Mis primeros diez años con los Arctic Monkeys

Portada del álbum | Archivo
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Hace 10 años conocí a los Arctic Monkeys. Algunas personas, como Pepe Valls, se atribuyen habérmelos descubierto. No estoy del todo seguro pero creo que fue en la prensa donde por primera vez leí algo de ellos y, picado por la curiosidad, me hice con su primer disco: Whatever People Say I Am, That’s What I’m Not. Lo escuché del tirón, como casi siempre hago. Dos veces. O tres.

Pues eso. Hace 10 años que los de Sheffield pusieron patas arriba el panorama musical con un disco convertido en clásico instantáneo y me ganaron para su causa. Ahora mismo los estoy escuchando. ¡Qué buenos son!

Pienso que la forma de disfrutar bien de este disco es escucharlo entero. Se complementan bien todas las canciones y si tuviera que quedarme con una… elijo dos: “Fake Tales Of San Francisco” y “From the Ritz to the Rubble“. O quizá “I Bet You Look Good on the Dancefloor” y “Dancing Shoes“. Ni idea.

Yo no soy como mi compadre y líder de este espacio, que para él los Arctic ni fu ni fa (no se puede tener de todo en esta vida, Yisus), pero a mí me encantan. Por encantarme, me gusta hasta esa cosa rara que es Humbug y defiendo los cuernos de Alex Turner con The Last Shadow Puppets.

En el 13 sacaron AM y se hicieron mayores. Yo creo que es casi tan bueno como Whatever People Say I Am, That’s What I’m Not pero ya he dicho que no tengo ni idea de música (tengo una lista de spoty con Raphael y La Gozadera) y mi criterio es tirando a fan entusiasta. Hace poco le puse alguna canción, si no me equivoco R U Mine?, a Pepe Valls quien decía que desde el primero ya no eran los mismos y que eran unos mataos, o algo así, y le gustó mucho. Creo que él algo de música sabe, o eso aparenta.

El caso es que hace 10 años que estos niñatos del sitio más triste y aburrido del Reino Unido nos metieron en la cabeza un discazo que se tiene que disfrutar de pe a pa y dos o tres veces seguidas sin cansarte. Pegaron un puñetazo en la mesa hablando de salir de fiesta y pasarlo bien y poniendo a la gente a bailar como unos condenados. ¡Larga vida a los Arctic Monkeys!

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