Algo más de la estela de coincidencias literarias de Bunbury

Enrique Bunbury | Archivo
Enrique Bunbury | Archivo

Hace unos meses, escribí aquí mismo para Acordes Modernos un texto que titulé “Bunbury y su estela de coincidencias literarias”. En él, hice un breve recuento de algunos intertextos que he encontrado entre las canciones de Enrique Bunbury y varias obras literarias. Fue un placer escribir ese texto, pero aún más recibir respuestas de varios lectores en las que me compartían las coincidencias que ellos, por su cuenta, habían encontrado.

Esos comentarios me dieron el pretexto perfecto para seguir escribiendo al respecto de la estela de coincidencias literarias de Bunbury. Así pues, este texto está basado en algunas (otras más quedan pendientes para futuros acercamientos) de las sugerencias de los lectores (en orden de aparición, con los nombres del perfil de Facebook con el que comentaron: Tatan SoCha FeteCua, Ulises Urquieta, Polo Piceer y Lestat Villalobos), las cuales me resultaron verdaderos y gozosos descubrimientos.

“Prisioneros”

En uno de los versos de esta canción de Palosanto resuena una frase que aparece en la novela Kafka en la orilla del escritor japonés Haruki Murakami, obviamente, en su traducción al español: “En el viaje: compañero / Y en la vida: compasión.” En la novela, a su vez, ese enunciado aparece como si se tratara de un refrán o de una frase común que se resiste a la memoria de una joven, durante su encuentro casual en un tren con el protagonista de la novela, Kafka Tamura. Ella le agradece a éste su compañía y amabilidad, diciéndole:

—Gracias. Ya lo dicen, ¿no? «En el viaje, un compañero…» […]
—¿Y qué sigue?
—¿Qué sigue?
—Sí, detrás de: «En el viaje, un compañero…». Había algo más, ¿verdad? […]
—«… y en la vida, compasión» —digo yo.
—«En el viaje, un compañero, y en la vida, compasión» —repite ella a modo de confirmación.

“La prueba”

Personalmente, ésta fue la coincidencia más sorprendente, pues significó descubrir una canción de Bunbury que jamás había escuchado: “La prueba”. De la misma época que “Don y maldición” y “Encadenados”, “La prueba” fue de las primeras canciones que Enrique grabó para su proyecto de solista, estando aún de gira con los Héroes del Silencio. Con una letra que habla sobre los viajes del alma por misteriosos lugares, esta canción repite como estribillo un solo verso: “Esto prueba lo que te demuestra.” Esta frase tautológica proviene de una muy famosa obra literaria mexicana: Pedro Páramo de Juan Rulfo. Esta novela, situada en la vida rural del México posrevolucionario y en la que resulta complicado distinguir entre el mundo de los vivos y el de los muertos, tiene un episodio en el que uno de los personajes principales, Juan Preciado, conversa con una mujer, no sabemos si viva o muerta, quien le narra uno de sus sueños en los que intenta descifrar si ella tuvo un hijo o no. Su sueño fue así: estando en el cielo

uno de aquellos santos se me acercó y, sin decirme nada, hundió una de sus manos en mi estómago como si la hubiera hundido en un montón de cera. Al sacarla me enseñó algo así como una cáscara de nuez: «Esto prueba lo que te demuestra»”.

Con este tautológico gesto, la mujer concluye que nunca tuvo ningún hijo. Bunbury, ¿qué habrá comprobado?

“Irremediablemente cotidiano”

Esto que vais a escuchar a continuación será una sucesión de coincidencias que volverán a hilar a Juan Rulfo con Enrique Bunbury, pero ahora mediante la aguja del antipoeta por definición: el nicaragüense Nicanor Parra. Esta autor tiene un peculiar libro llamado Discursos de sobremesa, que es una recopilación de algunos discursos, dispuestos en versos, que pronunció en diferentes eventos. El primero de estos textos, titulado “Mai mai peñi, discurso de Guadalajara” fue hecho para la ocasión en la que Parra recibió el Premio de Literatura Latinoamericana y del Caribe “Juan Rulfo”, en noviembre de 1991, en Guadalajara, México. No es de extrañar que Parra inaugure este texto con unas palabras del mismo Rulfo, en su ensayo “México y los mexicanos”, a manera de epígrafe: “Nos salvamos juntos o nos hundimos separados”, sentencia que Bunbury reacomoda en “Irremediablemente cotidiano” del Hellville de luxe como “Nos salvaremos juntos / o nos hundiremos cada uno por su lado.”

Más adelante, en el título de uno de los poemas breves que forman parte del discurso, nos encontraremos otra frase familiar de esa misma canción: “No cometeré la torpeza” dice Parra como íncipit declaratorio y Bunbury enfatiza, al ritmo de su estribillo, “No volveré a cometer la torpeza.”

… y “Doscientos huesos y un collar de calaveras”

Pero mientras el cantante no volverá “a cometer la torpeza de perder la cabeza por una promesa o algo peor,” el poeta no cometerá “la torpeza de ponerse a elogiar a Juan Rulfo” porque —y aquí viene nuestra última y fabulosa coincidencia de esta serie antipoética:

Sería como ponerse a regar el jardín
En un día de lluvia torrencial.

Esta preciosa argumentación metafórica es reelaborada en una de las canciones de tema amoroso más entrañables de Bunbury, “Doscientos huesos y un collar de calaveras”, como “Y tú regando mi jardín un día de lluvia torrencial.” Aunque también podríamos atribuir a estas palabras un origen más remoto como el de la larga tradición del agua, la lluvia y el jardín como símbolos del amor erótico y la fertilidad, resulta indudable que el camino por el que llegaron a nosotros fue el trazado por los juegos antipoéticos y laudatorios de Nicanor Parra hacia Juan Rulfo y de las reelaboraciones intertextuales de Enrique Bunbury en su Hellville de Luxe.

Una más de “Doscientos huesos y un collar de calaveras”

Para terminar, cerraremos la secuencia de coincidencias del Hellville… también con un verso de “Doscientos huesos…”, en el cual Bunbury parafrasea un fragmento de uno de los poemas más famosos de Charles Bukowski, publicado en 1992, un par de años antes de la muerte del autor: “Confesión”. En este poema, que tiene el tono dramático y angustioso de las últimas palabras de un moribundo, Bukowski dice:

[…]
no es mi muerte lo que
me preocupa, es mi esposa
abandonada con este
montón
de nada.
quiero
hacerle saber
sin embargo
que todas las noches
durmiendo
a su lado
incluso los más triviales
argumentos
fueron cosas
siempre espléndidas
[…]

Esta idea es parafraseada por Bunbury como “Y yo que he dormido a tu lado puedo afirmar / que hasta las pequeñas discusiones fueron contigo algo estupendo.”

Con esto cerramos esta nueva tanda de coincidencias literarias, agradeciendo una vez más la lectura y comentarios al texto que precedió a éste. Asimismo, reitero que las sugerencias que no incluí ahora quedan reservadas, al igual que otras que yo tengo guardadas por ahí, para próximos artículos. Es un gusto que el camino intertextual marcado por el movimiento musical de Bunbury —pues, al final de cuentas, eso es su estela de coincidencias— sea compartido por muchos de los que habitamos la conversación inagotable de la literatura.

Comenta con tu usuario de Facebook

comments

2 comentarios sobre “Algo más de la estela de coincidencias literarias de Bunbury

  • el 4 Marzo, 2016 a las 3:22 pm
    Permalink

    Todo un maestro y todo un arte adaptar sus influencias a sus canciones. Felicidades por el artículo.

  • el 23 Julio, 2017 a las 5:27 am
    Permalink

    Un maestro al hacernos llegar hasta los intelectuales literarios, a través de sus ritmos y canciones

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Al utilizar nuestro sitio web, usted consiente el uso de cookies de acuerdo con nuestra política de cookies. Obtenga más información sobre: cookies.

ACEPTAR
Aviso de cookies