Calamaro crucificado en el Calvario virtual

Andrés Calamaro | calamaro.com
Andrés Calamaro | calamaro.com

En las redes sociales, la gentuza, la chusma, el lumpenproletariado ético y cultural recibe el nombre de haters, que suena más desnatado, sajón y moderno. Raúl del Pozo sospecha que, en algunos casos, al mando de estos talibanes virtuales siempre hay un general, y me dice que un buen reportaje consistiría en investigar, en sumergirse en este submundo de demonios binarios y canes Cerberos de ladridos virales y víricos en 140 caracteres.

Pese a que ya ha pasado el período semanasantero de crucifixiones, algunos de estos espíritus del Averno no han saciado aún su sed de sangre y se empeñan en descuartizar, por ejemplo, a Andrés Calamaro. El artista acaba de publicar un disco inesperado y delicioso, Romaphonic Sessions (Grabaciones encontradas vol. 3). Grabado junto al pianista Germán Wiedemer, está compuesto por diez canciones interpretadas –composiciones propias (“Mi enfermedad” o “Paloma”) o de terceros (“Nueza zamba de mi tierra” o “Milonga del trovador”)- con sutileza, pasadas por un filtro crepuscular y solemne. El argentino se reivindica como cantor desde el ensayo, la intimidad y la elegancia. Y ya conocemos las fechas de una gira, “Licencia para Cantar”, que arrancará el 7 de mayo en Logroño y concluirá en Calella de Palafrugell el 3 de julio –en Madrid actúa el 30 de junio, en el Teatro Circo Price (pronunciado “Prais” por los hipsters).

Pero, ah, amigos, resulta que Calamaro cae mal a la comunidad progre, a la jauría feroz y ruidosa de las redes sociales. Por su reivindicación de la tauromaquia. Por atizar con su verbo a los animalistas. Por no aceptar lecciones de la nueva izquierda y desconfiar de los caudillos posmodernos. Por declararse enemigo acérrimo de lo políticamente correcto, etc.

Ahora cargan contra el autor de –agárrense los machos- canciones como “Carnaval de Brasil”, “Flaca” o “Sin documentos” por hacer versiones; cuando en 2013 publicó Bohemio, un trabajo notable, por no tener el alma de Honestidad Brutal, como si un músico debiera vivir en el constante estancamiento. Incluso, en El Confidencial, afirman que, en los conciertos, al cantante se le ha ido “la mano con la dosis”.

Nunca llueve (napalm) a gusto del hater de AC.

En mi opinión –arriba la subjetividad; acepto discrepancias-, el, por llamarlo de algún modo, Calamaro-del-On-the-Rock no es el mejor Calamaro. Sobre los directos de esta época, él mismo me dijo: “Mi anterior gira por España fue desigual, no me importa confesar que estaba experimentando con sustancias psicodélicas y tequila, una franja importante de la población lo hace todos los fines de semana”. Pero el Calamaro-Bohemio (y post-Bohemio) se reivindica como un macho alfa de la canción popular y rockera en español, publicando grandes canciones, cantando mejor que nunca y ofreciendo shows poderosísimos. Con regularidad, nivel y libertad –y no sólo en el ecosistema musical, sino en el literario (Paracaídas y vueltas) y el periodístico (terceras en ABC). El que odia a Calamaro esto no lo ve ni lo quiere ver, pasa de los argumentos artísticos, y se enrosca en los puntos antes citados (toros, animalistas, Podemos…).

En definitiva, nos encontramos con la siguiente fórmula matemática:

A (Comunicación de un pensamiento propio y libre) + B (Prodigalidad creativa y artística) = C (Envidia, linchamiento y mala leche, caracteres propios del ADN español).

¿Lo mejor de todo esto? Pese a las crucifixiones, Andrés siempre resucita. Ahí lo seguimos teniendo.

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Jesús F. Úbeda

Jesús Úbeda nace en 1989 en Ciudad Real. En 2006 se traslada a Madrid, donde vive. Licenciado en Periodismo.

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