Bruce Springsteen, el terror y el milagro imposible

Bruce Springsteen, en un concierto en Leeds en 2013 | Flickr: @kokalola
Bruce Springsteen, en un concierto en Leeds en 2013 | Flickr: @kokalola

Bruce Springsteen publicó The Rising, su duodécimo álbum de estudio, en julio de 2002, o sea, diez meses después de que se perpetraran los terribles ataques terroristas del 11-S. El eje sobre el que orbita la temática del disco, de hecho, son los citados atentados, y el mérito del artista reside en que aborda el tema: primero, con una calidad musical y poética bestial; segundo, sin rastro alguno de nacionalismo, populismo o revanchismo, y tercero, con una labor periodística increíble: The Boss habló con víctimas, investigó historias particulares y ofreció un altavoz elegante, rockero y auténtico a la gente que sufrió de verdad –y no sólo como pavoneo ‘tuitero’- la tragedia.

No exagero cuando digo que piezas como “Lonesome Day”, “Into the Fire”, “Nothing Man” o “The Rising” se encuentran entre lo mejorcito del cancionero de Springsteen mas, si tuviera que quedarme con un tema del álbum, elegiría “Countin’ on a Miracle”. Por su energía, su potencia emotiva, su valentía. En esta canción, el músico habla desde la perspectiva de un familiar víctima de los atentados del 11-S. Sabe que su chica se encontraba en el lugar del ataque, no tiene noticias de ella, se teme lo peor, pero no arroja la toalla, no pierde el ánimo agarrándose a la fe, a la superstición –“No creo en la magia / pero por ti lo haré”-, a lo que sea: “Si debo ser un loco, / seré un loco, cariño, por ti”.

Springsteen nos canta un cuento real y trágico, amante, desesperado y, a la vez, agarrado a lo trascendental, a lo único que queda ante un escenario así: la intervención divina:

I’m counting on a miracle
Baby, I’m counting on a miracle
Darling, I’m counting on a miracle
To come through.

Conforme avanza la canción, el relato se hace más sombrío y resignado. El yo poético sabe que el lobo le pisa los talones, que su “reino se perdió a media noche”: “No tuvimos ningún final de cuento, en las manos de Dios termina nuestro destino”. Sin embargo, pese a la conclusión fatal, encuentra un motivo para seguir adelante: “Si voy a vivir, viviré mi vida, cariño, por ti”.

Cuando escribo estas líneas, según las autoridades belgas, el número de víctimas mortales en los atentados yihadistas de Bruselas asciende a 30; el de heridos, a 187. Van nuestros abrazos, nuestra solidaridad y nuestra condena a la barbarie.

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Jesús F. Úbeda

Jesús Úbeda nace en 1989 en Ciudad Real. En 2006 se traslada a Madrid, donde vive. Licenciado en Periodismo.

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