Siete joyas de Nick Cave para celebrar su regreso a España

Nick Cave, en concierto | Flickr: @julioenriquez
Nick Cave, en concierto | Flickr: @julioenriquez

Ya viene Nick Cave, como un cuervo –no le llamen “vampiro”: lo odia- misterioso, sereno y elegante, acompañado por una versión reducida de los Bad Seeds. El artista australiano actúa este jueves en el Auditori del Fòrum en Barcelona y, un día después, en el Palacio de Congresos de Madrid –concierto al que acudiremos y del que informaremos, qué ganas.

Si bien el australiano nunca ha sido un superventas en España –a ver para qué-, en los últimos años y, en especial, desde la película 20.000 días en la Tierra, en nuestro país se ha vivido lo más parecido a una cavemanía, sin caer, por fortuna, en ningún tipo de fenómeno de masas adolescente y/o febril –por algo se agotaron las entradas en Madrid en diciembre, y con unos precios no muy asequibles.

Para celebrar la visita del autor de “Into my arms” o “Deanna” a España, en Acordes Modernos hemos pedido a unos cuantos músicos y periodistas que escojan su canción favorita de Cave -hemos pedido a los participantes ciertos malabares, para no repetir ningún plato en el menú.

Aquí va la carta:

  • Igor Paskual (Músico y escritor): “From Her to Eternity”, From Her to Eternity (1984)

Porque es donde alcanzan una mayor personalidad en su lenguaje. Justo a caballo entre las estructuras nada convencionales de Birthday Party y la solidez sonora de lo que vendría después. A la manera de algunos blues arcaicos, la canción sólo tiene un acorde, y sin ninguna modulación o cambio armónico. Pero si el ADN de la canción está cerca del delta del Misisipí, la vestimenta procede de la vanguardia alemana en la que Blixa Bargeld estaba tan metido. América y Europa se dan la mano. Cave, que en esos momentos iba muy de tipo serio y oscuro y malísimo, pero no tan malo, drogadicto, borracho y peleón como los Ilegales de 1985, se pone en este tema muuuy intenso. Se le agradece que lo haga de la manera menos plomiza posible. Hay una versión en directo de 1989 (Werchter, Bélgica) con Mick Harvey al bajo (todo lo toca bien y en su sitio), Kid Kongo Powers y Blixa a las guitarras que es una bestialidad y es un lección magistral de cómo usar las intensidades y hacer tantísimo con tan poco.

 

Tenía varias en mente, como “Nocturama” o “Into my arms”, pero finalmente me decanto por “Red right hand” por una simple razón: tenebrosidad. Nick Cave puede estar hablándote de un asesino o de la mano castigadora de Dios de una forma sarcástica logrando, a la vez, que uno se revuelva en su propio fango. La campana del comienzo, ese rasgueo de las guitarras, los teclados… ¡Y la duración! Es una canción que lo tiene todo, incluso esa originalidad tan buscada por algunos autores. La escuché por primera vez siendo pequeño en la película Dumb & Dumber (Dos tontos muy tontos en España). Desde entonces, “Red right hand” se ha quedado para siempre en mi vida.

 

  • Robert Castellanos (Músico, Santo Inocente): “Stagger Lee”, Murder Ballads (1996)

Siempre me han encantado este tipo de historias de asesinos, putas, perdición y garitos de mala muerte ambientados en Estados Unidos a finales del siglo XIX y principios del XX, donde los últimos resquicios del y viejo y salvaje y Oeste se mezclaban con los primeros gánsters, tal y como los conocimos más adelante.

“Stagger Lee” cuenta la historia real de un asesino llamado “Stag” Lee Shelton que mató a Billy Lyons en 1895 en St. Louis (Missouri), y a lo largo de la historia se han hecho un montón de versiones sobre ella, con diferentes adaptaciones de la letra a partir de esa vieja historia, pero esta descriptiva y macabra manera de Nick Cave de contarla es la que para mi se convierte en la más escalofriante de todas.

El comienzo ya me parece fascinante, la manera en que lo narra y lo describe te pone rápidamente en situación, y enseguida te das cuenta de que algo gordo va a pasar:

Fue en el 32 cuando los tiempos eran duros.
El tenía un colt 45 y una baraja de cartas.
Stagger Lee.

Llevaba zapatos de piel de rata
y un viejo sombrero Stetson.
Tenía un Ford del 28 y letras a pagar por él,
Stagger Lee.

Me encanta también la naturalidad y mala hostia con la que canta sobre reventar cabezas, culos y felaciones varias, y también ese punto de humor en versos como:

Ella ve al encargado y dice “No puede estar muerto”,
Stag dice: “Bueno, sólo cuenta los agujeros
en la cabeza del hijo de puta”.

Un auténtico temazo, y además con una línea de bajo mántrica y obsesiva de la que no puedes escaparte en ningún momento, me inspiré en ella para una canción que grabamos hace dos o tres años.

 

  • Jorge Alonso (Escritor, autor de Nick Cave & The Bad Seeds, Compartiendo las semillas): “Good Good Day”, B-Sides & Rarities

Porque es una cara B, concretamente del single “As I Sat Sadly By Her Side” (Mute, 2001), y siempre queda uno bien (o como un gilipollas) al tirar de recursos, porque se aleja del manido lado oscuro de Cave y los suyos, porque es de esas que saben despejar los nubarrones, haga el día que haga, que bien puede ser soleado, porque tiene una cadencia encantadora, unos coros deliciosos, un estribillo que te explota de felicidad y, sobre todo, porque es un temazo inapelable. Y porque el del concierto será un buen día, claro.

 

No sé si es la boca del infierno o la caja de Pandora lo que se abre. Tampoco sé si del vano de la puerta sale el ángel negro del rock and roll o es el demonio con su voz sembrada de tentaciones. Suenan los tacones de unos botines elegantes sobre el suelo. Él arrastra un micrófono de cable que yo imagino el rabo largo con el que la bestia azota el mundo. Un mundo idiota y sumiso. Un mundo que ya no se soporta a sí mismo. Tiene este hombre algo de gitano de Australia no sólo porque bajo el traje negro lleva la camisa desabotonada. Apenas en segundos se precipita el sonido Fender de la guitarra. Lo acompaña la crudeza de las notas del bajo, suenan a zanahorias tronchadas en medio de ningún lugar. Del rumor de fondo se encarga la percusión y el hammond, que suena a noche solitaria. El ambiente de luces y sombras empieza a dilatarse. La música está viva, muy viva, y crece. El cantante danza y eleva sus brazos con estudiados movimientos de alas. Más juego de luces y sombras. Todo vibra. Estos tipos son una panda de viejos locos que saben muy bien articular los mecanismos de la excitación. Llega un momento en que tienes que cerrar los ojos para dejarte llevar en volandas por los coros. Tiene algo de orgásmico la canción, de montaña rusa, o de abrazo húmedo o tortazo de terciopelo. Al final, te das cuenta de que algo grande ha sucedido delante de ti. Y de que la complejidad de la vida, de su misterio, puede empaquetarse, como si eso fuera sencillo, en un blues.

 

“Jubilee Street” es una de las más bellas canciones de amor entre un hombre “de familia” y una prostituta. Vemos el hilar preciso de Nick Cave en versos como “She had a history, but had no past”, o “The problem was she had a little black book/And my name was written on every page”. La canción, y en especial el violín de Warren Ellis, va in crescendo hasta que al final, el protagonista, solo, ya libre de culpa, después de un encuentro sexual, dice estar transformándose, vibrando, brillando, volando. “Look at me now”. Vamos, para no mirarlo.

https://youtu.be/KLiUbOUr068

Yo, por mi parte, cierro con “There She Goes, My Beautiful World”, incluida en Abattoir Blues/The Lyre of Orpheus (2004). Estamos ante un himno explosivo e intenso a las musas, con ciertos toques bucólicos y simbolistas (“La gaulteria, el enebro, el aciano y la achicoria, / todas las palabras que me dijiste / aún vibrando en el aire”), en el que nos topamos con pintores, filósofos o escritores (Nabokov, San Juan de la Cruz, Karl Marx…) que lo hicieron, que recibieron la inspiración adecuada para crear una gran obra. Además, la letra está escrita en clave oratorio y suplicante: “Yo seré tu esclavo / te pelaré las uvas”.

Qué bien lo vamos a pasar este viernes.

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Jesús F. Úbeda

Jesús Úbeda nace en 1989 en Ciudad Real. En 2006 se traslada a Madrid, donde vive. Licenciado en Periodismo.

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