Pérez-Reverte, la Guerra Civil y una vacuna urgente contra la manipulación

Detalle de la portada | AM
Detalle de la portada | AM

Leído La Guerra Civil contada a los jóvenes (Alfaguara, 2015), obra escrita por Arturo Pérez-Reverte e ilustrada por Fernando Vicente. “Todas las guerras son malas –afirma el autor cartagenero-, pero la guerra civil es la peor de todas, pues enfrenta al amigo con el amigo, al vecino con el vecino, al hermano contra el hermano”. La sentencia puede sonar a perogrullada, pero, ah, amigos, estamos en España, patria de Caín, terreno fértil para la envidia, el rencor, la mala leche, la incultura y la manipulación ideológica. Teniendo esto en cuenta, la cosa cambia, se torna necesaria, y ya, si añadimos que el mensaje va dirigido a críos de diez, once, doce años, gente a la que se puede rescatar a tiempo, a la que aún se puede vacunar, entonces, decía, la cosa no es que se torne necesaria, sino imprescindible y urgente.

La Guerra Civil contada a los jóvenes debe leerse como lo que es: un libro para zagales, básico, que no sustituye a obras superiores, sino que las prologa, animando al lector a sumergirse en una temática proclive al olvido y/o a la adulteración. No busquen la profundidad, ni el detalle, ni un desglose preciso de, qué sé yo, batallas, héroes, villanos, vivos y muertos. Cuenta Pérez-Reverte que cada hoja de la obra equivalía, originalmente, a veinte folios. La tijera actuó en función de los hijos de Vicente, conejillos de Indias a los que se les fue leyendo el libro mientras este se gestaba. ¿Esto les interesa? Se queda. ¿Esto no? Fuera.

Le pregunto a Pérez-Reverte si cree que los políticos han sustituido a los historiadores a la hora de divulgar el relato del fratricidio: “Ese es el núcleo del problema –responde-. Los historiadores, gente con bagaje, magníficamente preparada, han sido suplantados por políticos incultos. Esa situación está haciendo estragos muy graves”. “El político utiliza el pasado que desconoce para manejar el presente”, añade.

Quizá, por primera vez en sus vidas, La Guerra Civil contada a los jóvenes enseñará a los infantes palabras como “comunismo”, “Falange” o “exilio”. Se enterarán, sin abusar de adjetivos –gracias-, de algo innegable: de que existía un Gobierno legítimo y de que hubo un levantamiento que lo acabó derribando. Conocerán historias de infamia y de valentía. Se enterarán de lo que ocurrió en el Alcázar de Toledo, en Paracuellos del Jarama o en Guernica. Les presentará a hombres buenos como Unamuno o Machado. Etcétera.

De ahí mi reivindicación de este libro. Porque yo, hijo de la LOGSE, tuve mi primera lección real de lo que fue la Guerra Civil en primero de carrera. Fue el profesor Juan Francisco Fuentes quien, entre apuntes –excelentes, por cierto-, nos mandó leer a Jackson y a Carr. Porque, en la adolescencia, uno es más proclive a la imbecilidad, a mitificar y/o a demonizar. Más aún, cuando abundan los terceros que se dedican a tergiversar un relato en función de sus intereses ideológicos. Porque los planes de estudio han pasado del fratricidio como de puntillas, quizá por desidia, quizá por no molestar, no sea que venga el padre de una u otra ideología a abroncar al profesor por haberle contado algo al niño de Millán Astray o Manuel Azaña.

Ojalá, a mis doce o trece años, yo hubiera leído un libro como La Guerra Civil contada a los jóvenes. Así pues, padres, profesores, tíos, abuelos…, Dios-sabe-qué, en lugar de regalar al niño un iPhone 13 o la última imbecilidad de Miley Cyrus, aprovechen la oportunidad y vacunen a sus críos contra la barbarie de la mejor forma posible: regalando Cultura.

Comenta con tu usuario de Facebook

comments

Jesús F. Úbeda

Jesús Úbeda nace en 1989 en Ciudad Real. En 2006 se traslada a Madrid, donde vive. Licenciado en Periodismo.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Al utilizar nuestro sitio web, usted consiente el uso de cookies de acuerdo con nuestra política de cookies. Obtenga más información sobre: cookies.

ACEPTAR
Aviso de cookies