‘Scary Monsters (and Super Creeps)’, de Bowie: un exorcismo sentimental brillante

Portada del disco | Archivo
Portada del disco | Archivo

Una especie de niebla densa, pegajosa y lúgubre envuelve a algunos de mis discos, películas o libros favoritos. Es una bruma que engancha, encanta y sobrecoge, y que demuestra que, a veces, la belleza reside en el misterio, en el miedo y en la duda. Bunbury lo explica muy bien en “Las consecuencias”: “¿Por qué siempre conviene alegrar a la gente? / También, de vez en cuando está bien / asustar un poco”. Por poner un ejemplo reciente, me pasó con La carretera de Cormac McCarthy -tras terminar su lectura, me entraron ganas de dormir en la calle, bajo unos plásticos. Y me pasa siempre al escuchar Scary Monsters… And Super Creeps, el decimocuarto disco de mi venerado David Bowie, que este sábado cumple 35 años.

Paolo Hewitt, en Bowie. Vida y discografía (Blume, 2013), recoge unas declaraciones del artista londinense emitidas diez años después de la publicación de Scary Monsters…: “Siempre fue una especie de purga. Era yo mismo, exorcizando de mi interior los sentimientos con los que me sentía incómodo”. Así, el tormento de Bowie se plasma en un disco pesimista, sombrío y crudo, pero también hermoso, digerible y con algunos temas muy pegadizos, demostrando que “calidad” y “comercial” no siempre son conceptos antónimos.

Situémonos. El 18 de mayo de 1979 publicó Lodger, su último álbum de la llamada trilogía de Berlín. Ni a Bowie ni a Brian Eno –por entonces, su mano derecha- les convenció el trabajo. Tampoco a la crítica. Poco después, el autor de “Life on Mars?” o “Look Back in Anger”, según relata su productor Tony Visconti, “se sentó y se puso a escribir las canciones”, abandonando los métodos experimentales de Eno. En febrero de 1980 se divorció de Angie, de quien se había separado en 1977. En ese mismo mes se trasladó a Nueva York, se reunió de sus músicos habituales y empezó a trabajar en un nuevo disco.

Joseph Merrick, "El hombre elefante" | Wikipedia
Joseph Merrick, “El hombre elefante” | Wikipedia

La grabación no tardó en interrumpirse. Bowie recibió una oferta de Broadway. Interpretaría a Joseph Merrick, conocido popularmente como “El hombre elefante”, en una obra titulada The Elephant Man. Merrick (1862-1890) padecía síndrome de Proteus, una enfermedad que causa un crecimiento excesivo de la piel y un desarrollo anormal de los huesos, normalmente acompañados de tumores en más de la mitad del cuerpo. Pasó la mayor parte de su vida trabajando en circos, y sólo pudo librarse de la cosa al final de sus días, gracias a un médico y a una actriz que le ayudaron a “rehacer su vida”. Bowie, a quien siempre le había fascinado el universo freak show, no desaprovechó la oportunidad.

En abril retomó la grabación de Scary Monsters…, y en agosto vio la luz su primer single, que contenía las canciones “Ashes to Ashes” (de SC) y “Move On” (de Lodger). En la primera, Bowie recuperaba la figura del mayor Tom, protagonista de “Space Oddity”, transformándolo en un yonki. En la pieza, su protagonista confiesa que, en realidad, no volvió a la Tierra por el lamentable estado en el que se encontraba, y sostiene que su misión espacial carece de sentido:

“Una y otra vez me digo a mí mismo
Que esta noche estaré limpio,
Pero las pequeñas ruedas verdes me siguen.
Oh no, otra vez no”.

(…)

“Nunca he hecho nada bueno,
Nunca he hecho nada malo,
Nunca he hecho nada imprevisto”.

Bowie dejaba a un lado la experimentación y publicaba una canción pop sencilla, bien hecha y efectivísima. La escuchamos:

Pocas semanas después salió Scary Monsters…, convirtiéndose en todo un éxito de ventas -primer puesto en Reino Unido; duodécimo en EEUU. En la portada, Bowie aparecía caracterizado como Pierrot -un personaje de la comedia clásica italiana-, vistiendo un traje diseñado por Natasha Korniloff. ¿La intención inicial? Traspasar las fronteras de la Trilogía de Berlín. ¿El resultado final? Una obra completísima, con, según Visconti, “diez temas que eran muy comerciales, todos los cuales resumían un período determinado”.

El disco arranca (y termina) con el sonido de una bobina de cine y con un tema durísimo que se llama “It’s No Game” (1, al principio; 2, al final). Mientras la cantante Michi Hirota recita en japonés los versos de la pieza, Bowie canta en inglés:

“Siluetas y sombras contemplan la revolución.
Se acabaron los pasos en libertad hacia el paraíso”.

(…)

“Los niños de todo el mundo
levantando muros con mierda de camello,
haciendo alfombras en ruedas de molino
o clasificando la basura.
Y no es ningún juego”.

Continúa con “Up The Hill Backwards”, tema en el que destaca la guitarra de Robert Fripp; con “Scary Monsters”, la única canción (aparentemente) de (des)amor que encontramos en el disco, cuyo estribillo reza: “Monstruos espantosos y súper asquerosos / me hacen correr asustado”; le sigue “Ashes to Ashes” y, a esta, “Fashion“, una crítica feroz a las cosas que se ponen de moda. Musicalmente, hubiera encajado a la perfección en Young Americans (1975). “Somos el pelotón de los tontos”, dice el autor.

Así suena:

Tras “Fashion” suena una obra maestra: “Teenage Wildlife“. Mientras Fripp emula un punteo que, inevitablemente, recuerda a “Heroes”,  Bowie carga contra las jóvenes promesas musicales y los adolescentes millonarios que, ciegos de deseo, creen que “la temporada de caza ya ha empezado” aunque, finalmente, “las huellas dactilares demostrarán que no pudiste pasar la prueba”. Después, en “Scream Like a Baby” recrea una atmósfera parecida a la de La naranja mecánica de Burguess; versiona a Tom Verlaine en “Kingdom Come”; canta a la juventud rota en “Because You’re Young”, y cierra el círculo con “It’s No Game (Part 2)”, menos estruendosa y más loureediana que la primera.

En mi opinión, este es el penúltimo disco brillante de Bowie -el último, Heathen (2002)-. Después vinieron álbumes muy notables –Let’s Dance (1983) o The Next Day (2013)-, trabajos que cumplían –Earthling (1997) o Reality (2003)-, y también excrementos que olían a laca de marca blanca –Tonight (1984) o Never Let Me Down (1987). Escúchenlo, disfrútenlo, y luego me cuentan.

David Bowie, caracterizado como Pierrot para el videoclip de "Ashes to ashes" | davidbowie.com
David Bowie, caracterizado como Pierrot para el videoclip de “Ashes to ashes” | davidbowie.com

Comenta con tu usuario de Facebook

comments

Jesús F. Úbeda

Jesús Úbeda nace en 1989 en Ciudad Real. En 2006 se traslada a Madrid, donde vive. Licenciado en Periodismo.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Al utilizar nuestro sitio web, usted consiente el uso de cookies de acuerdo con nuestra política de cookies. Obtenga más información sobre: cookies.

ACEPTAR
Aviso de cookies