AC/DC en Barcelona: cuando el mito supera a la música

AC/DC (foto de su web)
AC/DC durante un concierto de la gira |acdc.com

El pasado viernes volví a tener la oportunidad de ver a AC/DC en directo y mi intención era traeros una reseña del concierto. Como me fue difícil tener acceso a un ordenador, he decido escribir una reflexión alejada de las previsibles reseñas que salen en los periódicos de tirada nacional.

Son ya tres las ocasiones en las que he podido disfrutar del potente directo de la banda australiana. Las anteriores fueron en 2009 en Barakaldo y en Sevilla en el 2010, ambas de la gira del disco Black Ice. Con estos tres me he hecho una idea de su actitud en los escenarios, al menos en la época actual, la que empezó en 2008 tanto con la vuelta al estudio como a los escenarios y la entrada en la vejez de sus componentes.

Lo del concierto del otro día no es que estuviese mal, porque estás viendo a una de las mayores glorias que ha dejado huella en la historia del rock, pero sinceramente, hubo momentos en los que sentí que me aburría. ¿Por qué?, me pregunté durante el trayecto de vuelta. Poniendo en conjunto estos tres conciertos, nada me hace pensar les tenga muy vistos, pues han sido 3 veces en 7 años y hay grupos a los que he visto más en menos tiempo. El problema que le veo a AC/DC, así como a otros muchos grupos, es que se han visto por superados por el mito generado en torno a ellos.

Me explico. El otro día escuchando RNE, entrevistaban al dúo musical llamado Antílopez, que apuntaban con gran acierto que había una concepción muy común de que los grupos tenían que sonar en directo exactamente igual que en sus discos, y eso es precisamente lo que he observado con AC/DC. No me estoy refiriendo al sonido característico del grupo, sino a la ejecución de la canción, donde no todas las bandas están dispuestas a jugar.

Reinterpretarse también forma parte de la grandeza de un artista, porque pone de manifiesto que eres capaz de escapar de tus propias ataduras y trascender a tu creación, y por ende, demostrar que vales más de lo que un día te definió. No solo eso, en el obligado cambio de setlist, para cada tour apenas se introducen 3 canciones del disco en promoción. El resto lo copan los grandes éxitos que permanecen invariables hasta casi en el orden, con lo que apenas se rescatan por gira dos o tres temas secundarios del grupo, esos que siempre agradeces escuchar en directo.

La actuación tampoco difiere en demasía pues está sujeta a un estricto guion que la hace casi invariable entre concierto y concierto y a penas sí entre gira y gira. La misma salva de cañones al final de “For Those About to Rock”, el mismo aporreamiento de cuerdas al acabar cada canción, el solo interminable al final de “Let There be Rock” y así como una buena docena de elementos más. No hay lugar ya ni para unas palabras dirigidas al público para que este pueda reír, vitorear o lo más elemental, sentir que el grupo es consciente de estar tocando en esa ciudad e interactúa con el entorno.

Parece que el grupo se ha rendido a una fórmula rentable que cede poco a la improvisación y en la que la puesta en escena y la espectacularidad restan protagonismo a lo estrictamente musical. Y es que querer vivir de la rentabilidad de los éxitos del pasado y de los símbolos que les han hecho grandes, alimenta esa sensación de que su leyenda fue magnificada en exceso hasta que pareció que siempre fue inmutable, pasando a ser un mito. Y este, como todos, está conformado por una serie de elementos fijos que les caracterizan y que si se alteran, el mito queda deconstruido. Eso aterra supongo, no solo al grupo sino a toda la industria que vive a su rebufo facturando millones.

Por concluir, y para poner un símil con el que espero resumir la argumentación, diré que mi viaje a Barcelona para ver de nuevo AC/DC es como si habiendo visto una gran película en cine, me desplazo a otra ciudad para verla de nuevo. No hay necesidad de hacerlo porque no puede haber diferencias. Pero si repites con un concierto es que esperas ver algo diferente, porque de lo contrario lo mejor es quedarse en casa escuchando sus CDs.

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Javier Garrido

Javier Garrido nace en Talavera de la Reina y se muda a Madrid, donde se licencia en Comunicación Audiovisual. Sus diversos fracasos musicales no le resignan y reincide con asiduidad. Enamorado del cine, aprendiz de fotografía y dejado con la literatura.

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