El gánster de Barcelona y el libro maldito

DaniElRojo
Dani el Rojo quiere saber si tienes hora | abc.es

Como si de una tradición absurda se tratase o de un ritual, de estos de persona normal -que yo nunca entiendo-, una persona viaja a todas partes con un libro pegado. Para mí lleva muchos años haciéndolo, una eternidad: un viaje suyo, un viaje del libro, una matemática que me resulta disparatada: ¿cuánto se puede tardar en leer un libro?

Llegué a cogerle una manía terrible a aquella portada con aquel tipo con gafas de sol mirando con aire altivo, apuntándome con su mentón, amenazándome desde la cubierta del libro que no se terminaba nunca. Tardé mucho tiempo en descubrir que, detrás de aquella sombra que observa ad eternum al que se ponga delante, se escondía la historia del gánster de Barcelona, la historia de Dani el Rojo.

Un buen día, estando en la casa de mi compañero a un libro pegado, lo volví a ver, reposando en su mesilla, al lado de la cama, dando la última puntada en el tejido complicado de aquella broma, parecía como si, por artificio de una maldición, no pudiera deshacerse de él y yo, para terminar de una vez por todas con aquella locura que solo yo veía y que solo a mí me importaba, lo cogí, lo abrí por una página al azar y lo empecé a leer.

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Dani observa desde la portada de Confesiones de un gánster de Barcelona (escrito junto a Lluc Oliveras) | casadellibro.com

“Pero…, este tío es un cabrón”, dije en voz alta, casi sin darme cuenta, después de leer unas cuantas páginas. No solo por las cabronadas que aquellas hojas dibujaban, tajantes e intratables, sino porque, después de toda aquella animadversión hacia aquel libro que había tenido, resultaba que me estaba gustando. Dicho y hecho, cuando volví a casa lo compré y, pese a que me esperaba desafiante una pila de libros de un metro en el rincón de la obligación, me acompañaron las Confesiones de un gánster de Barcelona durante unas cuantas madrugadas, como buen noctámbulo crónico y sin remedio que soy.

La historia de Dani es de aquellas que asustan porque, por inverosímil, solo puede ser real. Sobrevivir de esa manera a la cárcel, a la vida azarosa del ladrón profesional y, sobre todo, a una cantidad impensable de heroína, parece broma, como si fuera a salir después de un rato Pepe Rubianes vestido de Makinavaja diciendo que nada iba en serio y es que, cuanto más absurda parece la ficción, más fiel es a la realidad.

Las imágenes se nos pintan con ese color gastado de grabación antigua, con quinquis descoloridos paseando su adicción a la heroína por los pasillos de unas cárceles que parecen pertenecer a una realidad paralela, a unos suburbios de una ciudad lejana de un país perdido del que no queremos ni tan siquiera saber el nombre. Se intuye difícil, como dije, haber podido sobrevivir a todo aquel descontrol y, de hecho, el drama reside en que muy pocos lo hicieron, en cierta medida tampoco el gánster de esta historia lo hizo pues, pese a que la persona sigue en pie, el eco del atracador ya se diluye en las páginas de los libros de Dani como un personaje más, se esfuma un poco el olor a droga y el sabor a sangre con el aroma a libro nuevo.

Pero no enterremos a nadie todavía pues aún provee por todos aquel Dios Trapero del “Hágase tu voluntad, así en el barrio como en la Modelo“, y un día pueden que se encuentren con una sombra detrás que persigue sus pasos, que rastrea sus pensamientos incluso en la comodidad de sus casas y que les cegará con una media sonrisa detrás de unas gafas de sol y un traje caro, no se asusten, es el gánster de Barcelona.

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Rodrigo Pérez

Rodrigo Pérez nace en Talavera de la Reina, donde ha colaborado con distintas bandas de las que ha sido despedido fulminantemente. Estudió Biología en Salamanca y Lengua y Literatura por la UNED.

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