“Conductores suicidas”: la joya que Sabina le dedicó a Manolo Tena

Manolo Tena y Joaquín Sabina | Archivo
Manolo Tena y Joaquín Sabina | Archivo

La mitificación del artista drogata siempre me pareció cosa romántica y fácil. Quienes me gustan son los supervivientes, los que sobreviven al Averno. En este sentido, comulgo con lo que, hace unos años, escribió el compadre Igor Paskual a propósito de Antonio Vega y Enrique Urquijo: “Lo que el público desconoce es que Antonio y Enrique, como buenos señoritos, siempre tenían a alguien cercano que se ocupaba de limpiarles la mierda, hacerles la compra, pagar las facturas, protegerles de los golpes y, sobre todo, de poner los cojones que a ellos les faltaban. Chicos de ayer”.

Manolo Tena, muerto este lunes en Madrid a los 64 años, tenía tatuado en su antebrazo “Sobrevivir”. Con caracteres japoneses. El músico extremeño acababa de romper un silencio abismal y oscuro, que había durado siete años, con un álbum –Casualidades-, un documental –Manolo Tena: un extraño en el paraíso, de TVE- y hasta la participación en un programa de laSexta –A mi manera-. En el citado reportaje del canal público, afirmó haber “estado peor que muerto”: “Para mí, la adicción es una enfermedad y yo tengo una enfermedad, soy un adicto. (…) La adicción es una enfermedad obsesiva, compulsiva, que te lleva a meterte aunque sepas que te estás matando”.

La mitificación del artista drogata, que decía antes. En este sentido, yo me quedo, por ejemplo, antes con Bowie, que se liberó de la toxicomanía y, tras ello, publicó Low –sin duda, uno de los discos más influyentes en la historia del rock-, antes que con Kurt Cobain y su tiro en la cabeza, pese a la literatura generada. Manolo Tena, tras enésimas crisis y recuperaciones, caídas y recaídas, le echó pelotas, plantó cara y, siendo consciente de su “enfermedad”, escogió vivir. Según declaró en una entrevista concedida a El Mundo: “Soy libre de elegir si me tomo una cerveza o no. Pero cuando estás en consumo activo, no eres dueño de ti. Para mantener este estado de calma tienes que estar muy atento. Yo hago meditación y terapia para mantener el estado de serenidad que necesito, porque la enfermedad quiere hacerte recaer… Yo casi me he matado, porque es lo que quiere mi enfermedad”.

Al autor de canciones como “Frío” o “Quiero beber y no olvidar” le echaron un capote no pocos amigos. Aquí destaco esa “palmadita en el hombro” en formato de blues-rockero –o al revés- que le brindó Joaquín Sabina en uno de sus mejores discos, Física y química (1992): “Conductores suicidas”. En ella, el cantautor habla sobre un tipo que sabía “hacer turismo al borde del abismo”, que ya ha sobrepasado el límite, que ha acabo en un “callejón sin salida”, que no se deja ayudar por los amigos –“muerta la amistad sabe igual que el fracaso”.

Según contó el propio Tena en A mi manera:

“Joaquín fue recopilando una serie de anécdotas y las convirtió en canción. A mí, Joaquín me ha llegado a coger en un bar y decirme: ‘Tú te vas a tu casa’. Y sacarme, meterme en un taxi y llevarme a mi casa. A la tercera vez que me lo dijo, entendí que yo no debí estar demasiado bien. Siempre me ha cuidado un poco. (…) Cuando dice ‘tú que eras un experto en el difícil arte / de no mojarte bajo un chaparrón’, el día de los Rolling Stones empezó a llover y todo el mundo se puso de agua hasta las cejas. Pues yo me quité la camiseta, la plegué, me la puse aquí –en la cintura-, y cuando se terminó la tormenta, yo tenía la camiseta seca”.

Por su parte, Sabina dijo en Perdonen la tristeza (Javier Menéndez Flores, Plaza y Janés, 2001) sobre la pieza: “Es absolutamente real, dedicada a un amigo, excepto que está todo exagerado. Es decir, que ese amigo mío ni se va a morir mañana ni es un chapero”. En la misma obra, comenta que se reconciliaron años después: “Lo que más me jode es haber perdido a un digno enemigo”. Los doctores en marujeo contaban que, entonces, Tena y Sabina se enfadaron porque el primero tuvo un lío amoroso con una ex del segundo. Nos fiamos más de los testimonios primarios.

En fin, lloramos la muerte de un grande que decidió vivir y volver. Descanse en paz Manolo Tena. Arriba su arte.

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Jesús F. Úbeda

Jesús Úbeda nace en 1989 en Ciudad Real. En 2006 se traslada a Madrid, donde vive. Licenciado en Periodismo.

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