’33 revoluciones por minuto. Historia de la canción protesta’: la Biblia de los hombres buenos

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33 revoluciones por minuto. Historia de la canción protesta (Malpaso Ed.).

El pasado no está muy lejos, por eso tenemos un problema con él. No sé si es porque la vida parece que va muy rápido o porque todo lo que pasó se nos muestra alejado del ansiado final del camino del progreso que, en realidad, hace mucho tiempo que dejamos, al menos el progreso que corresponde a ser humano, solo como eso, como humano.

Lo único que queda creíble ya para nosotros, moradores de un desierto repleto, de un oasis continuo que queda absurdo en la postal, es pensar en el pasado como una leyenda, como un mito que nos inspire para conseguir avanzar, para arreglar lo que quiera que sea que se ha estropeado. Nos quedan las voces grabadas en piedra, talladas a golpe de rayo y trueno, de todos aquellos chicos que cantaron a la injusticia, que se rieron de un mundo que se desmoronaba o que, simplemente, guillotinaron a todo aquel que alzara la cabeza orgulloso del desastre que estaba formando a sus semejantes.

Nos hemos olvidado pronto, es cierto, de que lo que hicieron ellos ya no es solo un objeto de colección, una reliquia; no pensamos en el racismo -que aun hoy se manifiesta impudoroso- tanto como en dónde se ha metido el brazo incorrupto de san Bob Dylan. Muchos de ellos, de una u otra manera, nos dejaron algo en lo que pensar y nosotros, buscando nuestro sitio en el presente, solo nos hemos quedado con la música del ascensor, mientras apretamos los botones nerviosos, gritando para que suba más rápido, aunque sepamos que nunca va a funcionar de esa manera. Quizá todo empieza así, una época tras otra, gritando al ascensor.

Por eso me alegró ver que la maquinaria del mundo, con todas esos cachivaches con pequeñas chimeneas soltando vapor y todas esas prensas tan ruidosas, haya salido con un curioso paquete de la fábrica. Un libro para los que no creemos en el presente, el Nuevo Testamento de los quejumbrosos, de los que siempre sobran, de los que primero se echa en falta. Parece que llega en forma de esa leyenda, de ese mito, de crónica antigua de lo que fuimos y de lo que debemos ser, el relato de todos aquellos que, antes que nosotros, elevaron la voz contra un mundo que cae, desde entonces, en picado. Están todos, apóstoles, cantantes o manifestantes, en un relato que no trata de ser mesiánico sino, en todo caso, blasfemo contra todo aquello que huela autoridad; están todos, no falta ninguno en la Biblia de los hombres buenos.

Edita, en quizá el más precioso de sus trabajos, Malpaso Editorial el volumen: 33 revoluciones por minuto. Historia de la canción protesta, de Dorian Lynskey (traducción de Miquel Izquierdo), que será bautizado por mí, desde ahora, como la Biblia de la queja o la Biblia de los hombres buenos, que engloba desde Guthrie a Dylan, de The Clash a NOFX, pasando por Víctor Jara o Bob Marley.

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Rodrigo Pérez

Rodrigo Pérez nace en Talavera de la Reina, donde ha colaborado con distintas bandas de las que ha sido despedido fulminantemente. Estudió Biología en Salamanca y Lengua y Literatura por la UNED.

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