Antonio Flores: 20 años sin sus cosas

Antonio Flores | Archivo
Antonio Flores | Archivo

Sin duda, Antonio González Flores debía ser una persona especial. Un artista, como a él le gustaba definirse. Aunque su principal pasión y fuente de sustento fue la música, también su ocasional trabajo como actor le ayudó a mantenerse durante sus sequías discográficas. Además, y según sus palabras, era también pintor, escultor, dibujante de cómics… Todo lo hacía de manera autodidáctica, pero irrefrenable, para mostrar al mundo su manera de sentir. Nunca quiso denominarse a sí mismo músico, pues carecía de técnica: no sabía solfeo y tocaba de oído la guitarra, el bajo y el piano. A veces también jugueteaba con la batería o el saxo. Sin embargo, la música siempre la sentía como propia, y todos los días agarraba algunas horas la guitarra por si las musas se dejaban caer. Solían sobrevolarle en compañía de su amigo JB.

Antonio no tuvo nada fácil labrarse un nombre propio. Durante muchos años, su condición de hijo de famosos fue una rémora, y así sus dos primeros álbumes se firmaron como Antonio, sin apellido. Como todo el mundo sabe, su madre era nada menos que Lola Flores, toda una institución de la cultura popular en España. Su padre, Antonio González “El Pescaílla”, fue uno de los inventores de la rumba catalana. Fue él quien le puso la guitarra en sus manos y le enseñó sus primeros acordes a la edad de 10 años. Ascendencia artística y calé por todas sus ramas. Su hermana mayor, Lolita, pretendía continuar los pasos de su madre, y no pocas veces con su ayuda. Había debutado con Amor, amor (CBS, 1975), con buena acogida por parte de las radiofórmulas. Incluso Rosario, su hermana pequeña, había publicado un sencillo con apenas 13 años bajo el seudónimo de Rosario Ríos.

Antonio fue el último de los hermanos en entrar en un estudio de grabación. Su primer trabajo, Antonio (CBS, 1980), mostraba una disparidad de intenciones. El artista, que contaba con 18 años, estaba deslumbrado por el rock urbano de aquel momento. También deseaba alejarse del flamenco que, por tradición familiar, parecía obligado a interpretar. Pero los planes de su discográfica eran bien distintos: espoleados por el éxito de Pecos, Miguel Bosé o Pedro Marín, pretendían convertir al hijo de la Faraona en una cara bonita que canta, un remedo de sex symbol gitano. La doble pulsión se nota en los surcos: el anhelo rockero choca con medios tiempos pop y almibarados arreglos de cuerda. Se le escoge repertorio entre canciones brasileñas, le permite introducir algunas canciones propias. Entre ellas, “No dudaría”, una especie de “Imagine” en castellano donde Antonio se revela un pacifista convencido, imbuido de sincera humanidad. Es, con mucha diferencia, la mejor canción del disco.

Graba a finales de 1981 un nuevo LP. Quedan remanentes de su producción anterior, pero se le permite introducir un mayor número de canciones propias, más electricidad, más carácter en suma. Las versiones son variopintas: “El fantasma de Canterville” de Charly García, un éxito en la voz de León Gieco al que Antonio le sustituye los versos más furibundos por otros que hablan de conciliación; y “No woman no cry” de Bob Marley traducida. Musicalmente se mueve en un entorno rock-pop bastante heterogéneo. Se escalonan los singles de avanzadilla, pero la discográfica no publica el LP. Su sentida balada “No puedo enamorarme de ti” es nº 1 en los 40 Principales mientras que Antonio aparece en Aplauso cantando con Barón Rojo. En aquellos momentos, el hijo del Pescaílla escucha a todas horas heavy metal e incluso llegó a renegar de algunas de sus grabaciones. Una trepidante versión power-pop de “Pongamos que hablo de Madrid” –con Luis Cobos y Tino Casal a los coros- triunfa de manera moderada, pero el álbum es bloqueado durante tres años. Al caer el sol (CBS, 1984) será publicado fuera de tiempo, y pasará desapercibido.

Antonio Flores, con su madre y sus hermanas | Archivo
Antonio Flores, con su madre y sus hermanas | Archivo

La mili cercenará la carrera discográfica de Antonio. Al terminarla, se instala en Marbella, donde pasa un tiempo viviendo de noche, de juerga en juerga. Consume drogas de manera habitual, según él, motivado por una inseguridad e incertidumbre hacia dónde enfocar su vida y su carrera. Rueda alguna que otra película. Se codea por igual con toda clase de estamentos sociales, pero él se siente artista del pueblo: la gente le pregunta por un nuevo disco. Finalmente, 4 años después de la publicación de su segundo álbum –y 7 después de grabarlo- aparece su tercer trabajo, el primero que incluye el apellido Flores en la portada. Antonio tiene 26 años, se ha casado hace poco y estrenaba paternidad. Gran Vía (WEA, 1988) está producido por Carlos Narea y tiene un poso colindante entre el rock urbano y el cantautor eléctrico. Junto a un puñado de canciones propias, incluye temas de Antonio Vega, Nacho García Vega y Topo, además de una versión de “En el lago” de Triana grabada para satisfacer a los que esperan de él sonoridades andaluzas. Un buen disco que, exactamente igual que sucediera con el anterior, no funcionó comercialmente como se esperaba y será justamente revaluado de manera póstuma.

La tibia acogida de Gran Vía produce un nuevo hiato musical. Vuelve al cine –en Sangre y arena (Javier Elorrieta, 1989) comparte reparto con Sharon Stone- y encadena hasta 5 maquetas. Tras tres discos en el mercado –dos de ellos notables- que habían funcionado a medio gas, las escasas propuestas discográficas son rechazadas por el propio Antonio, que se niega a grabar más versiones o canciones impuestas: su próximo trabajo estará confeccionado exclusivamente por canciones propias, y no tiene prisa en publicarlo.

Sopesa formar, bajo el nombre de Sonakay, un dúo artístico junto a su hermana Rosario, con quien toda su vida estuvo muy estrechamente ligado. Sin embargo, se presenta a Rosario la oportunidad de grabar un álbum propio, y crea su propio estilo fusionando el flamenco, el gyipsy rock y el rhythm&blues. Su primer disco, De ley (Epic, 1992), abastecido del repertorio inédito de su hermano, se convierte en superventas: canciones como “Sabor, sabor”, tras meses en maquetas rodando por las discográficas en la voz de Antonio, tendrán un enorme éxito en la voz de su hermana. El siguiente disco de Rosario, Siento (Epic, 1993), de nuevo con Antonio como compositor principal, también funciona bien. RCA se anima por fin a grabarle un disco, y contrata a los productores de su hermana: Fernando Illán y Arturo Soriano.

Cosas mías (RCA, 1994), cuarto disco de Antonio Flores en 14 años de trayectoria, se graba entre febrero y marzo de 1994 y se publica en mayo de ese año. Es el más personal de todos sus discos, y el primero que alcanza el éxito. Es un disco sonoramente dispar, que incluye rock de autor, pop de categoría, baladas intimistas, fusión sureña y hasta bossa nova. En varias entrevistas dice que sus influencias van “de Caballé a Camarón de la Isla, pasando por Led Zeppelin”. Se suceden varios singles de éxito: “Isla de palma”, la rumba dedicada a su hija “Alba”, “Siete vidas”, “Arriba los corazones”… Con este disco, Antonio sale a la carretera. Laboralmente disfruta de un momento dulce, en el terreno personal acaba de separarse y se ha trasladado a vivir junto a su madre, a una cabaña construida en el jardín de la mansión familiar. Sigue volcado en sus actividades artísticas, y se aficiona a la cocina: en una entrevista afirma coleccionar las recetas de Karlos Arguiñano.

Así las cosas, un cáncer arranca la vida de Lola Flores el 16 de mayo de 1995. El mazazo para la familia es brutal, y Antonio se sume en una profunda depresión. Sin embargo, no cancela la gira. Cuando el 27 de mayo da un recital en Pamplona, nadie sospecha que es el último de su vida: apenas 4 días después, es encontrado su cuerpo sin vida. Los forenses determinan un suicidio provocado por una sobredosis de medicamentos y alcohol. Antonio ha sucumbido ante el dolor por la muerte de su madre.

Poco después aparecerán algunas grabaciones póstumas. En concierto (RCA, 1995) incluye 8 tomas en directo –todo canciones de Cosas mías, las versiones en vivo más plúmbeas que las de estudio- grabadas en Las Ventas el 1 de marzo de 1995. Se vende en una caja que lleva por título “Una historia de amor interrumpida”. En el momento de su muerte, Antonio se planteaba alargar la duración de sus shows añadiendo más canciones, una sección de rumba, o versionar canciones de sus amigos Antonio Carmona, Manolo Tena, Antonio Vega, Ray Heredia o Joaquín Sabina. A medio plazo planeaba grabar una antología en vivo junto a su hermana Rosario. También había grabado una avanzadilla de su próximo trabajo que se publicarán como inéditas en el recopilatorio Antología (RCA, 1996). Por último, andaba componiendo un álbum completo para su hermana Lolita.

Las cerca de 4 horas de música que ocupan sus todas sus grabaciones –por lo menos, las publicadas hasta la fecha- forma ya parte del valioso acervo del rock español. Sus colegas de profesión lo homenajearon en el disco tributo Para Antonio Flores: Cosas tuyas (Flower Power, 2002), un proyecto personal de sus dos hermanas y su ex-mujer Ana Villa. También se han publicado varios recopilatorios, entre los que destacamos Arriba los corazones (RCA, 1999) por compilar junto a sus éxitos todas sus rarezas y 10 Años: La leyenda de un artista (SonyBMG, 2005) por incluir un DVD con videoclips y actuaciones en televisión. Por el recuerdo de Antonio, va siendo hora de abrir otro poco el cajón de los inéditos, ¿no?

Discografía de Antonio Flores | Archivo
Discografía de Antonio Flores | Archivo

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