Queridos Gabinete: de Las Ventas al descampado de Telecinco

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El cine expresionista alemán los trajo al mundo y el negocio del Rock en España -todavía muy joven como para tener a grandes bandas a su cargo- los crió. Gabinete Caligari, los hijos del doctor Caligari, eran tres músicos que, por la unión del negocio, no tuvieron más remedio que ser hermanos adelantados a su edad, como Ana Curra, Tino Casal, Alaska, Carlos Berlanga, Santiago Auserón, Loquillo, Eduardo Benavente, Poch, El Zurdo [Fernando Márquez Chinchilla], Víctor Coyote y muchos más (Décima Víctima, Golpes Bajos, Siniestro Total, La Mode, Alarma!!!, Glutamato Ye-Yé, Alphaville, Zombies, Ilegales, Pistones,…). Mención aparte, merecen ser nombrado los otros, los grupos de Rock del extrarradio y periferias como Obús, Leño, Los Rebeldes, Barón Rojo, Ñu, Burning, Companyia Elèctrica Dharma, Barricada, Asfalto, Topo, Vulpes o Ramoncín, pues mantuvieron limpias las cloacas del Rock and Roll mientras la fiesta se disfrutaba más arriba.

Todos eran fruto de la misma madre pero no del mismo padre, como era obvio. Gabinete Caligari mamaron del Rock, como base, pero también de Carlos Gardel, de The Beatles, de Los Chichos, de Lou Reed o de The Cure. Adquirieron las proteínas necesarias para crecer, no tan fuertes y firmes como hubiera querido un padre –despreocupado en este caso-, pero decididos y serios al fin y al cabo. Pero esta historia no va ahondar en las luces de los primeros años –por estética y sonido, los más sombríos- o en los años de gloria, sino en los rescoldos que dejaron a merced de los vientos de la nueva comercialización de la música en España y de la enemistad. Amén de otros factores, como los cambios de representante y el espinoso asunto de los porcentajes de cada miembro en la composición. Este cuento es viejo, casi indispensable en todo grupo, pero como la muerte, nadie la reconoce hasta que la tiene cerca.

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Si Camino Soria (EMI, 1987) fue la máxima expresión de éxito de Gabinete Caligari, Privado (EMI, 1989) mostró el otro lado, la cara B de una banda que empezaba a descarrilar en la curva más pronunciada del Rock español antes de la llegada de una nueva edad, ésa que iba a obligarles a enseñarse las cartas los unos a los otros. Sobre la mesa, una duda: ¿cómo continuar con la historia de un grupo lustroso por fuera y revuelto por dentro? Por exigencias del guión, con una vuelta al estudio en ese mismo 1989. «Privado se preparó durante dos o tres meses en el local de Tablada 25. Después de Camino Soria nosotros queríamos que fuera un disco macarra, muy básico, de guitarra, bajo y batería, en contraposición a la melancolía y las guitarras acústicas de Camino Soria», contaba Edi Clavo, batería, en el libro de Jesús Rodríguez Lenin titulado Gabinete Caligari. El lado más chulo de la movida. Y Privado funcionó, qué duda cabe. «Con Privado se hizo una gira casi tan larga como la de Camino Soria, en la que tocamos por primera vez en la Plaza de Toros de Las Ventas. El grupo tenía el caché máximo de la época para los grupos de Rock. Estábamos en la élite. Con Privado todos los hoteles a los que llegábamos eran buenos. La furgoneta tenía aire acondicionado y si estábamos cansados podíamos volver a casa en avión porque nos lo podíamos permitir», volvía a intervenir Edi.

Era muy difícil romper la barrera de las casi trescientas mil copias de Camino Soria. El White Album de Gabinete Caligari, salvando las distancias, contenía canciones fundamentales de la carrera de la banda compuesta por Jaime Urrutia, Ferni Presas y Edi Clavo: “La sangre de tu tristeza”, “Tócala, Uli”, “La fuerza de la costumbre” y “Camino Soria”, entre otras, redondearon un repertorio ya bien nutrido (“Cuatro rosas”, “Olor a carne quemada”, “Al calor del amor en un bar”,…) y despachado de manera solvente en las giras, que ya se hacían agotadores e interminables para los músicos. «Recuerdo que los de la compañía nos presionaban para aprovechar el tirón de Camino Soria, y claro, venías de tocar cansado y tenías que ir al local. Era todo bastante alocado», explicaba Jaime. Inmiscuidos en la rueda de la promoción y de los conciertos, los tres, en Noviembre de 1988, se encerraron en el local número 2 de Tablada 25 para dar forma a las nuevas canciones que tenían en mente, menos pulidas, más sucias, más guitarreras y menos “beatles”. Un acercamiento al Rock que venían haciendo desde que dejaron de lado la faceta oscura de los primeros tiempos, influenciados por Eduardo Benavente y Parálisis Permanente.

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Para marzo del siguiente año ya habían grabado una maqueta de esas canciones en Boadilla del Monte, así que el siguiente paso, apurado, era el que conducía a los estudios Doublewtronics, donde se pondrían a las órdenes, otra vez, del productor Jesús N. Gómez, artífice del sonido de Al calor del amor en un bar (DRO / Tres Cipreses, 1986) y Camino Soria. Según Edi, en su libro Electricidad revisitada, el trabajo de Privado «fue una grabación party, alimentada por J & B con hielo y otros excitantes… muchos». Si todo iba bien, Gabinete Caligari firmaría un disco del gusto de todos, pero no se alinearon los astros y Privado se vistió de negro y granate, cual enterrador, para dar la extremaunción.

No era un mal disco, para nada, ya que cambiaba sensiblemente el estilo de Gabinete, aportándole toques más accesibles y matices interesantes con los arreglos de cuerda y viento, coros y un casi omnipresente órgano Hammond, tocado por Esteban Hirschfeld. Enrique Bastante, que se había unido en la gira de Camino Soria como guitarra de apoyo, por una simple lógica tenía que aportar mayor volumen en el conjunto, pero se ahogaron en el resultado final. «No hubo mucha comunicación con nuestro productor. Es probable que hiciéramos hincapié en nuestra intención de desmarcarnos de Camino Soria, que pretendíamos un sonido más guitarrero, con menos arreglos preciosistas, menos Prophet-5, pocas acústicas, más eléctricas, menos Pop y más Rock, pero creo que Jesús no lo tuvo mucho en cuenta», contaba Edi. Jaime, por su parte, añade un dato más a la opinión del que fuera su compañero: «Hay dos canciones que mezclamos nosotros porque nos negamos a que salieran como él [Jesús] las tenía». Aún así, Privado pudo escalar un poco más en la montaña de los rankings, hecho que se incrementó cuando el dúo Martes y Trece parodió “La culpa fue del cha-cha-cha” en la nochevieja de 1990 ante millones de espectadores.

Entrega del doble disco de platino tras el concierto en la plaza de toros de Las Ventas, Madrid (octubre de 1990) ©Antonio Díaz

Privado, desde el punto de vista comercial, tenía gancho y sedujo a un nuevo público que los acababa de conocer, quizás, por la fama de Camino Soria, cosa que no encajó en los gustos de los fieles parroquianos. Seguro que alguno desertó y dejó de seguirle la pista a Gabinete Caligari, pero la cosa no pintaba tan mal. No se disolvieron, diez años más tarde, porque sus fans y seguidores abandonaran en masa. Se disolvieron por otras razones que abarcan lo profesional, pero también, por tajante, en lo personal. «Ferni y yo íbamos por unos caminos más Rock y Jaime por otros de Pop estándar. Lógicamente, llegó un momento en el que no nos entendíamos musicalmente, y nos separamos. Llevábamos muchos años juntos, pero llegó el momento de separarse. La verdad es que pudimos haberlo hecho de una manera amistosa, pero no fue así», alude Edi. Lo oficial habría sido una despedida cordial fruto del desgaste natural de las bandas de Rock, pero Gabinete se fue por la puerta de atrás, arrastrándose por oficinas y disqueras de dudosa procedencia. «Recuerdo que tuvimos alguna que otra pelea. Bueno, no eran peleas, pero sí que Edi y Ferni se mosquearon porque “La culpa fue del cha-cha-cha” les parecía muy hortera. Yo vi que el camino estaba ahí. En ese disco había canciones muy buenas también. Pero esa es la diatriba», dijo Jaime. Ferni, añadiendo su opinión, argumentó que durante los diecinueve años de carrera con Gabinete nunca se sintió rockero, y matiza que antes eran «un grupo de amigos que tocábamos juntos, y aunque teníamos influencias de Blues, Rock o de Rhythm and Blues, quitando las primeras cosas de Gabinete, lo demás era Pop. Cuidábamos mucho las letras y contábamos cosas que estaban dentro de esa película, pero nunca me llegué a sentir rockero. Ni siquiera en un escenario, porque los escenarios de España son poco rockeros. Te subes a tocar en un campo de fútbol y ves que la gente no conecta».

El 11 de abril de 1991 volvieron a los inicios de manera anecdótica con un concierto en la sala Stella bajo el nombre de Sombras Negras. No se hizo publicidad del concierto ocasional –mejor- y los doscientos y pico asistentes pudieron ver al trío en un formato puro. «Yo sí entiendo a la gente –señalaba Ferni- que me dice que éramos mucho mejor grupo en aquella época, porque lo que hacíamos entonces era la esencia de Gabinete Caligari: nosotros tres, en estado puro, tocando sin ningún tipo de condicionamiento la música que nos apetecía en cada momento. Éramos libres hasta el punto de pasar de la siniestrez más absoluta, vestidos de negro, a las camisas de amebas y a los vaqueros, tocando Country acelerado como en “Un día en Texas”». Año y medio después, el 20 de noviembre de 1992, actuaban por segunda y última vez como Sombras Negras, aunque el escenario del concierto estaba en el Revolver Club de Madrid. Ferni continúa: «En esa ocasión ya no guardamos tanto las formas en cuanto a vestuario, pero Jaime estuvo inspirado y saludó al público diciendo: “¡Buenas noches, somos Gabinete Caligari y somos anarquistas!”, frase que, por desgracia, no quedó para la posteridad como la del Rock-Ola [“¡Buenas noches, somos Gabinete Caligari y somos fascistas!”]».

Sombras Negras en la sala Stella de Madrid (abril de 1991)

Una vez finalizada la resaca de Privado había que sacar otro disco más. EMI no escatimó en gastos y el álbum, titulado Cien mil vueltas (EMI, 1991), se grabó en entre Madrid (Kirios) y Londres (Metrópolis), bajo el mando de Phil Manzanera, ex Roxy Music, que había sido recomendado por Héroes del Silencio. Eso significaba que no iban a volver con Jesús N. Gómez en la producción. «Teníamos una espina clavada con Privado, sentíamos que con la nueva década debíamos cambiar de ciclo, tratar de ofrecer algo nuevo, arriesgar para ganar. Doble o nada», recordaba Edi. El producto nacido de aquello no lo tuvo nada fácil. Jaime Urrutia, sobre el disco, dijo: «Me acuerdo que al llegar de la gira de Privado había que ponerse a hacer otro disco, que fue Cien mil vueltas, y Edi dijo que pasaba de hacer horteradas porque a él le gustaban Led Zeppelin». Tenía, Cien mil vueltas, buenas canciones, como “Queridos camaradas”, “El extranjero” o “Lo mejor de ti”, pero el Pop Rock en España estaba ya otra cosa y las multinacionales –EMI, para más señas- a la carrera para terminar de exprimir la gallina de los huevos de oro: Héroes Del Silencio, que estaban entrando en órbita gracias al histórico Senderos de traición (EMI, 1990).

Loquillo y Trogloditas se encontraban también en esa especie de travesía por el desierto. ¡A por ellos…! Que son pocos y cobardes (Hispavox, 1989) culminó una trayectoria hasta entonces inédita en los fueros barceloneses y madrileños, los cuales continuaban barriendo los restos de la movida. Sin embargo, la novedad de “Hombres” (Hispavox, 1991) no caló. A ese efecto había que añadirle la ausencia de Sabino Méndez, imperdonable para los más acérrimos del Loco. En cierta medida, los grupos que germinaron a últimos de los setenta estaban desmembrándose y diluyéndose cuando los ochenta acabaron. Radio Futura, sin ir más lejos, se encontraba cerca de la separación por aquel entonces.

Las drogas, los cambios notables en la industria, los yuppies y otros factores responsables son, para unos, los culpables directos de esta catástrofe. Para los otros era la inadaptación de esas bandas a los nuevos vientos del Pop y del Rock, del disco rojo y de los playbacks en la televisión. Una batalla que enarbolaba el lema que dice aquello de quien no está conmigo está en mi contra (Mateo 12:30).

Celebrando el final de la grabación de 'Cien mil vueltas' con Phil Manzanera en Londres (noviembre de 1991) ©María Eugencia Salcedo

Pese a la apuesta de EMI por Cien mil vueltas, el disco no funcionó –algo que, a día de hoy, se siguen preguntando los miembros de Gabinete- y provocó una bajada a la realidad. «El público se cansa de ver tu cara en televisión y quiere ver otras caras. Lo que cuatro años antes era moderno, ya no lo es. Y el que se compraba tus discos se los compra ahora de otro que le mole más. Gabinete Caligari había llegado a su tope», confesaba Edi. Sin embargo, Jaime Urrutia le confesó a Patricia Godes, que por entonces escribía en Rockdelux, algo que iba a cambiar la perspectiva de Cien mil vueltas de cara al futuro: «Cuando comenzamos a trabajar en este disco les dije a estos: “¿qué vamos a hacer? Llevamos unas vidas aburridísimas, ¿de qué vamos a hablar? Ya no llevamos la vida que llevábamos hace diez años». Ellos mismos, como músicos, habían puesto todo el interés del mundo en sacar un disco superior a Camino Soria y Privado, pero no contaron con otras vicisitudes, tanto externas como internas.

Pito Cubillas, mánager del grupo, tenía a toda la industria en la palma de la mano y nadie le daba un no por respuesta, pero a lo mejor estaban viviendo en una burbuja y nada era lo que parecía. Pasaron de vender trescientas mil copias a vender cien mil. Un duro palo que EMI trató de aliviar con el Grandes éxitos (EMI, 1993) –traía la inédita “Delirios de grandeza”-, pero entre la escasa promoción y que se sacó en verano, las cifras estuvieron entre las sesenta mil y las ochenta mil copias despachadas. «Las expectativas del éxito incandescente se habían enfriado bruscamente tras la tibia reacción comercial los meses subsiguientes, todavía se vendieron muchos discos, más de ochenta mil, pero la sensación de retroceso, el evidente hartazgo tras la sobreexposición mediática y latente y ya casi evidente cambio de ciclo en el Pop y el Rock nos situaron en una realidad profesional comprometida: la de la supervivencia decadente hacia ninguna parte», detallaba el batería antes de desgranar las posibles causa que hicieron de detonantes: cambio de compañía discográfica, disolución narcótica de Pito Cubillas, elección errónea de productor, cisma estilístico entre los miembros del grupo, escasa ambición internacional, crisis del modelo de bonanza en el Pop comercial, etc. Después de aquello, los Gabinete le pidieron a Pito que les buscara otra compañía. Craso error. Además de eso, Javier del Moral, la persona que los había fichado en EMI, se iba a PolyGram, así que ellos fueron con él. Ya era 1995 y todavía estaba por salir Gabinetíssimo (PolyGram, 1995), la penúltima entrega, en mitad de la decadencia.

Grabando 'Gabinetíssimo' en Chertsey (julio de 1994)

Durante las mezclas finales de Gabinetíssimo en Inglaterra, Edi tuvo que viajar a España debido al fallecimiento de su madre. Pito pasaba más tiempo detenido y nada estaba saliendo bien, ni siquiera las escuchas con los directivos de PolyGram. «Volví a mediados de enero de 1995 a Chertsey tras el fallecimiento de mi madre y allí continuaba todo el proceso digital con su lento discurrir entre una espesa monotonía. Vinieron algunos ejecutivos de PolyGram para escuchar las mezclas en progreso y debieron traerse las orejas de madera porque lo que oyeron les gustó mucho. Y eso que todavía no eran las mezclas definitivas. Nunca lo serían». Concluida la grabación de Gabinetíssimo, Pito, Jaime, Ferni y Edi tuvieron que pagar de su bolsillo los gastos extras. «PolyGram nos pasó la factura de los gastos generados más allá del presupuesto convenido que, en concepto de horas de estudio, mansión, coche de alquiler, aviones, manutención, té, whisky y cerveza superaban los cuatro millones de las antiguas pesetas», recordaba Edi. Y una vez salió el disco a la calle, estalló todo.

El primer single fue “Truena”, pero el segundo, vetado por Cadena 100 por obsceno, fue “Un petardo en el culo”. Malas elecciones por parte de la compañía que acabaron por dinamitar la relación entre todas las partes. También se terminó el trato profesional con 10/Diez Management, la agencia de Pito Cubillas, y pasaron a formar parte de la familia de artistas de Paco Lucena. Edi Clavo, asimilaba la caída, admitiendo que salvaron aquella temporada y la siguiente «rebajando el caché, eliminando excesos, brillos y alharacas». De hecho, como último cartucho, PolyGram pensó en un disco de duetos que, según el proyecto, contaría con Enrique Bunbury (“Delirios de grandeza”), Joaquín Sabina (“El calor del amor en un bar”), Pepe Risi (“Sangre española”), Ariel Rot (“Me tengo que concentrar”), Santiago Auserón (“Camino Soria”) y Loquillo (“Rock and Roll star”). El Fary y Ana Belén también figuraron entre los nombres propuestos, pero nada de aquello llegó a materializarse. De hecho, lograron la carta de libertad y entraron en Get, la compañía discográfica de Telecinco. «En los dos últimos discos llegamos a compañías con problemas internos. En PolyGram, además, llegamos con un disco más flojo que los anteriores», reconocía Ferni Presas, que narraba la debacle final a continuación: «Cuando salimos de allí vamos a una empresa que no era ni una compañía de discos, sino un sector de Telecinco, que no tenía ni idea de lo que era el mundo del disco. Allí hicimos un disco [Subid la música] con cosas muy interesantes, pero la gente ya no estaba por la labor, hay una generación nueva y tenemos todas las puertas cerradas. Y pasamos a vender diez mil copias, como al principio». Jaime, bajo su punto de vista, concluía alegando que «de Gabinetíssimo a Subid la música habían vuelto a pasar tres años y en ese tiempo habíamos bajado mucho nuestro caché, la gira era más corta y en sitios más pequeños y, por otra parte, teníamos que aguantar la frialdad y el pasotismo de los medios de comunicación».

Sesión para 'Gabinetíssimo' en Madrid (febrero de 1995) ©Antonio Díaz

Los tres (Jaime, Edi y Ferni) se encerraron en el chalet de Jaime de Miraflores de la Sierra para dar forma a Subid la música (Get, 1998). Optaron por retomar el formato trío con el esquema de la guitarra, del bajo y de la batería. Nada más. «Quisimos armonizar algo más el producto final con algunos arreglos firmados entre todos y colaboraciones estelares de músicos amigos. No nos quedaba más remedio que intentar ofrecer un producto atractivo, comercial de acuerdo con los estándares del mainstream al que pertenecíamos, nos gustara o no», asentía Clavo. Ese trabajo, maltratado por el olvido, cerró de manera digna la vida de Gabinete Caligari. En él se pueden encontrar grandes temas como “La pipa de la paz” (con la Rickenbacker de Álvaro Urquijo), “Dulce e inocente”, la ácida y mordaz “Underground” (con la colaboración de Ariel Rot a la guitarra) o “Layla”, cuya autoría avivó las brasas del rencor entre los tres músicos. Juan Puchades, en Efe Eme, concretaba lo sucedido: «Tenían un acuerdo tácito: las músicas las firmaba Jaime y las letras los tres, así todos cobraban derechos de autor. Pero Jaime pidió firmar en solitario la letra de “Layla” (así la escribió, él solo), canción dedicada a su hija, y saltaron chispas. Finalmente lo logró, pero la relación estaba claramente tocada: con Edi y Ferni en un lado y Jaime, solo, en otro». Era algo evidente, pero todavía faltaba la puntilla final.

Llegaron a Hook, con Manuel Notario, pero la última de las fichas del dominó ya estaba en posición horizontal sobre el suelo y Jaime era consciente: «Subid la música fue un buen disco, pero también sabía, en mi interior, que era la última oportunidad que le daba al grupo». Presas, en su defensa, contestó en su momento que «Jaime se ha quedado más atrás, y siempre ha dicho en multitud de entrevistas que él no escucha música nueva, porque no le interesaba… Es una postura de cada uno». Y Edi, con derecho a réplica, iba más allá: «A la última reunión en Hook en septiembre para pergeñar alguna estrategia de futuro ya no vino ni Jaime. ¿Para qué? Mandó a su hermano. Cabe suponer que el propio Jaime, en connivencia con Manuel Notario, que era quien llevaba las negociaciones con las compañías discográficas, ya estuviera al tanto del protointerés de DRO por hacerse con sus servicios como garante unitario de un futuro artístico post-Gabinete. La vida es así. Del tal Notario no esperaba lealtad alguna pero de Jaime me dolió su falta de franqueza después de miles de kilómetros, innumerables aventuras, risas y negocios en común, que no me lo hubiera expuesto él mismo, cara a cara, de amigo a amigo, con gallardía, de hombre a hombre».

Con Andrés Calamaro durante la grabación de 'Subid la música' (1998)

Y así, en 1999, el 13 de octubre, Jaime Urrutia reúne a Edi Clavo y a Ferni Presas para dar por acabada la aventura de Gabinete Caligari. Se acabó. «Un día me harté y dije que estaba hasta los cojones de la historia. Yo sabía el poder que tenía. Lo pensé una vez, pero luego recapacité para dejar que eso continuara hasta donde tuviera que continuar. Ya viste que desde ‘La culpa fue del cha-cha-cha’, que fue en el 1991, hasta el 1998, pasaron siete años. Vale, estábamos arrastrándonos, pero fueron dieciocho años juntos». Hace poco, y en respuesta a esta declaración de Jaime en Jot Down, Edi Clavo contestaba en Mondo Sonoro: «Llegó un momento en que bajan las ventas y la compañía empieza a presionarnos. Pero por otra parte Ferni y yo volvíamos a nuestros orígenes rockeros y creíamos en el rock como expresión. Jaime tenía otra idea, más comercial, más de “La culpa fue del cha-cha-cha”, sonidos brasileños, baladas y… chocábamos. Lo que pasa es que Jaime era el compositor, Ferni y yo hacíamos arreglos, aportábamos otras ideas estéticas o visuales, y de repente Jaime que al principio había compuesto canciones súper-cañeras, de riff, de trío guitarra-bajo-batería, no se sentía cómodo con eso y se sentaba aquí con la cajita de ritmos con sonidos programados de mambo, batucada,… Y yo le veía y le decía: “Tío, yo tengo una batería, una Grestch del 69, no estoy aquí para tocar un mambo”. Y así empezó una ruptura estilística que al final no había manera de entenderse». Punto.

Casi quince años después de la separación de Gabinete Caligari, Loquillo firmaba una suerte de epílogo en El Mundo que indica lo que supuso el trío madrileño hasta la actualidad. «Somos legión los que seguimos sin entender que, después de quince años de su separación, sigan sin tener contacto alguno, sus aventuras en solitario no han dado los frutos esperados. La mítica del Rock tiene su proceso pero aquí parece que no hay vuelta atrás. Volviendo grupos peores, nos resulta incomprensible que unos sí y ellos, no». Y así, con un legado en el aire que no encuentra adopción, Gabinete Caligari ha pasado a formar parte de la historia dorada del Rock en castellano por méritos propios, por carácter y por originalidad, le pese a quien le pese.

Siempre quedará un espacio en cualquier estantería para acoger vinilos o CDs de Gabinete o de Jaime Urrutia. Tal vez hasta de Malevaje, por qué no. Y a buen seguro que quedarán, como despedida, los acordes de la guitarra acústica que acompañaron a la significativa “Nadie me va a añorar” con el calor de la voz de Andrés Calamaro: «Adiós, mi amor. Bye, bye, bye. Me voy sabiendo que nadie me va añorar. Adiós, mi amor. Bye, bye, bye. No dejo huellas ni ilusiones, ni una sola amistad, me voy sabiendo que nadie me va a añorar… No llores más, mi corazón, confieso no tener perdón. Fui incapaz de demostrar mi simpatía a los demás. Ahí os quedáis».

Edi y Jaime con Loquillo en 1997

Bibliografía:

-“Gabinete Caligari. El lado más chulo de la movida”. Jesús Rodríguez Lenin. Temas de Hoy, 2004.

-“Electricidad revisitada”. Edi Clavo. Milenio, 2015.

-“Canciones para enmarcar”. Jaime Urrutia. Larousse, 2014.

-“Operación rescate: ‘Subid la música’”. Juan Puchades. Efe Eme, 2012.

-Entrevista Gabinete Caligari. Patricia Godes. Rockdelux (nº 82), enero de 1992.

-Entrevista a Jaime Urrutia: “Me gustó mantener el tipo hasta que llegó la decadencia”. Jot Down, 2012.

-Entrevista a Shocking Beards: “Es una terapia tocar con los amigos”. Musicópolis, 2013.

-Encuentros: Edi Clavo (Gabinete Caligari) vs Jorge Navarro (Biznaga). Mondo Sonoro, 2015.

-“Sangre española”. La nave de los locos. Loquillo. El Mundo, 16 de septiembre de 2015.

Fotografías:

-Portada de “Gabinete Caligari. Los singles”. ©Alberto García-Alix.

-Fotografía promocional de “Camino Soria”. ©Alberto García-Alix.

-Actuación en el Parque de Atracciones de Madrid, el 31 de agosto de 1988. ©María Eugenia Salcedo.

-Entrega del doble disco de platino tras el concierto de la plaza de toros de Las Ventas, el 10 de octubre de 1990. ©Domingo J. Casas.

-Concierto de Sombras Negras en la sala Stella de Madrid, el 11 de abril de 1991.

-Con Phil Manzanera celebrando el final de la grabación de “Cien mil vueltas” en Londres, abril de 1991. ©María Eugenia Salcedo.

-Grabando “Gabinetíssimo”, en Chertsey, en julio de 1994.

-Sesión para “Gabinetíssimo” en Madrid, febrero de 1995. ©Antonio Díaz.

-Con Andrés Calamaro durante la grabación de “Subid la música”, en 1998.

-Acompañados de Loquillo, agosto de 1997.

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Un comentario sobre “Queridos Gabinete: de Las Ventas al descampado de Telecinco

  • el 2 octubre, 2015 a las 4:05 pm
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    La genialidad es inestable por definicion..gracias Jaime porque eres un grande!

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