Recordando a Leopoldo María Panero: a más de 10 años de la audacia de musicalizar sus poemas

Leopoldo María Panero, de joven.
Leopoldo María Panero, de joven.

La tarde del pasado viernes 11 de marzo, el recinto El Círculo Teatral en la Ciudad de México, se convirtió en el espacio para la evocación de un personaje de misterio y atracción inagotable: el poeta español Leopoldo María Panero, quien es conocido tanto por sus versos densos de decadencia como por su historia de vida, marcada especialmente por haber pasado sus últimos años en un hospital psiquiátrico.

La evocación se hizo a propósito de que, hace poco más de 10 años, los versos de Panero cruzaron no sólo el umbral de su supuesta locura, sino también el de la palabra escrita, pues tomaron cuerpo en las voces de dos rockeros, un periodista y un cineasta: Carlos Ann, Enrique Bunbury, Bruno Galindo y José María Ponce. Fue Carlos Ann quien, en 2004, pudo concretar la iniciativa —que le había nacido desde 2001— de este proyecto y quien estuvo presente, en esta ocasión, en la remembranza del mismo.

Ann compartió mesa con José Luis Paredes Pacho, director del Museo Universitario del Chopo y quien, en 2006, estaba a cargo de la plataforma “Poesía en voz alta”, la cual fue el espacio para la presentación en México del mencionado proyecto poético-musical de Ann. También estuvo en la mesa el poeta y periodista Carlos Martínez Rentería. Al tomar la palabra, el rockero español, quien al día siguiente ofrecería un concierto en el marco del festival Puente Elástico, narró cómo su fascinación por la obra y figura de Panero dio pie a la grabación de un CD doble con 30 canciones en total, así como a un concierto en Barcelona que fue reproducido luego en DVD. Físicamente, estos materiales son joyas raras y, a estas alturas, inconseguibles; más aún en territorio mexicano. De ahí que la proyección por entero del concierto, que siguió a la mesa de presentación, resultara una estimulante novedad para muchos de los ahí presentes.

Paredes Pacho, la moderadora, Ann y Martínez Rentería. | Grecia Monroy
Paredes Pacho, la moderadora, Ann y Martínez Rentería, el pasado viernes 11. | Grecia Monroy

Pensar retrospectivamente un proyecto como el emprendido por Carlos Ann permite colocar una vez más sobre la mesa el tema de las relaciones entre la música y la literatura que, aunque podría parecer una cuestión superada, ofrece aún mucho para reflexionar y experimentar, pues no hay un único modo en el que estos dos campos artísticos interactúan. Ann señaló esto a propósito de que, cuando tuvo la idea de musicalizar los poemas, quería alejarse de ciertos modelos tradicionales: “en España, cuando se había adaptado algún poema a música, se hacía con un estilo como de cantautor. No me atraía eso para nada; me parecía fuera de la época. Quise hacer algo más electrónico, pero también con instrumentos orgánicos. Quería que la música no tuviera estructuras claras, sino que la estructura la llevara la palabra de Panero y que lo otro se fuera adaptando; como si fuera más flexible la música que la palabra. La palabra me parecía estática y la música tenía que ser muy adaptable, muy flexible.”

Por cierto que Ann llevó también esta experimentación musical, esta vez acompañado de Mariona Aupí, a los terrenos de otro poeta: el argentino Juan Gelman. De eso salió también un disco, el cual fue grabado en México. Para Ann, lo único más alucinante que la obra de Gelman, es la persona de Gelman en sí, a quien tuvo la suerte de conocer y gracias a quien, además de Panero, el cantante puede decir que: “tuve la suerte de estar con dos de los grandes de la poesía de los últimos años.”

Carlos Ann, Juan Gelman y Mariona Aupí
Carlos Ann, Juan Gelman y Mariona Aupí.

Volviendo a Panero, Ann recordó que, cuando el disco salió a la venta, no gustó a nadie. Panero resultaba una figura incómoda para todos: para izquierdas y derechas por igual. Como ha ocurrido a lo largo de la historia de la humanidad —y como apasionadamente lo registró Raymond Queneau en su ya clásico libro En los confines de las tinieblas. Los locos literariosla locura muchas veces ha sido una categoría clínica encubierta que se ha usado, con fines historiográficos y políticos, para marginar lo que no encaja en cierto modelo establecido. Ann considera que esto ocurrió con Panero quien, en su opinión, no estaba loco, sino que solamente era una persona incómoda. El rockero cree que el poeta tuvo claro, desde muy joven, el personaje que quiso ser y, en ese sentido, se destruyó victoriosamente.

El proyecto de Carlos Ann con Leopoldo María Panero fue artístico y musical, pero también vital. Por ello, fue a la vez un camino maravilloso y destructivo, tanto durante su realización como después: “al acabar el disco, me tuve que desintoxicar de la obra de Panero y tardé mucho tiempo. Luego, tuve la resaca: no podía escuchar nada de él. Después, con la distancia adecuada, que es el mejor de los aliados cuando acabas una obra artística, le pillé mucho cariño y la relación fue muy bonita, hasta el final de sus días.”

Leopoldo María Panero y Carlos Ann. | Escena del documental Un día con Panero
Leopoldo María Panero y Carlos Ann. | Escena del documental Un día con Panero

Enmarcada en las palabras retrospectivas de Carlos Ann, la proyección del concierto en el que se presentaron las versiones musicalizadas de los poemas de Panero, así como del breve documental del backstage, resultó bien situada. Así, se puede comprender mejor la relación, quizás inusual para nosotros, de ver a los ídolos frente a otro ídolo: el respeto y la irresistible atracción que Bunbury, Ann, Galindo y Ponce parecían sentir por Panero, lo cual se ve en la intensidad con la que enunciaron sus textos ante el micrófono, así como en la manera en que interactuaban con él. Asimismo, resulta evidente que el concierto tenía que ser como fue y no de otra manera: en un recinto donde las butacas fueron sustituidas por colchones y sillones para que las personas pudieran estar cómodamente acostadas, degustando manjares, bebiendo y fumando mientras escuchaban poemas sobre la muerte de Dios, el sexo, las drogas, el acto poético, las monjas ateas, el rock and roll… El escenario también era particular: los cuatro participantes estaban sentados alrededor de una pequeña mesa, poniéndose alternativamente de pie para pasar el micrófono; en la mesa, estaban acompañados por el mismo Panero, quien también tomó el micrófono para recitar sus propios textos.

Leopoldo María Panero, Carlos Ann y Enrique Bunbury. | Escena del documental Un día con Panero
Leopoldo María Panero, Carlos Ann y Enrique Bunbury. | Escena del documental Un día con Panero

Esta mirada retrospectiva del proceso de musicalización, desde la escena musical del rock, de los textos de Leopoldo María Panero resultó inspiradora por si alguna vez hemos llegado a pensar la torpeza de que la literatura o la música están agotadas: jamás lo estarán mientras haya diálogo entre ellas y personas que se atrevan a experimentarlo. Hay mucho por hacer y muchos poetas nuestros a los que leer. Hay que conocerlos, pero también buscar nuevos modos de leerlos y de decirlos porque, como nos dejó dicho el mismo Panero, en un verso infinitamente recíproco y reversible: «Lo que soy yo sólo lo sabe el verso que va a morir en tus labios.»

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