Igor Paskual: “Los intelectuales amargados han identificado felicidad con estupidez”

Igor Paskual | David Alonso
Igor Paskual | David Alonso

Igor Paskual (San Sebastián, 1975) luce la misma chaqueta de marino mercante que el día que lo conocí, hace algo más de un año, después del concierto de Bunbury en Barcelona. Habitual de Acordes Modernos, este donostiarra gijonés, o como se diga, es licenciado en Historia del Arte, poeta pretérito, escritor, columnista y, sobre todo, músico, compositor, artesano de canciones. Quedamos en Olavide para hablar de su nueva criatura, Tierra Firme: un disco poliédrico, antagónico, cuidado, divertido y rockero.

Conversamos sobre ello:

P: Enhorabuena. ¡Por fin, después de tantos meses, un disco de rock de un artista español!

R: Gracias. Es verdad. En España se hace rock. Es un país en el que, en teoría, el rock gusta. Pero hay dos tipos: uno muy mesetario, de corte reivindicativo o pseudoreivindicativo, igual que el que se hacía en el 78 o 79. Y luego hay otro tipo de rock, que nos tratan de hacer creer que es rock, pero que no lo es. Hay un montón de grupos tienen acceso a grandes radios y no hacen rock, sino pop. Han cogido toda la liturgia del rock, los elementos postizos, y los han incorporado a su imagen, sus vídeos, su discurso, y hacen pasar gato por liebre. Es una jugada que inventó Alejo Stivel con Circodelia. Una especie de Disney del rock. Te agradezco que digas que mi disco es de rock, porque lo es.

P: El rock en España, ¿ha naufragado o, simplemente, se ha encallado?

R: Si el rock no es como un tiburón que mira hacia adelante, se encalla. Y si se encalla, ya está naufragando. El rock está adormecido, anquilosado, enquistado en una serie de parámetros, para mi gusto, muy de manual. La gente que hace rock vive poco en el 2015. Es como si la gente que hace rock hubiera dejado de comprar discos en 1980. Está hecho de una misma manera, con los mismos arreglos, patrones, instrumentos, con el mismo tipo de letras y, muchas veces, con la misma imagen. Y no es que esté mal hecho. En España no se hace mal rock, simplemente, se hace siempre igual. Y se ha vuelto una cosa conservadora, cuando debiera ser lo contrario. El rock debiera ser un espíritu, una forma de estar en el mundo. Puede haber excepciones pero, en general, creo que está bastante encallado.

P: “Teníamos que haber hablado más y luego enmudecer por siempre”. ¿Hay, en el rock español, exceso de significantes y escasez de significados?

R: Absolutamente. Un contenido vacío de peligro, al menos, en la imagen y en las letras, se disfraza, se cogen elementos, símbolos y signos, que son del rock, que son potentes, pero están desactivados, vacíos.

P: Tierra Firme viene al mundo el 20-N.

R: Los discos no salen como antes en España, los miércoles. Nos hemos puesto de acuerdo con Europa, y salen los viernes. Creo que el 20-N es una gran fecha para España: a partir de entonces, le empezaron a pasar cosas buenas a este país. Espero que también sea un buen día para el rock. Además, sale el nuevo single de Bowie.

P: ¿Cuál es el sustrato sobre el que se asienta Tierra Firme?

R: Recojo una herencia clásica de rock, que en España puede derivar de Ilegales, Gabinete o Parálisis Permanente. Intento demostrar que se puede hacer rock de un modo distinto, sin dejar de hacer rock. Se puede coquetear con otras músicas, estilos…, se puede hacer pop sin dejar de hacer rock, se pueden incorporar elementos de la electrónica…, en canciones rock, de tres minutos. Busco una tercera vía: ni anquilosamiento ni vanguardia.

P: Lo que buscabas, ¿lo has encontrado?

R: Sí. No soy de ese tipo de músicos que, cuando sacan un disco, tienden a escudarse o excusarse. Hay gente que pone excusas: el disco me lo han quitado de las manos, he estado poco tiempo en el estudio… Este es el disco 100% que quería hacer.

P: ¿Cómo cotiza la palabra en la obra de Igor Paskual?

R: Hay gente que dice que la importancia de la palabra es el 50%, el 30… Yo no lo podría separar. Para mí es todo. Cuando compongo, es muy raro que no me salga una melodía sin letra. La letra es la que va a dar la dirección. “Alborada”, por ejemplo. Con otro texto, pierde mucho valor. La palabra es la que da la intención.

P: Glam (“Casanova”), punk (“Nuevo cine español”), rockabilly (“Napalm”)… ¿En la variedad –de estilos musicales, se entiende- está el gusto?

R: En mi caso sí. Cuando tienes 20 años es tan importante lo que te gusta como lo que no te gusta. Que reniegues de ciertas cosas te posiciona en el mundo, tu escala de valores. Pero cuando vas creciendo, cambia tu paladar. Al principio bebes sólo Rioja; luego amplías tus gustos. En mi caso me parece básico. La dieta debe ser variada. Además, cuanto más sabes, más disfrutas y haces disfrutar. Si no, nos volveríamos personas de mármol. Es muy importante que exploremos todos los matices que hay, que en el rock son muchos. En la propia obra de Bowie, sólo en una década, hay una variedad de estilos que, fijándote sólo en tres-cuatro discos, tienes ahí ya para toda la vida. Es más interesante hacer eso que lo de AC/DC. Es un grupo increíble, pero no podría estar en una banda así.

P: “Cada problema tiene una solución. / El amor es más perfecto que el error”. Como en tus columnas, Tierra Firme desprende optimismo, no es un disco cenizo. ¿Por qué se infravalora tanto la felicidad?

R: Eso es producto de dos cosas. Una, es una herencia romántica. Estamos en plena época posmoderna, pero seguimos juzgando el arte con patrones de principios del siglo XIX, donde nace esta corriente romántica en la que el artista tiene que sufrir. El artista es su obra. El modelo Beethoven, Van Gogh o Kurt Cobain. Son ideales románticos y siguen teniendo mucho peso en el arte de hoy en día. Si te fijas en los suplementos culturales, cuando se habla de un pintor o de un escritor, cuanto más trágica es su vida, más se realza cómo es su vida, porque se piensa que así lo entenderemos mejor. Por otro lado, viene de los intelectuales que han leído muchos libros, que son muy inteligentes, pero que, en el fondo, son unos amargados porque no han sabido vivir. Hubo un montón de intelectuales que se creían muy listos, pero que no eran felices, o bien porque no follaban, o porque eran unos aburridos, o porque no sabían o no querían divertirse, y creo que, en el fondo, hay una gran envidia de ciertos intelectuales hacia el pueblo, con una vida menos, en teoría, rica que las suyas. Pero se saben divertir: van a la discoteca, se lo pasan bien y muchos de ellos están follando. Los críticos pertenecen a esa especie de elite amargada y, en lugar de mirarse a sí mismos, han echado la culpa a los demás, y han identificado felicidad con estupidez. Por eso, los Oscar se los lleva la tragedia y muy pocas veces la comedia. Cuando todos sabemos que es más difícil hacer reír que hacer llorar. Y es más difícil ser feliz que ser infeliz. Requiere mucho esfuerzo ser optimista. Es increíble. Tú ves a los Beatles: una obra alegre, optimista como A Hard Day’s Night es infravalorada frente al White Album, más introspectivo. El mito del artista torturado ha hecho mucho daño.

Portada de 'Tierra firme' | Acordes Modernos
Portada de ‘Tierra firme’ | Acordes Modernos

P: En nuestra última conversación, me dijiste que de lo que más te gusta escribir es sobre fútbol. “Napalm”, amén de tener ese aroma argentino, está plagada de referencias futbolísticas. ¿Por qué el deporte rey para los españoles provoca tanta alergia en el, llamémoslo así, culturetismo?

R: Afortunadamente, poco a poco va cambiando. En España tiene una razón: el franquismo. La izquierda y, sobre todo, la más intelectualizada, entendía el fútbol como una forma de entretenimiento de la clase obrera. Una manera de tener a las masa controladas. Creo que de ahí nace ese desprecio del intelectual hacia el fútbol, que piensa que es una manera de distracción de la clase obrera, que lo es, pero no pasa absolutamente nada.

P: ¿Y por qué el rock no canta al fútbol?

R: El rock se ha vuelto cómodo, vago, y no explora. Por ejemplo: en la canción “Poemas”, mezclo poesía y gastronomía. ¿Cómo puede ser que un país al que le gusta tanto comer hable tan poco de comida en sus canciones? ¿Cómo un país tan futbolero como este no habla de fútbol en sus canciones? Estamos siguiendo un camino establecido en el que es obligatorio hablar de amor, de tías, de coches, de salir por la noche o de ‘mi guitarra es más grande que la tuya’. En Inglaterra es más frecuente la relación fútbol/músicos.

P: Tras escuchar “Nuevo cine español”, pienso en lo apabullante que resulta lo novedoso y lo instantáneo, pero también en la mediocridad generalizada.

R: Hay una especie de crítica de toda esa cosa que siempre nos quieren hacer vender como nueva. El pop y el rock funcionan basándose en el producto nuevo y fresco. Cuando un grupo saca su cuarto o quinto disco, parece como que ya está sabido. Se trata de alimentar la maquinaria con carne nueva y sangre fresca para que la máquina siga devorando sus hijos. Pasa en ropa, en música, en literatura… Alguien que viene de abajo es más fácil de vender, en el sentido de que viene a romper con lo anterior. De ahí un nuevo grupo de rock, un nuevo productor, un nuevo actor…, y a veces es sólo una cara muy pálida de lo anterior.

P: Para finalizar, ¿Loquillo te dejará mover el disco por escenarios?

R: (Risas) Tenemos nuestras agendas bastante acordadas. Saco mi disco ahora y estoy girando estos meses hasta marzo. Empezamos en diciembre y queremos venir a Madrid a mediados de enero. El Loco saca en abril su próximo disco. Y cuando terminemos esa gira, retomo en octubre.

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Jesús F. Úbeda

Jesús Úbeda nace en 1989 en Ciudad Real. En 2006 se traslada a Madrid, donde vive. Licenciado en Periodismo.

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