Bunbury y su estela de coincidencias literarias (5 canciones)

Enrique Bunbury
Enrique Bunbury | Archivo

Cuando tenía 18 años, me hice el propósito de que, en algún momento de mi vida, haría algo así como una edición crítica de las canciones de Enrique Bunbury. Eso ocurría en las vísperas de que saliera el Hellville de luxe (2008). En ese entonces, la teoría literaria que iba aprendiendo en la licenciatura en Letras me permitió ponerle nombre a mis intuiciones sobre las relaciones de Bunbury con la literatura: intertextualidad. Además, con renovados ojos “bibliográficos” iba encontrando a Bunbury en mis lecturas. Mientras eso pasaba, hubo una polémica porque algunas personas dijeron que Bunbury había plagiado porque había incluido algunos versos de un poema en su canción “El hombre delgado que no flaqueará jamás”. El problema me pareció mitad penoso y mitad absurdo. Para mí, el asunto se resolvía en intertextualidad y en que las palabras no son sólo su significado, si no también su lugar: si sacas una frase de su contexto original y la pones en otro, ya es otra frase. Sobre esto habría mucho más que decir, pero creo que el tema se volvería más interesante si nos preguntáramos por el lugar que tiene la intertextualidad en la historia de la música popular contemporánea, en la que el rock tiene su lugar de honor. No es que la literatura sea la única fuente de las canciones de rock, pero sin duda es una de ellas y esto se puede ver no sólo en Bunbury, sino en muchas otras figuras.

Así pues, mientras llega —si es que llega— el momento de realizar mi proyecto editorial, dejaré solamente algunas notas de mis coincidencias favoritas entre las canciones de Bunbury y la literatura.

“Deshacer el mundo”

En esta canción de la época de Héroes del Silencio, y que Bunbury ha retomado en el setlist de sus últimos conciertos, la intertextualidad implica el paso de un fragmento de un texto narrativo, en prosa, a una canción. Se trata del libro Una realidad aparte. Nuevas conversaciones con don Juan de Carlos Castañeda, el cual es el segundo volumen de la serie que Castañeda dedicó a narrar su experiencia de aprendizaje con el indio yaqui Juan Matus. El fragmento que Bunbury recuperó para dar título a su canción y verso a su estribillo corresponde a uno de los diálogos entre don Juan y Carlos, en el que el primero está tratando de hacerle entender al segundo la fragilidad de los modelos de realidad que rigen su vida:

El mundo es así-y-así o así-y-asá sólo porque nos decimos a nosotros mismos que ésa es su forma. Si dejamos de decirnos que el mundo es así-y-asá, el mundo deja de ser así-y-asá. En este momento no creo que estés listo para un golpe tan enorme; por eso debes empezar despacio a deshacer el mundo.

Bunbury retoma la última parte de ese consejo y lo reubica con otros versos:

Te he dicho que no mires atrás
porque el cielo no es tuyo
y hay que empezar despacio
a deshacer el mundo.

“El anzuelo”

El posible intertexto de esta canción de El viaje a ninguna parte es una hipótesis que, si tuviera oportunidad de hacerle una sola pregunta a Bunbury, podría corroborar o no. Sin embargo, por ahora lo que tengo para sostenerla son algunas herramientas literarias. Existe un texto titulado «Sátira a las cosas que pasan en el Pirú, año de 1598», que fue escrito por un criollo peruano llamado Mateo Rosas de Oquendo y el cual es un largo texto en verso cuyo fin es señalar los vicios y conductas reprobables del siglo XVI americano. Grandes fragmentos del texto presentan enumeraciones anafóricas, es decir, de versos encabezados todos por la misma palabra:

¡Qué de cantos de sirenas,
qué de incautos navegantes,
qué de Caripdis y Zilas,
qué de flotas, anegarse!

Esta forma anafórica recuerda lo que sucede en la canción de Bunbury:

Este vano correr tras lo imposible
Este mapa de incauto navegante
Este vivir un rato para morir más tiempo
Para al final morder el anzuelo y caer en la trampa.

Obviamente, los versos anafóricos no son exclusivos del texto de Rosas de Oquendo, sino propios de la práctica poética en general. Por lo que, si este argumento meramente formal es insuficiente, también hay una serie de coincidencias léxicas que nos ponen a sospechar. A lo largo de los versos de la canción, podemos ver frases —con un vocabulario no tan ordinario— como «incauto navegante», «pies sin escarpines» y «canto de sirena», las cuales aparecen tal cual en el poema de Rosas de Oquendo y cuya presencia me niego a creer que sea coincidencia arbitraria. Prefiero pensar que, en alguno de sus largos viajes por América Latina, Bunbury tuvo en sus manos un ejemplar de ese texto…

“El aragonés errante”

También de El viaje a ninguna parte y también dialogando con la estela de la literatura latinoamericana tenemos unos versos de “El aragonés errante”. En este caso, el intertexto es con un verso de Rubén Darío que, por cierto, también sirvió para darle título a una antología poética que vio la luz al poco tiempo de su muerte, en 1916: Y una sed de ilusiones infinita. El poema en el que este verso aparece es el número I de Cantos de vida y esperanza, texto en primera persona, de tono confesional, en el que la voz poética da algunos rasgos de sí misma:

El dueño fui de mi jardín de sueño,
lleno de rosas y de cisnes vagos;
el dueño de las tórtolas, el dueño
de góndolas y liras en los lagos;

y muy siglo diez y ocho y muy antiguo
y muy moderno; audaz, cosmopolita;
con Hugo fuerte y con Verlaine ambiguo,
y una sed de ilusiones infinitas.

“Aquí”

Damos un salto ahora a la canción que cierra el Hellville de luxe, la cual tiene relaciones de intertextualidad no sólo con uno, sino con dos textos del mismo autor: un par de poemas del argentino Juan Gelman. Los versos que Bunbury recupera son metáforas de alta densidad. Por eso, resituados en el canto amoroso que es “Aquí”, no pierden fuerza, sino que, literalmente, resituados mediante la deixis de la palabra «aquí», hablan desde y de otro lugar. El primero de los versos es lo que Bunbury canta como «Aquí, como un inválido en el desierto» y que Gelman escribió como “Estoy sentado como un inválido en el desierto de mi deseo de ti” en uno de sus primeros poemas, sin título, del año 1956, y que salió publicado en Violín y otras cuestiones. El segundo de los versos aparece en la canción como «Aquí, los que vencimos con nuestra derrota» y en Gelman como “[…] a conocer a los más bellos / los que vencieron con su derrota”, palabras que corresponden a su poema “Héroes”, compilado en Cólera buey del año 1971.

“Nostalgias imperiales”

Finalmente, hablaremos del título de una de las canciones del último disco de estudio de Bunbury, Palosanto: “Nostalgias imperiales”. El título de esta pieza y la frase que forma parte de su estribillo nos remite a uno de los versos del poeta peruano César Vallejo en sus famosos Heraldos negros, de 1918. De hecho, “Nostalgias imperiales” da nombre a una de las secciones en las que está dividida esta obra y los versos en los que aparece son:

En los paisajes de Mansiche labra
imperiales nostalgias el crepúsculo;
y lábrase la raza en mi palabra,
como estrella de sangre a flor de músculo.

Ya que estamos con Vallejo y, como decimos en México, como “pilón” a esta entrada, cabe mencionar que el título de “Dos clavos a mis alas”, canción recién estrenada en el Unplugged  de Bunbury, hace resonar un verso del poema “Nervazón de angustia”:

Dulce hebrea, desclava mi tránsito de arcilla;
desclava mi tensión nerviosa y mi dolor…
Desclava, amada eterna, mi largo afán y los
dos clavos de mis alas y el clavo de mi amor!

Con esto cerramos esta brevísima aproximación a la estela de coincidencias literarias que dibujan las canciones de Enrique Bunbury. La intertextualidad precisa que quien la practica tenga algo de coleccionista y algo de mago. Me parece que éstas son dos características que Bunbury posee y que se pueden rastrear muy bien en las figuras de la historia del rock de todos los tiempos.

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3 comentarios sobre “Bunbury y su estela de coincidencias literarias (5 canciones)

  • el 16 julio, 2016 a las 8:50 pm
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    Acá suena una canción de este tío que ahora no recuerdo el título que Es un plagio de un tema del argentino ya fallecido el gran Leonardo fabio .muy buena la nota Saludos

  • el 27 noviembre, 2016 a las 10:12 pm
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    La canción que dices Celeste, se llama estrellas. Y efectivamente cita muy sutilmente El principito.

  • el 25 marzo, 2017 a las 5:17 am
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    Plagio .. no se su definición exacta pero yo prefiero un Bunbury con reseñas poéticas que alimentan el intelecto que la basura espontánea de varios artistas que se llenan los bolsillos de plata haciendo plagio de frases callejeras o vulgares y letras vacías o exagerada poesias y metafòricass q no explican nada solo una rima y llenar un espacio en la canción .. y esas canciones con letras basuras la hicieron hasta los Beatles … asi q no jodan .. Bunbury no escribe poesias hace canciones .. el día que haga una canción que música y letra corresponda a otro artista lo aceptaremos como olagio .. pero si vamos a los hechos la música, las melodías son casi siempre muy parecidas. . la música está hecha solo hay q copiarse con sutileza y cambiar detalles .. escuchen los restos del naufragio .. o let it be …. Tal vez sea más criticable eso q copié la idea de alguna poesias y…..Bunbury invita a q la gente indage e investigue la literatura mundial .. recuerdo en mi adolescencia buscar toda la literatura q aparecía o se relacionaba con heroes y Bunbury.. influencias de libros mitología etc..

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