“We No Who U R” de Nick Cave y el recuerdo tangible de una epifanía

Nick Cave en Madrid | Imagen de vídeo
Nick Cave en Madrid | Imagen de vídeo

Desde un punto de vista personal y artístico, 2015 podría definirse como el año en que fui a un concierto de Nick Cave. Fue una eucaristía tenebrosa y comunitaria; una exaltación elegante, agresiva y sensitiva –en “Tupelo”, el australiano atravesó la pequeña masa humana que se conformó frente al escenario, y se puso a cantar desde una butaca de la cuarta o quinta fila- de la belleza.

Mas la cosa arrancó con presunta frialdad. Me explico.

Por el escenario negro y azul del Palacio Municipal de Congresos desfilaron, puntuales, Thomas Wydler (batería), Marin P. Casey (bajo), Larry Mullins (teclados) y Warren Ellis (guitarra, violín, acordeón, flauta y loops). En último lugar llega Cave, ataviado con el uniforme habitual –traje azul Oxford, estilizado y elegante, y camisa blanca con el cuello abierto y un botón desabrochado.

El público aplaude, silba –en plan bien, se entiende-, grita, se levanta de sus asientos.

Pero lejos.

Y cuando suenan los primeros compases de “We No Who U R” –una novedad: los conciertos de esta gira solían empezar con “Water’s Edge-, el respetable, como sometido a la dictadura de la butaca, se sienta.

Nick Cave está acostumbrado a salir al escenario y encontrarse con una taiga impenetrable de manos que quieren tocarle; en Madrid se topó con un vacío físico de tres metros.

“The tree don’t care what the little bird sings / We go down with the dew in the morning…”. Cave canta firme pero inquieto, paseándose por el escenario, como un leopardo desorientado y enjaulado, de un lado a otro. Señala, baila, interpreta a la perfección, pero no se siente cómodo. El cantante pone rumbo al oeste, luego al este, sigue cantando –“The trees will stand like pleading hands…”-, y la tropa que no reacciona.

Y no es que la gente esté fría –de ahí el “presunta” de antes-, sino asombrada en exceso, intimidada por una especie de sumo sacerdote delgado y de metro noventa al que idolatran. La última vez que Cave vino a España fue en mayo de 2013, en el Primavera Sound. El artista acabó bastante encabronado porque el sonido fue un desastre –se mezclaba con el de los otros conciertos del festival- y, cosas del ego, no fue cabeza de cartel. Pero la última vez que Cave vino a Madrid fue en abril de 2001, presentando en La Riviera el No More Shall We Part. El público de la capital estaba hambriento y expectante y, en mi opinión, tardó en digerir mentalmente la estampa –unido, insisto, a la toponimia constrictora del aforo.

Cuando escucho “We No Who U R”, me acuerdo del siguiente texto de Jesús Quintero:

Hoy he oído cantar a los pájaros, he respirado el aroma de las flores, he paseado a mi antojo por las calles y por los parques, he sonreído y me han sonreído, he estrechado amistosas manos y me han besado. Hoy he recibido mi ración de amistad, de amor, de libertad, de poesía y de belleza. Si no soy feliz es porque pienso es porque pienso que tal vez tú no has tenido la misma suerte en el reparto. Para que no te acuestes en ayunas, me gustaría que me dejaras compartir contigo mi parte. Hoy soy rico.

Portada del single | AM
Portada del single | AM

La balada de Nick Cave & The Bad Seeds tiene un punto más crepuscular que el poema en prosa –o lo que sea- del periodista, y quizá también amenazante –“Y sabemos quién eres, / y sabemos dónde vives”. La pieza es hipnótica, envolvente, sencilla y directa. Primer capítulo del maravilloso Push the Sky Away, hay quien dice que, en esta canción, Cave sostiene que la salvación está en la Naturaleza, y no en Dios.

Cuando finalizó su interpretación, el público madrileño detonó una bomba de aplausos.

Y, tras la cuarta canción –y hasta el final del show-, Cave se adueñó del Palacio, proclamó su anarquía controladísima y se hizo con su denso y cercano bosque de brazos.

Sin ningún tipo de dudas, para mí, fue –y de lejos- el concierto del año. Una epifanía bendita y laica. Va mi agradecimiento eterno, señor Cave. Ojalá nos veamos en 2016.

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Jesús F. Úbeda

Jesús Úbeda nace en 1989 en Ciudad Real. En 2006 se traslada a Madrid, donde vive. Licenciado en Periodismo.

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