Hablando sobre Calamaro: una estrella compleja en el ambiente tóxico de la cultura

Calamaro, en concierto | Flickr: Juan Tamargo
Calamaro, en concierto | Flickr: Juan Tamargo

El 15 de agosto de 1972, miembros de las organizaciones guerrilleras argentinas Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR), Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP) y Montoneros intentaron, sin éxito, organizar una fuga masiva de la cárcel de Rawson. Diecinueve de esas personas fueron trasladadas a la Base Aeronaval Almirante Zar de Trelew; el 22 de agosto, los militares fusilaron a dieciséis -quedando los tres supervivientes gravemente heridos. Por eso, Andrés Calamaro, quien este sábado cumple 54 años, y no por el aniversario de su nacimiento -casualidades o causalidades, que diría Enrique Bunbury-, lleva tatuada en su brazo izquierdo la citada fecha.

Imanto el vocablo “Calamaro” con palabras como talento, creatividad, honestidad, rock, tradición, vanguardia, Buenos Aires y/o Madrid. En el argentino encontramos a Dylan y a Coltrane, a Gardel y a un Rodríguez, a Martín Fierro y a Juan Belmonte. El firmante de -casi nada, caray- discos como Alta suciedad, Honestidad brutal o Bohemio y de canciones como “Tuyo siempre”, “Paloma” o “Rehenes” posee la bendita virtud de engendrar, con una periodicidad envidiable, obras nuevas. Estrechando el cerco al año presente, nos topamos con los numerosísimos mash-ups, el disco Hijos del pueblo -junto a Bunbury- y el libro Paracaídas y vueltas (Cúpula, 2015).

El lector habitual sabe que, servidor, con Calamaro, peca de grupi. Por eso, hemos decidido captar -si es que ese es el verbo- opiniones de terceros, de gente que o bien conoce a Andrés, o bien ha trabajado con él, o, simplemente, admira al argentino, y les hemos hecho dos preguntas muy sencillas -y quizá insuficientes, especialmente la segunda-. Así pues,

1) ¿Qué representa Andrés Calamaro en el ecosistema cultural?

  • Pancho Varona: No puedo ser objetivo hablando de Andrés. Si dijera todo lo que creo que representa, mucha gente pensaría que lo digo por la amistad que tenemos. Pero no es así. Andrés es grande, enorme, uno de los mejores autores de canciones en castellano. Hay un grupito donde están Silvio, Joaquín, Serrat, José Alfredo, Juan Luis Guerra, y pocos más, en el que creo que también está Andrés. Tiene 200 preciosas canciones, y eso no está al alcance de casi nadie.
  • Julián Kanevsky: Creo que Calamaro es el máximo exponente del rock en habla hispana a nivel mundial. Y lo hace más poderoso aún el hecho de estar tan abierto a empaparse de estilos tan dispares como tango, folklore, hip-hop o metal. Es un músico cultivado e instruido, un poeta inspiradísimo… ¡y encima lleva fabricando himnos desde hace 35 años!
  • José Bruno: Un manual de autoayuda, en el mejor sentido. Cualquiera puede asomarse a sus canciones y sentirse mejor. Un servicio que sólo puede prestar alguien que tenga una obra imperecedera.
  • Igor Paskual: Cumple la función de servir de ejemplo a los demás. De mostrar el camino de cómo se puede ser culto sin ser pedante y popular sin rozar lo populachero. Es un modelo de estrella muy complejo y que tiende puentes constantes entre Latinoamérica y España, como un Colón al revés. También ha entendido el valor estético de la fiesta taurina y se ha tomado muy en serio su defensa. El problema más grande que tiene Calamaro es que ha sido imitado hasta la saciedad y de la peor de las maneras. Los nuevos cantantes sólo le copian los aspectos más superficiales y ha creado, muy a su pesar, una escuela de minicalamaros espantosa.
  • Manolo Tarancón: Calamaro es y tiene que ser un referente siempre, por su talento y por su actitud. Lo representa todo: compromiso con la música a pesar del entorno. Un buen ejemplo es El Salmón. Es un investigador continuo e incansable y siempre será referencia.
  • Manuel Jabois: Calamaro es una especie de rockero sin domar, desbordado por sí mismo. Muy necesario en el ambiente tóxico de la cultura porque está fuera de listas y corrientes. Nada hace más daño en la vida que un rebaño.
  • Fernando Sánchez Dragó: Un paladín de la guerra contra la censura disfrazada bajo el nombre de corrección política.

2) Si tuvieras que quedarte, y perdón, con una sola canción de Calamaro, elegirías…

  • Pancho Varona: Siempre elegiré “Flaca” por varias razones: creo que es tan hermosa que hay tres canciones dentro de “Flaca”. Tiene tantos momentos emocionantes concentrados en tres minutos que es difícil de explicar. Y otra razón importante es que conocí esa hermosa relación entre Andrés y ella. Hermosas personas.
  • Julián Kanevsky: Es complicado elegir una canción de Andrés entre tanta y tan buena producción de hits… Estoy entre “Todo lo demás” y “La libertad”. Estas dos canciones me fascinan por su insultante sencillez… además, ¡adoro tocarlas! Son tan redondas…, perfectas en letra, armonía y melodía. Pero insisto es una injusticia tener que elegir entre mis canciones favoritas de semejante creador.
  • José Bruno: Cualquier tema de El Salmón, conviví esa época con él. Éramos vecinos de Malasaña. Estuvimos tres meses inolvidables grabando ese álbum. Y ya sabes cómo es la música con los recuerdos.
  • Igor Paskual: No me quedó con ninguna canción en concreto. Me emociona mucho la que le dedica a Miguel Abuelo, pero donde me tiene ganado y rendido a sus pies es con su libro. Fabuloso.
  • Manolo Tarancón: Preguntarme por un solo tema suyo es complicado, pero si tengo que decantarme te diría que “Paloma”. ¿Por qué? Por la emotividad de la canción, por lo que consigue decir con cuatro acordes continuos, sin estribillos. Es tan buena que cuando se acaba se hace corta. Es todo un himno ya este tema. Y es mi preferido.
  • Manuel Jabois: “Todo lo demás”. Por razones estrictamente privadas que tienen que ver con un episodio de mi vida. Pero vamos, lo de puedo presumir de poco porque todo lo que toco se rompe” está muy bien. Lo canta mejor.
  • Fernando Sánchez Dragó: No puedo responder a esta pregunta. Mi amistad con Calamaro es de índole personal y, en todo caso, taurina. No tiene nada que ver con sus canciones. Sospecho, incluso (aunque no estoy seguro), que nunca he escuchado ninguna. Me quedé en los discos de vinilo. No sé poner en marcha los artilugios posteriores a ellos. Vivo ajeno a la música.

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Jesús F. Úbeda

Jesús Úbeda nace en 1989 en Ciudad Real. En 2006 se traslada a Madrid, donde vive. Licenciado en Periodismo.

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