‘The Cutting Edge’, de Bob Dylan: no es para tanto (si se compara con el original)

Imagen promocional del disco | bobdylan.com/Jerry Schatzberg
Imagen promocional del disco | bobdylan.com/Jerry Schatzberg

Escuchada la versión sencilla de The Cutting Edge 1965-1966: The Bootleg Series, Vol. 12, la última antología festiva y generosa de Bob Dylan, la más vanguardista, la del mercurio. Un vomitorio poético denso, surrealista, enciclopédico y rockero. Un contenedor de monumentos musicales como “She Belongs to Me”, “Visions of Johanna” o “Desolation Row”. Una apología del matiz y de la rareza.

Y poco más.

The Cutting Edge es un trabajo ideal para, por un lado, devotos ultraortodoxos de esos que disfrutan el detalle milimétrico –como yo- y acumulan material dylaniano como quien tiene síndrome de Diógenes; por otro, para gente –en el caso de la versión sencilla- que quiere iniciarse en la obra del cantautor de Duluth, puesto que encontramos un resumen sui generis –pero, al fin, un resumen- de Bringing It All Back Home, Highway 61 Revisited y Blonde on Blonde. Además, toparse con canciones como “You Don’t Have to Do That”, “Farewell, Angelina” o “California”, descartadas de la Trilogía del Mercurio, es cosa más que agradable*.

Portada del nuevo 'bootleg' de Dylan | AM
Portada del nuevo ‘bootleg’ de Dylan | AM

Ahora bien, puestos a comparar lo que encontramos en The Cutting Edge con lo que, finalmente, recogieron los tres trabajos antes citados, pues, sin duda alguna, me quedo con los segundos.

Por ejemplo: el “Like a Rolling Stone” que suena en The Cutting Edge suena lánguido, sin fuelle, si lo comparamos con el trueno sobrenatural de Highway 61 Revisited. Algo parecido ocurre con “Queen Jane Approximately”, a la que le falta el rugido, la agresividad. También nos topamos con ejemplos a la inversa: los bootlegs de “Visions of Johanna” e “It Takes a Lot to Laugh, It Takes a Train to Cry” tienen un matiz rockero y acelerado…, pero, en mi opinión, pierden aura y magia con respecto a las versiones originales.

Concluyo: The Cutting Edge es un gran producto, y no escojo el vocablo porque sí. El último bootleg es una fiesta digna para celebrar uno de los periodos creativos más interesantes de Dylan, si no el que más. Pero, perdón por el conservadurismo, por la memoria, por mi biografía, por mis primeras veces, perdón, decía, puestos a comparar, me gustan muchísimo más las versiones originales. Por algo se convertirían, en su momento, en definitivas.

*Desenfunden las espadas quienes vayan a decir que esas canciones no están recogidas en la versión sencilla del bootleg: escuché el doble CD de The Cutting Edge…, más las piezas no incluidas en los otros discos que no había oído antes.

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Jesús F. Úbeda

Jesús Úbeda nace en 1989 en Ciudad Real. En 2006 se traslada a Madrid, donde vive. Licenciado en Periodismo.

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