Entre libros y canciones: algunos intertextos en Nacho Vegas

Nacho Vegas | Pablo Zamora
Nacho Vegas | Pablo Zamora

Entre libros y canciones un día pensé
que tal vez el tiempo se podría detener.

 

(Grecia Monroy y Denisse Gotlib.) No hay una fórmula única para la intertextualidad. ¿Cómo va a haberla si ya se murmura la posibilidad de que toda la historia de nuestra literatura (¡de nuestro pensamiento, incluso!) está fundamentada en este recurso. ¿No es la intertextualidad, al final de cuentas, una palabra más elegante para hablar de la conversación eterna que sostienen las palabras entre sí?

Lo que es interesante, claro, es indagar cómo ciertos personajes la asumen y ejercen. Éste es un tema que tiene mucho que ofrecer aterrizado en el terreno de las relaciones del rock con la literatura. A este respecto, hay casos más evidentes que otros; entre ellos, el de Nacho Vegas, quien más de una vez ha hablado explícitamente de las relaciones entre su música y los textos literarios.

Como algunos otros cantautores, Vegas ha dicho que no le quiere cargar mucho la mano a las influencias literarias en las canciones, porque el germen de la canción se puede encontrar también en una conversación o en cualquier otro lugar. Sin embargo, sus coincidencias literarias y artísticas —cinematográficas, musicales— lo colocan en un mapa de gustos e intereses al que podemos aproximarnos mediante la conversación colectiva que es la intertextualidad.

Así pues, aquí van algunas de las “coincidencias artísticas” que hemos encontrado en las canciones de Nacho Vegas. Muchas de éstas seguramente servirán más de recopilación que de descubrimiento, pero quizás haya alguna que otra sorpresa…

 

“La pena o la nada”

Esta canción del disco que Nacho Vegas grabó junto con Enrique Bunbury, El tiempo de las cerezas (2006), tiene una de las referencias más conocidas, en el verso de su estribillo: “Entre el dolor y la nada elegí el dolor.” Esa frase que Vegas repite y que Bunbury corea, hace eco, a su vez, de la última oración de un párrafo memorable de la novela Las palmeras salvajes (1934) de William Faulkner. Curiosamente, antes de Vegas, esta misma frase había sido reelaborada en la primer película de Jean-Luc Godard, Sin aliento (1960), en un diálogo en el que un cambio de elementos sintácticos sí que alteró el resultado: “Entre la pena y la nada, yo elijo… la nada”.

En esta misma canción se esconden otras dos referencias intertextuales, no literarias, también conocidas por muchos. Canta Vegas:

Y en tu mirada mojada
vi que rezabas por mi alma,
oh, señor…
Y te vi llorar, un río a cada lado
de tu rostro sin desmaquillar,
como la propia Katy Jurado,
con las nubes negras detrás,
como el negro escuchando a Van Zandt cantar
“Waitin’ around to die”, como Juana de Arco al arder,
como el santo a punto de perder la fe,
hoy te vi llorar.

La mención a Katy Jurado refiere a una escena de la película Pat Garrett & Billy the Kid, en la que el personaje que interpreta esta actriz mexicana, la esposa del sheriff Colin Baker, comienza a llorar desesperadamente, con un fondo de nubes grises, cuando se da cuenta de que a su esposo lo han herido de muerte en la balacera que acaba de acontecer. Como dato adicional: dicha película es famosa también por las canciones que Bob Dylan, quien también actúa, compuso para la misma, entre ellas, nada más y nada menos, “Knockin’ on heaven’s door”, la cual suena mientras Katy Jurado llora.

 (min. 2:40)

La otra referencia, la del hombre negro escuchando a Van Zandt, es también audiovisual. Es sabido el cariño que Vegas siente por las canciones del mítico cantautor texano de folk y country. Sin embargo, en la canción citada, “Waitin’ around to die”, no hay ninguna referencia a un hombre negro que llora. Vegas se refiere más bien a un fragmento conmovedor del documental Heartworn Highway, de James Szalapski, en el que aparece Van Zandt cantando, acompañado de dos personas: una mujer y un hombre negro que, incapaz de contenerse al escuchar la poderosa canción, se suelta a llorar.

https://www.youtube.com/watch?v=KxPQfx6UWiA[/youtube</span></p> <p style="text-align: center"><span style="font-weight: 400">(min. 1:35)</span></p> <p><b>“Secretos y mentiras”</b></p> <p><span style="font-weight: 400">También del colaborativo </span><i><span style="font-weight: 400">El tiempo de las cerezas</span></i><span style="font-weight: 400"> proviene la canción que lleva el mismo título que una película del director <strong>Mike Leigh</strong>: </span><i><span style="font-weight: 400">Secretos y mentiras</span></i><span style="font-weight: 400"> (1996). Esta relación es fácil de adivinar tanto por la evidente coincidencia de palabras, como porque el mismo Vegas ha mostrado su admiración por el director británico, haciéndole incluso un concierto-homenaje en 2013.</span></p> [youtube]https://www.youtube.com/watch?v=7TaOXiE4XEM

 

“Autoayuda”

La rasposa y dolida “Autoayuda”, del Desaparezca aquí (2005), titulada así en tono irónico, bien puede tener todas las influencias del mundo… o ninguna: es decir, está en el cauce de cualquier obra que hable sobre el despecho y sobre el egoísmo de creer que “como nosotros no hay nadie”. Sin embargo, una influencia concreta podría ser, usted juzgará, la canción “Qué pena”, del milonguero y candombero uruguayo Alfredo Zitarrosa, que canta:

Dónde andarás
a quién odiarás,
[…]
Quién te querrá
pregunto quién serás
la que yo conocía,
no ha existido jamás.
[…]
Quién te querrá
pregunto quién serás
[…]
Qué pensarás
a quién le dirás
que conmigo podías
perdonarte y llorar.

La de Vegas dice, perpetuando estas preguntas indispensables del despecho:

¿Y adónde irás, qué es lo que harás, cuando no esté yo?
¿Quién por aquí que mire por ti cuando falte yo?
[…]
¿Y quién entre esos que ahora te adulan
y que hablan bien de ti,
quién permanecerá por aquí para verte caer?

 

“Baby Cat Face”

La canción “Baby Cat Face”, del EP Seis canciones desde el norte (2006), es, al parecer, una versión acústica de la novela del mismo nombre del escritor estadounidense Barry Gifford, la cual cuenta la historia de una mujer que lucha por sobrevivir en Nueva Orleans. La canción sustrae y condensa los momentos más importantes de la narración, de principio a fin.

Por cierto, Vegas comienza esta pieza aludiendo a otro famoso personaje femenino de su repertorio: “Ya conocéis a Miss Carrusel”, en referencia a su versión en español de “Fare thee well Miss Carousel”, del ya mencionado Townes Van Zandt.

 

“Me he perdido”, “Lole y Bolan (un amor teórico)”, “La magnitud de la tragedia” y otros guiños intertextuales con Christina Rosenvinge

Ahora, si se nos permite la libertad, queremos rematar este brevísimo recuento con algo que podríamos llamar intertextualidad del erotismo. Ya dijimos al principio que Vegas, como otros cantautores, encuentra la materia prima de una canción en cualquier lugar: desde los más mundanos a los más íntimos. Entre estos últimos, la interlocución proveniente del romance. Claro, esta intertextualidad es poco certera, del mismo modo que no es certera la flecha del erotismo; pueden ser ingenuas y excesivas las asociaciones de palabras, pero… ¿cómo negar que entre Nacho Vegas y Christina Rosenvinge, ambos excelentes cantautores, hay un evidente juego de ir y venir de palabras?

Uno de los más evidentes es aquel “Entonces hice «¡chas!» y aparecí a tu lado”, del tema “Me he perdido”, de su compartido disco Verano fatal (2007); este verso conversa con una Christina del pasado cantando, a finales de los ochentas, aún con su proyecto Alex y Christina, el tema “¡Chas! y aparezco a tu lado”. Otro más: la imagen metafórica y corporal de la campanilla. Nacho confiesa en “Lole y Bolan (un amor teórico)”, de El manifiesto desastre (2008): “O si te digo, amor, se pone mucho mejor cada vez que te oigo cantar, que hace tin tu campanilla: tin, tin, tin” y para Christina ese “tin” es delatador: “Y me enciendo como una cerilla / y hace tin mi campanilla / cuando me rozas con la hebilla / de tu negro cinturón.”

No sólo palabras, sino tópicos en común, es lo que encontramos entre “La magnitud de la tragedia” de Vegas y “No lloro por ti” de Rosenvinge. En ambos casos, los cantantes se niegan a llorar por lo que deben y prefieren hacerlo por cualquier otra causa perdida de este mundo cruel.

Dejamos para el final la menos comprobable y acaso mundana de estas coincidencias. Sin embargo, ¿no suele ser lo más cotidiano, lo más simple, los objetos más comunes, los que llegan a ser más simbólicos y detonadores de memoria y emoción? Por eso es que el melancólico verso de Christina en “Nadie como tú”: “Solo tengo un jersey que no querías / que me abraza aunque tú ya no lo hacías”, parece estar resonando en aquél, sospechosamente trágico, de Vegas en “Incendios”: “Ha refrescado esta noche / y me he puesto su famoso jersey, / me concentro en estos días / para ahuyentar los que vendrán después.” Y bueno, qué decir, de aquel jersey de Prada de Christina en “La distancia adecuada” sobre el que “la evidencia en gotas cae…”; mientras que Nacho, como novio bobo que dice ser, “presume de su jersey de Prada / que en realidad es de Miu Miu.”

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