La ‘trilogía de la Transición’ de Serrat: valentía, compromiso y discreción

Serrat, en México durante su exilio | jmserrat.com
Serrat, en México durante su exilio | jmserrat.com

Este domingo cumple años Joan Manuel Serrat, uno de los artistas más importantes que ha dado la música española en toda su historia. Desde Acordes Modernos, y con verdadero gusto, le felicitamos la efeméride de la misma forma que festejamos su obra, que afortunadamente sigue abierta al futuro: a ver si para este año 2016 deja caer disco nuevo.

La influencia de la música de Serrat entre la gente de dos continentes, ya indeleble entre sus sentimientos y sus vivencias, así como la impagable influencia en tantos y tantos músicos, tanto de su generación como de las posteriores es colosal. Asimismo, el compromiso humano del propio Joan Manuel, presente también en buena parte de sus canciones, hace que sea un mito viviente, un símbolo, como se decía en el documental de Francesc Relea.

Sucede una paradoja con Serrat: tocó el cielo en sus comienzos. La obra que grabó entre los años 1967 y 1974 es tan sobresaliente y deslumbrante en todos los sentidos que ha opacado buena parte de su carrera. Una etapa que está en constante estudio, como lo demuestra el recién publicado libro de Luis García Gil sobre Mediterráneo (1971), obra mayestática de nuestra música. Forma también parte del inconsciente colectivo numerosas canciones fechadas en la década de 1980, ya que tanto En tránsito (1981) como los discos inmediatamente posteriores conforman, con una poesía más cercana al habla y las preocupaciones de la calle, una especie de tratado de urbanidad, un anhelo educacional a la democracia que en ese momento se asentaba en España y que se anhelaba en tantos países latinoamericanos machacados por el fascismo.

El problema es que el poder de estas dos etapas creativas de Serrat han opacado todas las demás. La carrera de Serrat siempre ha estado muy medida. Serrat ha arriesgado mucho atreviéndose a cantar a poetas prohibidos, y a hacerlo en el idioma que le apetecía en lugar de los que unos y otros le imponían, pero ha sido extremadamente conservador en lo que respecta a su música. Hay muchos trabajos suyos que han sido desdeñados precisamente por este sentido: cada disco –algunos de ellos, monográficos- es un nuevo ramillete de canciones, entre las cuales alguna roza la gloria, pero el concepto de sus álbumes permanece inalterable por más que cambien timbres, arreglos y arreglistas con el paso de las décadas.

Releyendo hace poco un escrito de Fernando Neira sobre En tránsito, que se encuentra en el libro 201 discos para engancharse al pop-rock español, este comenzaba así:

Acostumbrado como estaba al éxito arrollador, la segunda mitad de los 70 representó para Serrat un periodo de cierta regresión creativa. Res no és mesquí (1977), 1978 (1978) y Tal com raja (1980) aportaban algún material estimable, pero –con la excepción de “Temps era temps”- muy difuminado con el paso del tiempo.

Como quiera que hoy día se vuelve a hablar en política sobre una nueva transición, me parece un buen momento para volver estos tres discos que, por su menor trascendencia y éxito con respecto los anteriores y posteriores, poco a poco han ido meciéndose en el olvido. Lo que no es del todo justo, pues el “material estimable” al que Neira hace referencia es claro, y su concepto como obras menores viene dado solo en comparación.

Res no és mesquí (1977)

Portada | AM
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Res no es mesquí, el primer trabajo tras la muerte de Franco de Serrat, se grabó tras un año de exilio. A finales de 1975, Serrat hizo unas declaraciones muy duras contra la dictadura a raíz de las últimas penas de ejecutadas, lo que ocasionó una orden de detención por parte de las autoridades franquistas inmediatamente pusiera pie en territorio español. Esto motivó que Serrat pasara todo el año 1976 recorriendo México junto a sus músicos en una caravana, charlando con la gente, empapándose de la cultura y dando recitales allí donde llegaran. El veto al prófugo Serrat en las emisoras implica que su disco …Para piel de manzana (1975) quedara relegado en España a una distribución poco más que clandestina. Sorprendentemente, este veto en TVE se alargará durante cinco años más tras la muerte de Franco, posiblemente por razones no exclusivamente políticas: los tres discos que este artículo reseña fueron claros retrocesos comerciales con respecto a sus discos anteriores, y además Serrat estaba completamente al margen de todas las modas musicales que despuntaron en aquella época –a excepción del minoritario rock layetano, y por motivos más coyunturales que musicales-, muy atractivas para ser mostradas en la pequeña pantalla.

Además, Res no és mesquí es un LP grabado en catalán. Y como sucede con toda la obra de Serrat en este idioma, fuera de los territorios donde se habla solo llega a los oídos de los fans más acérrimos, quedando automáticamente desdeñada por el seguidor ocasional. Se trata del tercer disco de la carrera de Serrat dedicado íntegramente a la obra de un poeta, en este caso, al poeta anarquista Joan Salvat Papasseit, uno de sus autores de cabecera, y al que ya le había dedicado una canción en Serrat 4 (1970). Precisamente esa canción es regrabada aquí para cerrar el disco, con unos arreglos más cercanos al jazz y con orquestación más comedida que la original. Es una de las dos canciones arregladas por su eterno colaborador Ricard Miralles, ya que la labor en el resto de disco recae en su amigo Josep Maria Bardagí.

En cuanto a las canciones, la gran mayoría tiene un aire melancólico, quizá la más sobrecogedora en este sentido es la que abre el disco y le da título. Todo lo contrario es la eufórica “Visca l’amor”, una de las pequeñas piezas que conforma el popurri “Collita de fruits”, con música de Guillermina Motta –con la que Serrat colaboró en varios discos en aquella época-. Prueba de que Salvat Papasseit era un autor querido entre los autores de la nova cançó es que, además de Motta, también hay canciones musicadas por Rafael Subiraschs (la elegida, “Si jo fos pescador”, sería regrabada por el propio Serrat en el antológico Banda sonora d’un temps d’un país, 1996) y por Martí Llauradó. Por su parte, “Cançó de l’amor efímera” adelanta los siguientes pasos hacia donde se dirige el Nano.

1978 (1978)

Portada | AM
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Único de los discos de esta especie de trilogía compuesto en castellano, su grafismo lo conforma fotos aisladas de trozos de paredes de lo que se adivina un pequeño pueblo costero, pero no blanco sino colorido. Producido de nuevo por Josep María Bardagí y con bastantes de los músicos que interpretaron el anterior de nuevo a sus instrumentos, conforma un fresco, en modesto, de los temas eternos de Serrat.

Abre el disco “Ciudadano”, que es una reivindicación política más allá del militante, del simple vecino que trabaja fatigosamente el día a día. “Irene” brinda la balada sentida e intimista de Serrat. “Cenicienta de porcelana” conforma el retrato de una prostituta, y por este motivo la canción fue prohibida en algunos países americanos, siendo amputada del disco en varias ediciones allende los mares.

Qué bonito es Badalona” es un pasodoble que pretende responder, con sorna, al “Y viva España”. Paradójicamente, en 1987 Serrat entrará en el estudio de grabación para hacer una versión a dúo con Manolo Escobar para un disco del almeriense. La larga “Por las paredes (mil años hace…)” pretende glosar la historia de Cataluña, conformada gracias y a partir de la aportación indeleble de muchas culturas foráneas, una canción rescatada del pasado que inesperadamente resuena hoy de absoluta actualidad debido al debate independentista. Hay también para anotaciones ecologistas e incluso para poner música a un poema de José Agustín Goytisolo, “Historia conocida”, que fue rescatado hace pocos años para la gira en homenaje al centenario de Miguel Hernández.

 

Tal com raja (1980)

Portada | AM
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Tal com raja (“tal como sale”, en castellano) mantiene los mismos músicos que los anteriores, pero recupera a Ricard Miralles a la dirección musical, participando Josep María Bardagí como arreglista en tres de las diez canciones.

Disco de sonoridad claramente mediterránea, sus arreglos prefiguran en varias canciones a los que se escucharán al posterior En tránsito, y es mi favorito entre los que aquí reseño. Se trata de un disco muy equilibrado, con algún momento sobrecogedor (la progresión en “Si no us sap greu”), donde se despunta el Serrat más tierno en “Cançó de l’amor petit” o “Fins que cal dir-se adéu”, además de musicar canciones de tres letras de poetas: Josep Vicenç Foix, Josep Carner y Josep Palau i Fabre.

Entre las canciones, destacan poderosamente “Per què la gent s’avorreix tant?”, pequeña reflexión sobre las reflexiones cotidianas tan caras a Serrat, y que en su último disco ha regrabado junto a Andreu Buenafuente, y sobre todo y por encima de todas ellas “Temps era temps”, una de las mejores canciones de Serrat de toda su carrera, un fresco sobre la situación de España en los años de posguerra, retrato en blanco y negro de un país huérfano que se torna en sepia. Con esta canción y con este disco, Serrat se coloca en la pista de despegue hacia un nuevo impulso en su carrera, pero esa historia la dejamos para otra ocasión.

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