Habrá que resucitar a Bowie

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Imagen del videoclip Lazarus/David Bowie

Si después de la muerte “el polvo vuelve a la tierra, como era”, el último domingo David Bowie volvió al futuro, de donde vino. Ashes to ashes. Cada uno sabe a dónde pertenece y el hombre de mil faces siempre se supo de otra galaxia. Nueve días antes de que el hombre pisara la luna en 1969, Bowie conquistó el espacio por primera vez a través de “Space Oddity”, y, con la emblemática cuenta atrás del viaje de Major Tom, empezaba una de las carreras más brillantes del siglo XX y XXI. Infelizmente, otra cuenta regresiva, la del cáncer que padeció los últimos dieciocho meses, se consumó hace una semana.

Bowie estuvo constantemente al frente de su tiempo durante toda su vida, y en su muerte no podría ser diferente. Supo adelantarse al momento de la despedida, de modo que su 69º cumpleaños coincidiera con la publicación de su último disco Blackstar y prácticamente con su fallecimiento, dos días después. Como un buen dandi, y según las palabras de su productor Tony Visconti, “su muerte no fue muy diferente de lo que fue su vida: una obra de arte”. Simbólicamente y para escenificar su agonía, eligió la figura de Lázaro en su último single.

De acuerdo con el Evangelio según Juan (capítulo 11, versículo 43-44), Jesús, delante de la cueva donde el hermano de María y Marta yacía, pidió que corriesen la piedra que tapaba la entrada y dijo: “‘¡Lázaro, sal de ahí!’. Y el muerto salió de la tumba con las manos y los pies envueltos con vendas de entierro y la cabeza enrollada en un lienzo. Jesús les dijo: ‘¡Quítenle las vendas y déjenlo ir!’. La elección de este personaje -y consecuentemente de su resurrección- no es gratuita. Guardando similitudes con el texto bíblico, podemos observar en el videoclip a un Bowie tumbado en un lecho, convaleciente, con la cabeza vendada y con dos botones cocidos en los ojos –un guiño a la tradición griega en la que los muertos deberían llevar consigo una moneda para pagar el viaje a Caronte, el barquero que les conducía al Hades–, mientras que una mujer, como la encarnación de la muerte,  le persigue y le intenta atrapar desde bajo de la cama. De la misma manera que Jesús pidió a que le quitasen las vendas a Lázaro y le dejasen ir, Bowie dice en la canción que “Look up here, I’m in Heaven (…) You know, I’ll be free”. Curiosamente al final del vídeo encontramos la gran diferencia de lo habría pasado con Lázaro: si éste salió de la cueva, resucitado y sano, por el poder de la palabras del Mesías, Bowie entra en un ropero, en silencio, con los ojos descubiertos, después de dictaminar que sería libre, como siempre había sido, “Ain’t that just like me?”.

Ya dijo Gabriel Celaya que “la poesía es un arma cargada de futuro”, y a veces mata. David Bowie, artista de otro planeta -Major Tom, Starman, Ziggy Stardust, The Halloween Jack, Aladdin Sane, The Thin White Duke, Blackstar, Lazarus-, apretó la poesía contra su frente y disparó, porque a Bowie le mató el futuro. Ahora toca abrir el ropero donde se metió y resucitarlo. “¡Bowie, sal de ahí!”.

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