Javier Krahe: el hombre más libre del mundo

Krahe, en un concierto reciente | Flickr: @zzvillano
Krahe, en un concierto reciente | Flickr: @zzvillano

El acervo popular aplaude o detesta a Javier Krahe, quien murió en Zahara de los Atunes en la madrugada de este domingo a los 71 años (culpable: un infarto), por tres asuntos fundamentales: 1) La Mandrágora, disco en directo que grabó junto a Joaquín Sabina (a quien llamaba “mi compadre”) y Alberto Pérez; 2) “Cuervo ingenuo”, o sea, la canción anti-OTAN que indigestó a Felipe González y le valió la censura socialista, y 3) el polémico vídeo del cristo cocinado.

Sobre lo primero: la segunda vez que le entrevisté, interrumpió la conversación una señora entrañable y simpatiquísima:

–¿Usted es Javier Krahe?

–Sí.

–Me gustan mucho sus canciones –y, cantando, siguió-: “Un buuurdo rumor”. ¡Y la de “Villatripas”, menuda risa!

Cuando se fue la señora, el cantautor me dijo: “Ahí lo tienes: otra que se quedó en La Mandrágora”.

Krahe fue quince discos, un hacedor de conciertos constante y fértil y el propietario del público más fiel y elitista de España. Nunca llenó estadios (ni quiso), pero el cartel de “No hay entradas” se colgaba, mes a mes, en las salas que frecuentaba con sus virtuosos escuderos: Javier López de Guereña (guitarra), Andreas Prittwitz (vientos) y Fernando Anguita (contrabajo). Camus decía que “el éxito es fácil de obtener; lo difícil es merecerlo”. Sin aspavientos ni delirios, el cantautor consiguió las dos cosas.

Entre Brassens y Jorge Manrique, Krahe fue un madrileño que nunca le encontró el encanto en Madrid. Alumno del Colegio del Pilar, huyó del cenizo ambiente tardofranquista y puso rumbo a Canadá, patria de su novia –“si no, me hubiera ido a otro país”-, donde hizo lo posible por no trabajar desde una librería. Regresó a España tres años después y, a los treinta, decidió que quiso ser cantante. Debutó con un Valium 10 y un whisky en el extinto La Aurora, impulsado por Chicho Sánchez Ferlosio. La regularidad no tardó en llegar. Publicó su primer disco, Valle de lágrimas, en 1980. La Mandrágora, con Sabina y Pérez, duró un trienio. La tele que le mimó en el programa de Tola le crucificó por culpa de cantar contra el hombre blanco que habla con lengua de serpiente. “Me anularon conciertos a montones –me decía-. Lo que pasa es que como yo había actuado normalmente en garitos, pues me limité a los garitos. Pero actuaciones de las otras no me salían, cuando antes sí”. Pese al linchamiento, fue más allá de la supervivencia, llenando salas, forjando público, lanzando grandes discos, como Haz lo que quieras (1987), Versos de tornillo (1997) o el increíble Cábalas y cicatrices (2002). Fue homenajeado por Alejandro Sanz, Rosendo, Enrique Morente o Serrat en el disco doble …Y todo es vanidad (2004). Lo juzgaron y absolvieron por cocinar un cristo en los 80. Hace unos meses anunció una retirada temporal que este domingo se ha tornado fatal y definitiva.

Krahe fue el hombre más libre del mundo: ahí está su biografía, ahí está su obra, ahí están sus sentencias. Siempre hizo lo que quiso, enfrentándose en voz pasiva (y asumiendo riesgos terribles) a los tópicos de la industria y a los inquisidores en nómina de nuestra democracia. Fue ateo militante, libertario extraoficial y mujeriego. Abogó por la legalización de las drogas y por el derecho a la pereza. Sacralizó las vacaciones. Amaba el ajedrez. Irónico y no satírico, salvo excepciones: “La sátira pone en ridículo a algún personaje, o a algún estamento (…) La sátira es para atacar; la ironía, no”.

En Acordes Modernos lloramos su muerte. No nos importa si yacerá junto a un ciprés que se nutra poco a poco de su compañía. Nos aliviamos con su cancionero, sonriendo con “Alta velocidad”, “Vecindario” o “No todo va a ser follar”. Asintiendo con “Asco de siglo” o “Ay, democracia”. Entendiéndolo con “Me internarán” o “Huevos de corral”. Emocionándonos con “Pijama blanco” o “Nos ocupamos del mar”. Caray, qué legado nos deja.

“Mi alegre canción iba a ser mortuoria”.

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Jesús F. Úbeda

Jesús Úbeda nace en 1989 en Ciudad Real. En 2006 se traslada a Madrid, donde vive. Licenciado en Periodismo.

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