Matisyahu y el Rototom o la censura en la posmodernidad

Matisyahu | Facebook de Matisyahu
Matisyahu | Facebook de Matisyahu

No soy partidario de censurar a un artista por su ideología -no soy partidario de la censura, en general. Imagínense la de hogueras que se harían, en tal caso, con los libros de Knut Hamsun o de Céline, que simpatizaron con el nazismo, o con los de Neruda o de Mayakovski, que hicieron lo propio con la URSS. Los españoles tenemos un máster en inquisiciones intelectuales y, si bien, la música del artista judío Matisyahu no me derrite el paladar -los oídos, quiere decirse-, no entiendo cómo el festival Rototom, en Benicàssim, lo censura por apoyar las posiciones del Estado de Israel, al margen de que al personal le gusten más o menos. En El Mundo de este miércoles, un portavoz de Podemos justifica la marginación amparándose en la “coherencia con los valores que defiende el festival”, como si el evento fuera una misa de doce, un aquelarre de ONGs o una puesta en común de la Crítica de la razón pura. Resulta que, en la posmodernidad, a los festivales se va a hacer apología de la libertad, la igualdad o la fraternidad. Nunca he sido carne de estos ecosistemas; mis amigos, sí, y estos me cuentan que, en un festival, a lo que se va es a divertirse, a desfasar, a nadar en ríos de alcohol y, a veces, de vómito. Empezamos confundiendo cultura y entretenimiento -lean La civilización del espectáculo, de Mario Vargas Llosa-, continuamos clamando contra las corporaciones entre tiendas de campaña con cumulonimbos de marihuana -vean el episodio de South Park “Morid, hippies, morid”, el segundo de la novena temporada- y terminamos apartando a Matisyahu por tirano sionista. Venga, hilemos fino: si, en sus canciones, el individuo pidiera una solución final para los palestinos, el bombardeo de la franja de Gaza o el apedreamiento de los infieles, servidor sería el primero en reclamar penas de cárcel para este. Pero no lo hace. No pertenece a ninguna corriente sionista equivalente al Rock Against Communism. Así pues, juguemos a tragarnos la bilis, a respetar al contrario, y no censuremos a nadie, menos, en eventos que han sido subvencionados con dinero público -de la diputación de Castellón y del Ayuntamiento de Benicàssim, en concreto. Por cierto, ni el Rototom, ni Podemos ni IU -la eurodiputada Marina Albiol ha sido una de las principales voces que han pedido el veto- han sido tan exquisitos con Jah Cure, músico de reggae jamaicano sentenciado en 1999 a quince años de cárcel por violación, robo y posesión de armas. Actuó el domingo.

Comenta con tu usuario de Facebook

comments

Jesús F. Úbeda

Jesús Úbeda nace en 1989 en Ciudad Real. En 2006 se traslada a Madrid, donde vive. Licenciado en Periodismo.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Al utilizar nuestro sitio web, usted consiente el uso de cookies de acuerdo con nuestra política de cookies. Obtenga más información sobre: cookies.

ACEPTAR
Aviso de cookies