‘Station to Station’, de David Bowie: el máximo esplendor del ‘Duque Blanco’

David Bowie, en un concierto en Copenhague el 29 de abril de 1976 | Jorgen Angel/Redferns
David Bowie, en un concierto en Copenhague el 29 de abril de 1976 | Jorgen Angel/Redferns

Hordas de admiradores de última hora –o de urgencia periodística- lloraron y escribieron sobre la muerte de David Bowie (1947-2016) tildándole de Rey del Glam. El apodo sabe improvisado y, desde luego, insuficiente. ¿Dónde quedan, bajo este nick, trabajos como, por ejemplo, Young Americans, la ‘Trilogía de Berlín’ –Low, “Heroes” y Lodger o Earthling? Decir que Bowie es el Rey del Glam es como afirmar que Sabina es un rumbero por haber compuesto “19 días y 500 noches”, o que Bob Dylan es un cantautor protesta, cuando sólo engrosó este género en su segundo y tercer disco –The Freewheelin’ Bob Dylan y The Times They Are a-Changin’.

La obra de Bowie es diversa y mutable, y circunscribir al genio inglés en un único apodo –a excepción del típico El Camaleón lo limita a un periodo concretísimo de su vastísima producción. En este texto vamos a hablar de The Thin White DukeEl Delgado Duque Blanco-, su último alter ego, a propósito del 40 aniversario del disco en el que el citado personaje se desarrolla: el magnífico, oscuro, enrevesado y, a la vez, íntimo y confesional, Station to Station.

Portada de 'Station to Station' | AM
Portada de ‘Station to Station’ | AM

En 1975, Bowie se instaló en una gigantesca mansión de Los Ángeles –un “puto lugar (que) debería ser borrado de la faz de la Tierra”, diría después. En su nueva residencia, el artista inglés vio tantos presuntos fantasmas y “cosas raras” –el exceso de cocaína puede provocar ataques de índole paranoide y delirios narcisistas- que contrató a una “bruja blanca” para que hiciera un exorcismo, con el objetivo de ahuyentar las “fuerzas demoníacas” que habitaban en sus dominios.

En el mismo año, Bowie se convirtió en superventas –de nuevo- gracias a Young Americans –consiguiendo el segundo lugar en Reino Unido y el noveno en EEUU-; empezó a alimentarse de pimientos rojos, leche y cocaína, y se sumergió en el mundo del oscurantismo y la magia. Especialmente, se obsesionó con la numerología: “Los números no eran demasiado propicios esta noche –dijo tras un concierto en 1976-. Éramos un cuatro, y el público también era un cuatro, lo que a veces puede indicar oposición. En Los Ángeles seremos un cinco, situados en el reino del mago, mientras que el público será un seis, y eso significa que la situación será cómoda y agradable”. “Tan locos como la bruma y la nieve”, que escribiera Yeats.

Bowie resumió esta etapa de su vida en 1999, en un programa del canal estadounidense VH1, declaró: “Los años 1975 y 1976, y parte de 1974…, y las primeras semanas de 1977, fueron la época más oscura de mi vida. Estaba tan hundido en la miseria que me resulta casi imposible recordarlo. Es muy doloroso. Me preocupaba por cosas como: ¿se interesan los muertos por los asuntos de los vivos? ¿Puedo cambiar de canal sin usar el mando?”.

Además, durante esta época, Bowie sintió una fascinación especial por Sinatra y simpatizó con el fascismo. Respecto al primero, dijo que La Voz “no es sólo un cantante o un actor, sino que trasciende todas esas facetas. Es algo así como una figura pública. Así es exactamente como me gustaría sentirme. Es la idea de ver qué es lo que puedes hacer con tu imagen, hasta dónde puedes proyectar tu ego fuera de tu propio cuerpo”. Sobre lo segundo, declaró que Hitler fue “la primera estrella del rock”, que “Gran Bretaña podría beneficiarse de un líder fascista”, y se le acusó de hacer el saludo nazi en la Estación de Victoria en Londres. Bowie desmintió esto último, asegurando que simplemente saludaba a la multitud: “Piénsalo. Si un fotógrafo toma una foto tuya conduciendo, harás un saludo nazi cuando termines de hacer el movimiento del brazo. Todo lo que necesitas es un idiota en una revista musical o lo que sea, para hacer un artículo sobre eso”. “No soy fascista”, declaró en una entrevista en 1977.

En este ecosistema se gestó el Delgado Duque Blanco “lanzando dardos a los ojos de los amantes”.

Bowie, en la Estación Victoria, saludando a sus fans | davidbowie.com
Bowie, en la Estación Victoria, saludando a sus fans | davidbowie.com

‘Station to Station’

Station to Station fue publicado el 23 de enero de 1976 –quedando quinto en las listas de Reino Unido, y tercero en EEUU. Cuánto tiempo tardó en grabarse es una incógnita: algunos sostienen que durante los meses de octubre y noviembre de 1975; otros, que en diez días. El Duque Blanco –ahora sí- y su banda estuvieron sin dormir durante varios días gracias a la cocaína. “En ese momento, estaba en otro mundo. Un planeta totalmente distinto. En realidad, no tengo ni idea de lo que pensaba entre 1975 y 1977”, dijo Bowie en 1993.

¿Fue tal la adicción de Bowie con la cocaína… durante el proceso de grabación? Jorge Alonso, biógrafo de Nick Cave & The Bad Seeds, decía que el australiano nunca llegó a ser un yonki extremo –en este caso, de la heroína-, porque un toxicómano no sería capaz de producir un arte tan mayúsculo. Ponía como contraejemplo a Antonio Vega, cuya calidad artística menguaba a medida que aumentaba su adicción.

Bowie, en Moscú en 1976 | davidbowie.com
Bowie, en Moscú en 1976 | davidbowie.com

Siguiendo este criterio, afirmamos que Station to Station no es el producto de un –perdonen la expresión- colgao, sino una obra maestra cuidada, compacta, inteligente y bella. Escriben Paolo Hewitt y Robert Elms en Bowie: vida y discografía (Blume, 2013): “Tratándose de alguien supuestamente adicto a la cocaína, su voz suena magistral. En este trabajo, el sentido de Bowie de la temporalidad (cuándo subir o bajar de tono, cuándo añadir colorido o simplemente seguir el ritmo musical) es impecable”. Si escuchan las interpretaciones de “Word On A Wing” o “Wild Is The Wind” sabrán a lo que se refieren estos autores.

La crítica señala a Station to Station como el prólogo sonoro de Low. Hay influencia de grupos alemanes como Neu!, Kraftwerk y Can. “Experimentamos mucho en él”, dijo el guitarrista Carlos Alomar. El disco está compuesto por seis canciones –todas compuestas por Bowie salvo la última, “Wild Is The Wind”, escrita en 1957 por Dimitri Tiomkin y Ned Washington, y que cantó originalmente Johnny Mathis para la película homónima.

El trabajo se divide en dos partes: en la primera, la numerología cobra una enorme importancia. En “Station to Station”, “Golden Years” y “Word On A Wing”, Bowie relata una historia –de intento- de salvación. La trilogía no es casual: en la cultura medieval cristiana, el 3 es el número perfecto, simbolizando la Trinidad, el movimiento continuo y la perfección de lo acabado. El nombre del disco se debe a las estaciones del Via Crucis. La estructura del relato recuerda a La Divina Comedia de Dante (Infierno/Purgatorio/Cielo), y este empieza con la simulación del ruido de un tren que se aleja de una estación, como un tránsito de la oscuridad a la luz. El primer verso que escuchamos (“The return of the Thin White Duke throwing darts in lovers’ eyes”) puede estar inspirado en un crimen cometido por unos discípulos de Aleister Crowley –un ocultista y alquimista inglés, fundador de la filosofía religiosa de Thelema- en 1918, en Nueva York, quienes asesinaron a una joven pareja con dardos.

La canción que da nombre al disco está llena de referencias místicas, simbólicas y religiosas:

  • “Lost in my circle”: el símbolo de la divinidad.
  • “Here are we, one magical movement from Kether to Malkuth”: una referencia a la cábala judía, un sistema de símbolos místicos utilizados por los ocultistas de la Edad Media (desde Kether hasta Malkuth: desde la “corona” al “reino”).
  • “The European cannon is here”: no sabemos si se refiere a un canon artístico, o al Canon Bíblico (el conjunto de libros de la historia del pueblo judío que constituyen la Biblia).

Además, nos topamos con una clara y cínica alusión a la cocaína: “It’s not the side effects of the cocaine, I’m thinking that it must be love”.

“Golden Years” es una retahíla de consejos para abandonar la desgracia –aunque el artista se dirija a una chica, en realidad, está hablando de él mismo. En ella, el artista decide entregarse a Dios: “I believe, oh Lord, I believe all the way”. Y, en la siguiente, encuentra la salvación en la divinidad, ofreciendo de rodillas su palabra mientras se esfuerza en encajar en su plan. En “Word On A Wing”, Bowie hace pública su conversión al cristianismo. “La compuse sintiéndome plenamente en paz con el mundo. Por primera vez había podido crear mi propio ambiente a mi alrededor, con mi propia gente. La escribí como si fuera un himno”, dijo en 1976.

El disco relaja su carga mística en su segunda parte. En “TVC15”, una joven es absorbida por un televisor; en “Stay”, Bowie exhibe la personalidad del Duque: amoral, frío, superior.

‘Isolar – 1976 Tour’

David Bowie presentó Station to Station con la gira Isolar, compuesta por 64 conciertos repartidos por Estados Unidos –la mayoría: 36-, Alemania, Reino Unido, Suecia, Canadá o Finlandia. En ellos vimos el icónico estilismo del Delgado Duque Blanco: el pelo peinado para atrás, camisa blanca, chaleco y pantalones de traje negro. Los shows eran introducidos con imágenes de la película Un perro andaluz, de Luis Buñuel y Salvador Dalí, mientras sonaba una canción de Kraftwerk: “Radioactivity”. El set-list estaba compuesto por catorce o quince canciones, entre las que encontramos “Suffragette City”, “Fame”, “Life on Mars” o “Changes” y, cómo no, cuatro del Station to Station.

En la edición especial del disco publicada en 2010, encontramos un concierto entero de esta gira, celebrado en el Nassau Coliseum de Nueva York.

Bowie, en 1976 | davidbowie.com
Bowie, en 1976 | davidbowie.com

Bibliografía consultada:

  • BUCKLEY, D., Strange Fascination. David Bowie. The Definitive Story, Random House UK, 2005.
  • BOWIE, D. (Traducción de Alberto Manzano y Xavier Buendía), Canciones Vol. 2, Espiral, 1987.
  • HEWITT P. y ELMS R., Bowie: vida y discografía, Blume, 2013.
  • SPITZ, M., Bowie: A Biography, Crown, 2009.

Comenta con tu usuario de Facebook

comments

Jesús F. Úbeda

Jesús Úbeda nace en 1989 en Ciudad Real. En 2006 se traslada a Madrid, donde vive. Licenciado en Periodismo.

Un comentario sobre “‘Station to Station’, de David Bowie: el máximo esplendor del ‘Duque Blanco’

  • el 9 febrero, 2016 a las 8:59 pm
    Permalink

    Qué gloriosa y supercreativa época esta que mencionas y qué difícil sustraerse a estas canciones.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Al utilizar nuestro sitio web, usted consiente el uso de cookies de acuerdo con nuestra política de cookies. Obtenga más información sobre: cookies.

ACEPTAR
Aviso de cookies