“It’s No Game”, de Bowie: un aguafuerte terrible de una gran galería de monstruos

Sesión de fotos para 'Scary Monsters' | Brian Duffy
Sesión de fotos para ‘Scary Monsters’ | Brian Duffy

El próximo sábado, 12 de septiembre, celebraremos el 35 aniversario de la publicación de Scary Monsters (and Super Creeps), uno de los discos más completos y oscuros de David Bowie. Sobre este trabajo hablaremos con detalle dentro de unos días, pero, a modo de avance, conviene señalar que fue concebido como una especie de exorcismo sentimental, en el que son muy importantes los conceptos de esperpento, pesimismo y desesperanza.

Scary Monsters… es una galería de pinturas negras, de aguafuertes terribles y poéticos que se abre –y se cierra- con “It’s No Game” (“Nº 1”, la inicial, con un sonido más agresivo y con la cantante Michi Hirota recita en japonés los versos de la pieza, y “Nº 2”, con una interpretación que recuerda a Lou Reed, y con la letra algo ampliada). En la canción, la revolución es contemplada por las sombras. No hay libertad para dirigirse al paraíso. Sólo hay walky-talkies –hoy, quizás, hablaría de iPhones o redes sociales-, mentes engreídas, paganas y llenas de drogas. “Y todo es tan horroroso –canta después, cargando contra la prensa amarilla-, pon una bala en mi cerebro y saldrá en todos los periódicos*”.

Especialmente dura (me) resulta la última estrofa, en la que el artista inglés se refiere a “los niños de todo el mundo / levantando muros con mierda de camello, / haciendo alfombras en ruedas de molino / o clasificando basura”. “Y no es un juego”, remata. Las semillas no darán buen fruto: también se corrompieron. Así, tras escuchar esta parte, uno se acuerda de Aylan Kurdi –el niño sirio ahogado en Turquía-, de los críos guaraníes que se alimentan de pegamento, o de esos otros que trabajan doce horas diarias en los vertederos de Camboya –y, en este sentido, corto aquí, no sea que caiga en la demagogia y/o en el sentimentalismo.

Hace unos días escribí sobre “The Future”, de Leonard Cohen, una pieza que refleja un ecosistema similar. No quiero dar la imagen de maldito cenizo posteando –perdón por el palabro- artículos sobre canciones tan pesimistas, ni mucho menos adoctrinar -eso lo dejo a la legión de cantautores patrios políticamente correctos-; lo único que quiero es reivindicar, en este caso, la belleza cruel de un tema tan macabro y tan crítico, tan impactante y tan bien hecho como “It’s No Game”.

Así pues, aquí va la primera versión:

Y aquí, la segunda:

*A propósito de estos versos, recupero un fragmento de una crónica de Claudi Pérez, enviado especial de El País a Nueva York para informar sobre la crisis financiera, publicada el viernes 19 de septiembre de 2008:

“Los tabloides de Nueva York van como locos buscando un bróker que se arroje al vacío desde uno de los imponentes rascacielos que albergan los grandes bancos de inversión, los ídolos caídos que el huracán financiero va convirtiendo en cenizas”.

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Jesús F. Úbeda

Jesús Úbeda nace en 1989 en Ciudad Real. En 2006 se traslada a Madrid, donde vive. Licenciado en Periodismo.

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