La destrucción o el amor: ‘Cobain: montage of heck’

cobain

En la pantalla surge un niño mofletudo, rubio, de poco más de un año, sentado en una silla en el jardín. Se gira hacia la cámara y lanza besos al aire. Y se ríe. Esa imagen tan tierna e inocente de Kurt Cobain precede un camino directo hacia la melancolía, la incomprensión y la tragedia. Gracias al documental Cobain: montage of heck (Brett Morgen, 2014) tenemos acceso a los archivos familiares de los Cobain y de Courtney Love, hasta ahora inéditos, en los que podemos ver la trayectoria íntima del cantante de Nirvana. Vemos, por ejemplo, que de pequeño Kurt era hiperactivo, dibujaba sin parar, y, agarrado a un muñeco, tocaba la batería, la guitarra y el piano. En las grabaciones también queda plasmada la plenitud de su felicidad, ingenua y corta. Cortísima, pues a los tres años –y coincidiendo con el nacimiento de su hermana, Kim– su rostro empezaría a cambiar bruscamente. Se convierte en un niño solitario con ansia constante por llamar la atención y sentirse querido. Queda claro que, después de los ciento treinta minutos que dura la cinta, esa fue su verdadera y desesperada búsqueda. Sentirse querido y formar parte de una familia.

cobain baby

Por esta misma razón, a los nueve años, sufre un bajón considerable a raíz de la separación de sus padres. A partir de ahí, el ya adolescente Cobain, rebelde e incomprendido, no encaja en la casa materna y tiene que irse a vivir con su padre, su madrastra y sus hermanastros. Éstos tampoco consiguen lidiar con su personalidad y Kurt se va con sus abuelos, vuelve con su madre, sin que nadie le pueda dar el cariño que buscaba.

Gracias a Tracy, su primera novia,  puede dedicarse a la música y a la pintura. Ella lo recuerda como alguien “divertido y ambicioso”, pero también “enfadado con sus padres, y con miedo a ser herido”. Krist Novoselic, bajista de Nirvana y su más fiel amigo, comparte esa opinión: “Odiaba sentirse humillado. Recuerdo lo mal que llevó una mala crítica que recibimos con uno de nuestros primeros sencillos. Le dije que se olvidara, que eran tonterías de revistas hipsters, pero él se sintió ultrajado”. Está claro que la vida no es lo que uno vive, sino cómo uno siente lo vivido. Kurt poseía una sensibilidad frágil, y las cosas aparentemente sin importancia le afectaban con gran intensidad.

cobain francesSu búsqueda por sentirse querido parecía que iba a tener fin cuando conoció a Courtney Love. Todo indicaba que, por fin, formaría una familia, su propia familia. En aquel entonces, era el líder del grupo más importante de los 90, considerado por muchos como el John Lennon de aquella generación, y contaba con la admiración de millares de fanes en todo el mundo. Pero su amor no era visto con buenos ojos, pues le alejó de los escenarios y, por ello, recibía cartas de chicas enfadadas con la “nueva Yoko Ono”. De hecho, vemos a Kurt en un concierto pidiendo a la muchedumbre que le dijese, al unísono, lo mucho que ellos querían a Love. Era una relación intensa y excesiva en todos los sentidos, sobre todo, por la espiral autodestructiva en la que ambos se habían metido. Incluso, en el documental, Courtney reconoce haber consumido heroína durante el embarazo de Frances, por lo que ella, recién nacida, estuvo en desintoxicación tres meses para que le quitaran todos los restos de la droga de su organismo. La niña podría haber traído estabilidad a la pareja, pero no fue así. En una de las escenas más tristes, vemos a un Cobain totalmente colocado, incapaz de mantener a su hija en brazos mientras Love intenta cortarle el pelo a Frances por primera vez. Sin embargo, todo su ideal de familia estable con el que había soñado parece desmoronarse cuando Courtney le confiesa su intento de serle infiel. Según ella, el hecho no llegó a concretizarse, pero Kurt no podía soportar la idea de verse otra vez abandonado e intentó quitarse la vida en Roma, a primeros de marzo de 1994. Después de un mes y con 27 años, logró quitarse la vida definitivamente, con un disparo en la cabeza.

Además de la ausencia del batería de Nirvana, Dave Grohl, lo que llama especial atención en la película es la frialdad de los testimonios de los padres, de la hermana y de Love al hablar sobre Kurt. Parece que cada uno quiere quitarse la parcela de responsabilidad en la fragilidad del cantante y en su trágico final. Obviamente no se trata de buscar culpables, pero falta autocrítica y sobra soberbia. No hay culpables, pero después de ver la película, queda claro que la víctima de toda esa tragedia es Frances, arrebatada de su niñez  y de la convivencia con su padre (no tenía ni dos años cuando se murió). Tanto es así que el director Brett Morgen reconoció que la película tenía por finalidad llenarle aquel vacío y que no la hizo para los fanes de Nirvana, sino que exclusivamente para Frances. Ella, a su vez, le agradeció públicamente haberle devuelto “dos horas con su padre”.

Kurt Cobain, en su terca búsqueda por el amor, sólo encontró la destrucción. Como en los versos de Vicente Aleixandre, la juventud de Cobain se encerró aquel día de abril en “unos labios pegados mientras los muslos cantan”.

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