Melendi es España

Melendi, en concierto | @melendioficial
Melendi, en concierto | @melendioficial

Melendi ha sido el artista más escuchado en España por los usuarios de Spotify a lo largo de 2015, según el informe Year in Music, elaborado por la propia plataforma streaming. Le siguen Enrique Iglesias, Juan Magán, Pitbull y Nicky Jam. Todos príncipes de discotecas. Cardamomo del Carrefour. Productos de masas divertidos y que cotizan en quilates.

En cuanto a canciones, mandan, por este orden, “El perdón” (Nicky Jam y Enrique Iglesias), “Cheerleader” (OMI), “Lean On” (Major Lazer”, “Uptown Funk” (Mark Ronson) y “La Gozadera” (Gente de Zona).

Bien por ellos. Enhorabuena.

Puede que el lector habitual de Acordes Modernos espere que nos rasguemos los vestidos, que pongamos el grito en el cielo, que nos preguntemos por qué los españoles de bien no prefieren a Extremoduro, a Bunbury o a Sabina, gente más ilustre, intelectual, cuidada.

Pero no. En realidad, no somos nadie para aconsejar/recomendar/adoctrinar. Que los españoles escuchen lo que quieran. Me decía Igor Paskual el otro día: “Hubo un montón de intelectuales que se creían muy listos, pero que no eran felices, o bien porque no follaban, o porque eran unos aburridos, o porque no sabían o no querían divertirse, y creo que, en el fondo, hay una gran envidia de ciertos intelectuales hacia el pueblo, con una vida menos, en teoría, rica que las suyas. Pero se saben divertir: van a la discoteca, se lo pasan bien y muchos de ellos están follando”. Pues eso.

Antes de que la nueva política –esa cosa que consiste en abusar del vocablo “zasca” y jugar al pimpón con Pedro J. Ramírez– se adueñara del –decimonónico- discurso regeneracionista, yo creía que España aún estaba a tiempo de que llegaran Las Luces –lean Hombres buenos (Alfaguara, 2015), de Pérez-Reverte-, de que mejorasen los índices de lectura, de que la tropa fuera más al teatro, y así.

Ahora no. Ahora asumo, escucho y miro. En cuanto a gustos musicales, me parece pretencioso y chulesco decirle a alguien, por ejemplo, “no escuches a Melendi, que es una hamburguesa caducada de un euro, y pásate a Nick Cave, que es un solomillo de primera”. No se puede mirar a la gente tan desde arriba, tomarla por imbécil, de un modo tan gratuito. Caray, hablaré de mí mismo: a mí me ponen en una discoteca “Like a Rolling Stone” y pido el libro de reclamaciones; pinchan “Propuesta indecente”, y me vuelvo loca por un beso tuyo.

Esto es España y nosotros somos españoles. Echamos la culpa –muchas veces, con razón- a los de arriba para no mirar las miserias que sembramos –y germinan- los de abajo. Somos –en líneas generales, siempre- un pueblo muy poco crítico, al que le gusta lo digerido, que prefiere lo vetusto a lo vanguardista y el fútbol a los libros, que ladra mucho y muerde poco. Ahí están las estadísticas. Ahí está nuestra historia –no tan- reciente. Las brillantes excepciones que marcaron nuestro relato fueron eso: excepciones. El rey de Spotify en España es Melendi y yo no tengo nada que objetar. ¿Esto es mejor o peor? No lo sé, pero es algo que nos define.

Escribía Tomás de Iriarte en su fábula “El asno y su amo”:

Sepa quien para el público trabaja,
que tal vez a la plebe culpa en vano,
pues si, en dándola paja, come paja,
siempre que la dan grano, come grano.

Yo, ahora, me quedo con Lope de Vega:

Y escribo por el arte que inventaron
los que el vulgar aplauso pretendieron,
porque, como las paga el vulgo, es justo
hablarle en necio para darle gusto.

Quédese tranquilo el lector: pese a la corriente general, en Acordes Modernos seguiremos con lo de siempre.

Y perdón por el cinismo.

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Jesús F. Úbeda

Jesús Úbeda nace en 1989 en Ciudad Real. En 2006 se traslada a Madrid, donde vive. Licenciado en Periodismo.

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