenta”, “Todo temor esconde siempre algún deseo” y “La piel”.

Días después del concierto, pudimos hablar con Alfonso sobre cómo el necesario cambio y la inevitable permanencia otorgan la perspectiva para mantenerse inspirado y en movimiento. Para confirmar esto, basta echarle una mirada a su trayectoria y a sus últimos proyectos. Aunque sea por muchos sabido, no está de más recordar que Alfonso es uno de los mejores bateristas mexicanos de los últimos tiempos, miembro de bandas legendarias (Caifanes, La Barranca, Jaguares) y uno de los rockeros más queridos y respetados por el público. Con semejante senda andada, uno podría pensar que la novedad está superada. Pero Alfonso muestra que hay tiempo para todo y, más aún, para volver a pasiones que hemos dejado pendientes en el camino, tal como, en su caso, soltar la voz sobre un escenario.

Alfonso André | Foto: Armand Torres.
Alfonso André. | Foto: Armand Torres

Para Alfonso, hacer esto representó literalmente un desplazamiento: dejar el lugar resguardado que ocupan los bateristas, usualmente en el fondo del escenario, compartiendo espacio con tambores, bombos y tarolas, y pasar al frente del escenario, al micrófono, bajo el reflector central. En este desplazamiento, sin embargo, hubo cierta continuidad y permanencia de gustos originarios; el cambio estuvo en reconocer el tiempo para cada cosa. La elección inicial por la batería como instrumento estuvo determinada un poco por las circunstancias, mucho por su innegable talento, pero además, como dice Alfonso, por una “incompatibilidad” de personalidades: “tengo más personalidad de baterista que de cantante. Aunque ambas actividades me gustan mucho, estoy más cómodo detrás de mis tambores que enfrente del escenario cantando.”

Alfonso pertenece a una generación de músicos que, para muchos, marcó un antes y después de la música en México. De manera que empezar algo nuevo después de haber hecho ya lo que para muchos es el trabajo de una vida entera es un acto valiente e inspirador. Al hablar con él, nos queda claro que su proyecto como solista no intenta “superar” o dejar atrás lo hecho con sus bandas anteriores ni su papel de baterista; más bien, es un oscilar entre el cambio y la permanencia que le otorga perspectiva y un espacio creativo para no estancarse. “A mí me gusta seguir haciendo cosas nuevas. Me encantaría hacer algo nuevo también con Caifanes, pero es difícil, porque es meterse también con discos muy importantes para mucha gente. Incluso hay gente que dice que no hagamos el disco porque es casi como una blasfemia. Pero a mí me gustaría por lo menos hacerle la lucha, porque no me gustaría quedarme tocando sólo “La negra Tomasa” hasta el día que me muera.”

Javier Calderón y Alfonso André. | Foto: Grecia Monroy
Javier Calderón y Alfonso André. | Foto: Grecia Monroy

Afortunadamente, este cruce oscilante entre el cambio y la permanencia nos permite seguir disfrutando de las varias facetas de Alfonso André y especialmente de su proyecto como cantante, del cual los dos discos que hasta ahora lleva son muy afortunada muestra. Su Cerro del aire y su Mar rojo nos sitúan en el terreno de los matices de la interpretación. Cantar tiene que ver con darle materia y movimiento a palabras que yacen inmóviles en el papel. Cuando, como en las canciones que Alfonso canta, son palabras que han pasado por la mente de alguien más, hay además otros factores en juego. “Hay gente que compone sus propias canciones —dice— y creo que es más fácil interpretarlas porque son cosas que han vivido personalmente. Ser un intérprete de canciones es un poco como ser un actor. Tienes que entender lo que quiere transmitir la canción y proyectarlo a través de tu técnica y de tu instrumento.” El instrumento puede ser la voz, pero también la batería, porque en ambos casos, “estás transmitiendo, de distintas maneras, un sentimiento. El chiste es dejar que salga eso que traes adentro.”

Las letras de las canciones con las que ha trabajado Alfonso siempre han sido de un valor incuestionable: desde los textos de Saúl Hernández para Caifanes y Jaguares, hasta las letras metafóricas y profundas que Chema Arreola —nieto del escritor Juan José Arreola— ha hecho especialmente para Alfonso. Trabajar lado a lado con Chema ha sido una ventaja, porque le ha permitido que puedan discutir “de qué queremos que hable la canción. Si de repente hay una frase que no me gusta, que no estoy de acuerdo con lo que dice o que me siento incómodo cantándola, pues la cambiamos. Eso es bueno, porque escribe para mí las canciones, entonces es más fácil interpretarlas.”

Pero entre interpretar una canción en el estudio de grabación e interpretarla en un escenario hay una distancia que para Alfonso comenzó a abreviarse desde sus tiempos con Jaguares, y que está terminando de resolverse en sus últimos conciertos. “La primera vez que me tuve que parar enfrente fue en un concierto de Jaguares. Saúl [Hernández] estaba muy mal de la garganta y me pidió: “hoy en la noche canta tú «Miércoles de ceniza»”. Como la mitad de la canción me la pasaba sentado porque hay una caja de ritmos, le dije que sí. La primera vez fue un shock; me sentía desnudo ahí enfrente de la gente. Pero al público le gustó y a nosotros también nos pareció que estaba padre dentro del show que me pasara de repente enfrente, por lo que se quedó como parte del concierto durante muchos años. Cada vez lo sufría menos y lo disfrutaba más. Eso fue un buen entrenamiento para cuando saqué mi primer disco. Ahora, cada vez lo siento más natural. Pero sí ha sido un proceso difícil, porque no soy una persona muy extrovertida. Además, todavía creo que me faltan tablas, pero no tengo prisa: estoy disfrutando lo que es, como es, al momento que es.

Alfonso es muy querido por el público. | Foto: Kaast Agency
Alfonso es muy querido por el público. | Foto: Kaast Agency

Los que ya conocemos la música de Alfonso André también lo estamos disfrutando mucho. Sus geografías musicales, su Cerro del aire y su Mar rojo, están ahí para los que aún no se adentran al viaje y también para los que ya lo han caminado varias veces. Además, la gira de presentaciones andará por varias ciudades de México toda esta primer mitad del año.

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