Christina Rosenvinge: “No hay que esconder la dulzura, es una parte que te hace más fuerte”

Christina Rosenvinge en el Foro Indie Rocks | Miguel Angel Huicochea/ContraCultura
Christina Rosenvinge en el Foro Indie Rocks. | Miguel Angel Huicochea/ContraCultura

La semana pasada, Christina Rosenvinge estuvo en la Ciudad de México, tras una ausencia de los escenarios de este país de casi seis años. Con actividades que incluyeron dos conciertos, firma de autógrafos e incluso la presentación de un libro que es una especie de biografía-musical-periodística, la cantautora madrileña saldó más que bien la deuda que tenía con sus seguidores mexicanos. En este contexto, tuvimos la oportunidad de platicar con ella, así como de presenciar los dos conciertos que ofreció: el primero en el Foro Indie Rocks (5 de marzo); el segundo en el Centro Cultural España (8 de marzo).

Ambos shows fueron estupendos y muy similares en cuanto al repertorio. El primero de ellos nos dio pretexto para conversar con Christina sobre cómo se sintió al tocar con una banda rock completa en el escenario, a diferencia de otros momentos en los que sólo ha estado presente ella y su guitarra. Nos dijo: “ha sido una cosa muy buena porque, después del último disco, hice una gira mucho más intimista donde toqué con una especie de trío acústico con chelo y con otro guitarrista. Cuando acabé, me di cuenta de que echaba mucho de menos tener una banda de rock otra vez, así que empecé a escribir canciones para sonar furiosa y conseguir subir el nivel de energía en el escenario. Es muy estimulante y muy rejuvenecedor hacer esto”. Para los que estuvimos en el concierto, también fue sumamente estimulante escuchar las nuevas y viejas canciones con arreglos novedosos en los que la guitarra eléctrica tenía un lugar principal.

El Foro Indie Rocks estuvo repleto y entre el público pudimos ver al mismo Carlos Ann, quien también estaba de visita en México para presentarse en el festival Puente Elástico. El encargado de abrir el concierto fue Amaro Ferreiro, quien presentó varias canciones —“Experto en tropezar” y “Trueno y relámpago”, entre otras— de lo que será su próximo álbum, Biólogo, y quien también deleitó al público al invitar al escenario a su hermano, Iván Ferreiro, para interpretar un par de clásicos —“S.P.N.B” y “Turnedo”— que fueron coreados ampliamente por el público.

Amaro Ferreiro abriendo el concierto de Christina Rosenvinge | Miguel Angel Huicochea/ContraCultura
Amaro Ferreiro abriendo el concierto de Christina Rosenvinge. | Miguel Angel Huicochea/ContraCultura

Poco después de que los Ferreiro se despidieran, salieron los tres jóvenes músicos que acompañan a Christina Rosenvinge en el escenario y, finalmente, salió ella misma: sonriente, con su característica rubia cabellera al aire, vestida de negro y armada con una guitarra eléctrica. Sonó la introducción musical de la advertencia que es “Alguien tendrá la culpa”, gran canción de Lo nuestro, su último disco y el cual estaba presentando en esta ocasión. Éste sería el inicio del recorrido que pasaría, en total, por 22 canciones básicamente de sus tres últimos discos: Tu labio superior (2008), La joven Dolores (2011) y Lo nuestro (2015). Esta trilogía colmó al show de intensidad e hizo oscilar al público por diversos estados de ánimo: desde la trágico-cómica “Anoche (el puñal y la memoria)”, pasando por la hermosa, clásica y muy coreada “Canción del Eco”, hasta la metafóricamente reivindicadora “La tejedora”. Si tuviéramos que señalar una de las muchas cualidades de la música de Christina Rosenvinge, diríamos que es la variedad lírica de las canciones: en un mismo disco encontramos muchos temas tratados y ella puede moverse con facilidad de un tono poético amoroso en el que confiesa que “Tu boca es mi perdición”, a un tono narrativo donde habla de la vida de Nikola Tesla, como ocurre en “Pobre Nicolás.”

Otra cualidad atractiva, sin duda, es la relación entre la música y la letra, en la cual no hay siempre correspondencia unívoca, sino un juego que, ella nos comenta, es un poco como lo que sucede en el buen arte de la cocina: “si estuviéramos hablando de cocina, te diría que es que cuando juntas ingredientes tienes que buscar extremos. La música o el arte se fabrican de la misma manera. No puedes poner todo en el mismo lado de la balanza porque, entonces, pierdes el equilibrio. Busco la oscuridad en el sonido de la música porque para mí es una manera de transmitir esa vitalidad telúrica que tiene la tierra. Mis letras son muy líricas, tienen palabras de un lenguaje muy poético; utilizan muchas metáforas, a veces, metáforas que hablan de rosas, de la naturaleza, de mariposas… Entonces, mezclo mariposas con muerte y lo que transmite, al final de todo, es pasión; una especie de deseo por la vida”. El humor es otro de los ingredientes que ella añade a sus composiciones, el cual, además de a una cuestión de estilo, responde a una postura vital: “mi familia es danesa, del norte de Europa, y ahí la gente se toma todo más a pecho. Y si hay algo que he aprendido del espíritu de los latinos, y que he absorbido, es que lo más terrible, lo más trágico de la vida, se puede asimilar gracias al humor. Nunca se debe perder el humor ni el humor respecto a uno mismo. Tienes que ser consciente de que tienes momentos ridículos, de tu debilidad y tienes que tener la capacidad de reírte de ti mismo. Si no la vida es invivible, realmente.”

Christina Rosenvinge ofreciendo un gran concierto | Miguel Angel Huicochea/ContraCultura
Christina Rosenvinge ofreció un gran concierto. | Miguel Angel Huicochea/ContraCultura

Uno de los puntos más intensos y enérgicos del concierto lo ocuparon dos de las canciones más representativas de Lo nuestro: “La muy puta” y “La tejedora”. Cada una de estas canciones, a su modo particular, están inevitablemente situadas en algo que podríamos llamar un modo de ser mujer. Para quienes crean que estamos por defender algún lugar común sobre la reivindicación de la música hecha por mujeres, se equivocan. Estas dos canciones son, simplemente, dos expresiones contundentes y muy bien logradas de lo que el talento musical y un bien y creativamente asumido lugar de enunciación pueden lograr. Al cantar “La muy puta”, Christina encarna al desafiante personaje en el escenario: ella va a llegar tarde a su propio funeral. Según explica antes de dar inicio a la canción, esta pieza está basada en una teoría suya sobre la impuntualidad como acumulación de tiempo y de vida. “Quizás así no mueras nunca”, aventura. La canción habla de la vida a través de la muerte y lo hace mediante un riff al más estilo rock. “La tejedora” tiene también una letra vital, aunque menos narrativa y mucho más poética, metafórica e, incluso, críptica; la música y la forma en que Rosenvinge suelta la voz se acerca más a esa “fuerza telúrica” de la que nos habló, así como a un impulso primitivo expresado en los ritmos de la batería y el canto fuerte, cercano por momentos al alarido.

Christina Rosenvinge en su visita a la Ciudad de México | Grecia Monroy
Christina Rosenvinge en su visita a la Ciudad de México. | Grecia Monroy

Inmediatamente después de estas canciones, Christina nos lleva a otro momento del concierto, marcado por el tono amoroso: ya sea nostálgico, como en “Animales vertebrados”, o sugerentemente erótico, como en “Negro cinturón”. Esto es muestra de algo que Christina cree y pone en práctica como parte de la reivindicación de lo que significa ser mujer: “cuando las mujeres reivindicamos nuestro valor, también tenemos que reivindicarnos desde los aspectos más puramente femeninos. Es decir, tener una voz fina, un físico delicado o dominar lenguajes femeninos, como es la costura, no quiere decir que tu espíritu no sea fiero. Creo que no hay que esconder la dulzura; es una parte que te hace más fuerte, no más débil. Hay que exponer también todo esto. Lo que sí creo que hay que buscar es ser genuino.”

Este momento estaba ya cercano a marcar el cierre del show, pero Christina prolongó el final saliendo y volviendo al escenario tres ocasiones. Ella dijo que podría estar toda la noche tocando para nosotros y seguramente nosotros podríamos haber amanecido envueltos en sus canciones, pero no fue eso lo que pasó. El concierto terminó, pero nos queda la promesa de un nuevo álbum del cual ella, según nos comentó, ha escrito ya algunas canciones. Nos queda además la lección, encarnada no sólo en sus canciones, sino en el modo mismo en el que ha llevado su carrera artística, de no pasar mucho rato justificando lo que queremos hacer, sino simplemente hacerlo: “los prejuicios están ahí y todos los sufrimos, pero creo que no tienes que estar en pie de guerra constantemente contra ellos, porque eso te impide hacer lo que realmente quieres. Si todo el rato estás en una postura feminista muy reivindicativa, siempre te estás peleando y, al final, no puedes hacer lo que realmente quieres hacer porque estás explicando todo el rato tu derecho a hacerlo. Mi posición es que te tienes que imponer sobre lo prejuicios. No hay que entretenerse en discutirlos: directamente hay que apartarlos e imponerse. Al final, la insistencia y el que des por hecho que tienes el derecho a hacerlo y ni siquiera lo reclames es lo que lo hace tuyo.”

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