Dylan en Madrid o cómo no vivir de las rentas tras medio siglo de carrera

Dylan (en el medio), en el concierto de Madrid | Foto: @mod_1961
Dylan (en el medio), en el concierto de Madrid | Foto: @mod_1961

A diferencia del Genio de Rimbaud –“Y lo volvemos a llamar y él viaja…”-, Bob Dylan no requiere del reclamo de terceros para presentarse en una ciudad, país o continente. Hablamos de un ave migratoria, de un charrán calvinista que ha hecho del trabajo itinerante una constante voluntaria y vital: no imaginamos al cantautor fuera de los escenarios; si nada cambia, sólo la enfermedad y la muerte serán capaces de jubilarlo.

Este lunes, Dylan exhibió, durante algo más de dos horas, un ejercicio de franqueza y de profesionalidad impecable en el Palacio de los Deportes (ahora, Barclaycard Center) de Madrid. Las cartas estaban sobre la mesa –o sea, su web oficial- desde siempre, conocíamos el extenso menú y no faltó ni un solo plato. El artista llegó, vio y venció, mas, tirando de Unamuno –y de topicazo-, no sabemos si convenció: el show supo mecánico, matemático, artificial.

A las nueve y media, con “un no sé qué de hechizado y de mágico, que lo aísla del mundo infinito” (Baudelaire), arrancó Dylan con una enérgica y acelerada “Things Have Changed”, continuando con una “She Belongs to Me” de metrónomo pausado y siguiendo con una cuasi bailable “Beyond Here Lies Nothin’”. Durante la primera parte del concierto, el artista ofreció un repertorio de montaña rusa: a una canción animada le seguía una (mucho) más lenta. Así vino una errática –caray, a mí me sonó hasta desafinada- “Workingman’s Blues #2”, a la que le siguió la alegre “Duquesne Whistle”…, etcétera. Justo después de la mejor interpretación de la noche –“Full Moon and Empty Arms”, de Sinatra-, se dirigió al público por primera y última vez, avisando de un descanso de veinte minutos que, en parte, desvertebró el espectáculo.

Dylan abrió la segunda parte del show con “High Water (For Charley Patton)”, descarado, formal, preciso. Sobresalió con la clásica y doliente “Simple Twist of Fate” y con una hipnótica y sombría “Forgetful Heart”. Después, el concierto se desmoralizó.

Ojo: Dylan siguió impecable, cantando como un gentleman y no saliéndose del guion ni un solo milímetro. Pero el torrente oscuro de Tempest no acabó de cuajar a un respetable, quizás, malacostumbrado. “Scarlet Town”, “Soon After Midnight” y “Long and Wasted Years” son piezas hermosísimas, pruebas empíricas recientes de que Dylan, a diferencia de la mayoría de sus coetáneos –mejor no digo nombres-, no está acabado. Pero faltó electricidad, complicidad y, quizás, con perdón, grandes éxitos: un show de Dylan sin, por ejemplo, canciones de Blonde On Blonde o sin “Like a Rolling Stone” es más pobre que uno que sí las tenga.

Conste que, por otro lado, el mayor encanto de este Dylan reside, precisamente, ahí: él es capaz de armar un concierto notable elaborando un repertorio sin greatest hits, defendiendo y reivindicando lo nuevo. El de este lunes no fue un concierto para niñatos que se hacen selfies de espaldas al escenario y escribiendo en el pie de foto “My Sweet Lord” (es una broma, guarden los cuchillos). Lo que hizo el de Duluth en el Palacio de los Deportes es la antítesis de lo que perpretaron los Stones en el Bernabéu el año pasado. A sus 74 años, Dylan no vive de las rentas. Y en Madrid, gustando más o menos, lo demostró.

Después de una señorial “Autumn Leaves” y el formal cierre aparente de concierto, Dylan reapareció para interpretar “Blowin’ in the Wind”, pasada por violines, y concluir con “Love Sick”, un rock duro en comparación con el resto de los temas. Se abrió de piernas (no piensen mal), posó junto a la banda –a la que ni tan siquiera presentó- y desapareció como, volviendo a Baudelaire, si todo le sirviera de decorado.

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Jesús F. Úbeda

Jesús Úbeda nace en 1989 en Ciudad Real. En 2006 se traslada a Madrid, donde vive. Licenciado en Periodismo.

2 comentarios sobre “Dylan en Madrid o cómo no vivir de las rentas tras medio siglo de carrera

  • el 7 julio, 2015 a las 9:49 pm
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    Pienso que la noche fue extraordinariamente épica sin necesidad de tantos “clásicos”. Yo creo que si alguien le dijera en persona a Dylan algo sobre ese aspecto, él respondería preguntando qué hay de “Full Moon And Empty Arms” o de “Autumn Leaves”…¡Son hasta más clásicos que las canciones compuestas por el autor que normalmente el público espera. Pienso que no es Dylan quien está malacostumbrado como dices, sino el público fan, nos hemos encasillado en unir a Dylan con éxitos como “Blonde On blonde” (Por poner el ejemplo más típico) y obviamos/restamos trascendencia a los temas nuevos. En resumen, Dylan tiene la notoria intención de decir con este repertorio que él como artista es mucho más que sus clásicos, que abarca mucho más. Alguien a principio del concierto mencionó que “No se trata de un Dylan para jóvenes”, sino para público mucho más comprometido y no solamente por lo cambiante de los ritmos (Blowin’ in the Wind estaba irreconocible y perfecta) sino por el riguroso seguimiento a los trabajos que vaya cosechando.
    ¡Saludos!

  • el 9 julio, 2015 a las 1:40 pm
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    Hola, Carlos. Digo que es el respetable, o sea, el público, quien está malacostumbrado. Va el abrazo.

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