Si no fuera por Enrique Bunbury

Bunbury, en el rodaje del clip 'El hombre delgado que no flaqueará jamás' | Facebook de Bunbury
Bunbury, en el rodaje del clip ‘El hombre delgado que no flaqueará jamás’ | Facebook de Bunbury

Amén de la cama, el armario, un retrato de Ignatius J. Reilly o un rincón de la mesa donde se apilan los libros pendientes de lectura, en mi habitación hay un pase de prensa del Palosanto Tour de Bunbury, una fotografía que nos hizo José Girl y un botellín de cerveza vacío, de esa Ámbar especial que se sacó en su momento. La tríada de souvenirs plasma, materialmente, un recuerdo intangible, permanente, agradecidísimo. “¿Dónde estaría hoy, / qué clase de Frankenstein?”, canta el artista aragonés en “Si no fuera por ti”, de Hellville de Luxe (2008). Nobleza obliga a decir que, si no fuera por Enrique, yo sería peor periodista, mi agenda sería más raquítica y, sobre todo, no hubiera conocido a tropa tan especial, sabia, divertida, auténtica, empezando por Marisa Corral o Víctor Júdez y terminando, por ejemplo, por Álvaro Suite o Robert Castellanos, con un largo paréntesis de nombres en el ecuatorial “pasando por”.

El termómetro marca unas temperaturas que, en mi caso, convierten el oficio de escribir en una tortura cuasi atroz. Sin embargo, el suplicio desaparece cuando toca homenajear/felicitar a Bunbury por su 48 cumpleaños. Lo homenajeamos por ser un héroe del silencio, por ir contracorriente, por encumbrar el rock en nuestro idioma. Lo felicitamos por Pequeño, Flamingos o Palosanto, por “El club de los imposibles”, “Bujías para el dolor” o “Los habitantes”. Celebramos su curiosidad, su vanguardia, su literatura, su olfato para elegir banda. Nos gusta boxeador, extranjero, de todo el mundo, hombre delgado que no flaqueará jamás. Disculpen –si eso- la ausencia de objetividad en este texto pero, ya saben: el arte no es cosa –al menos, por ahora- de androides.

Homenajeamos/felicitamos a Bunbury por su 48 cumpleaños mientras el artista descansa, permanece silente, aunque, de vez en cuando, lo encontremos en una nueva banda sonora, colaborando en algún disco o concierto, alzando la voz por una causa justa. La biografía reciente de Bunbury está repleta de discos pulcros y de giras intensas, internacionales y (cuasi) interminables. Si valorar el arte no es cosa de androides, crearlo, elaborarlo, ser un artesano de melodías y letras, tampoco. De ahí que, por ahora, toque agradecer, sin diplomacia cortés, sino de corazón, los servicios prestados y, como admirador egoísta, desear que cargue las pilas cuanto antes: España está muy necesitada de artistas como Enrique.

Por otra parte, a quienes aplaudimos su talento, sus discos, sus canciones, nos toca esperar con paciencia, disfrutar de su legado, emocionarnos con “El porqué de tus silencios”, dejarnos embrujar por “San Cosme y San Damián” o acordarnos de nuestras ex con “Puta desagradecida”. Homenajeemos, felicitemos y agradezcamos todo lo que (nos) ha brindado. Creo que el silencio de Bunbury es temporal, que volverá cuando las circunstancias –recordemos a Ortega siempre: “Yo soy yo y mis circunstancias”- lo dictaminen, que su retorno será memorable. Y a los hechos me remito.

Feliz cumpleaños, maestro.

Comenta con tu usuario de Facebook

comments

Jesús F. Úbeda

Jesús Úbeda nace en 1989 en Ciudad Real. En 2006 se traslada a Madrid, donde vive. Licenciado en Periodismo.

2 comentarios sobre “Si no fuera por Enrique Bunbury

  • el 11 agosto, 2015 a las 7:39 pm
    Permalink

    Que disfrute también de su merecido descanso.Es un gran maestro. Cumpleaños Feliz Enrique!

    Mayte

  • el 12 agosto, 2015 a las 4:38 am
    Permalink

    Sin duda alguna, mis respetos para el señor Enrique, y para Ud. También.
    Saludos.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Al utilizar nuestro sitio web, usted consiente el uso de cookies de acuerdo con nuestra política de cookies. Obtenga más información sobre: cookies.

ACEPTAR
Aviso de cookies