“Salir”, Extremoduro y la euforia temporal que antecede a la nostalgia

Robe, en un concierto de la Gira 2014 | Imagen de vídeo
Robe, en un concierto de la Gira 2014 | Imagen de vídeo

Las batallitas son la forma más cutre y recurrente de exteriorizar la egolatría. Por eso, en este artículo, intentaré evitarlas.

Con la canción que vamos a escuchar, en este tipo de textos, lo fácil es recurrir al “pues yo hice esto”, “me pasó esto”, “me jodieron así”. Porque quien no se haya sentido reflejado alguna vez con lo que dice esta obra maestra, es que no es humano –o, quizás, se ha metido a cura, a monje budista, y derivados.

Nos referimos a este himno:

Salir” (Robe Iniesta/Iñaki Antón, Uoho) es una de las canciones más hermosas de Extremoduro. Y de las más icónicas: desde que viera la luz –oficialmente, digo- en Canciones prohibidas (1998), el grupo la ha tocado en todas sus giras. El público la vive, se desgañita, se emociona. He tenido la fortuna de ser testigo de ello en cuatro o cinco ocasiones. En los conciertos siempre queda como al final, como abriendo la veda al después, a un viaje al fin de la noche.

“Salir” es una canción que toca la fibra por su sencillez y su universalidad. Ya lo he dicho antes: quien no se haya sentido identificado alguna vez con la letra, no es humano. Todos –al menos, muchos- hemos terminado –“todo lo que termina, termina mal”, dice Calamaro– relaciones, con todo lo que eso conlleva, y hemos combatido contra la nube negra saliendo, bebiendo y manteniendo “el rollo de siempre”. Quemamos noches y quemamos nuestra salud a cambio de un plus intenso, eufórico y fugaz de felicidad, para luego “llegar a la cama y joder, qué guarrada sin ti”.

Y al día siguiente.

La vida se escribe en presente de indicativo, poco a poco. Las eras y las edades son conceptos muy ligados a la Geografía y a la Historia, pero no a lo cotidiano. Y mucho menos al rock&roll. La canción mide el momento en el ahora más radical: el de los segundos. Para ello, el grupo toma prestado estos versos del poeta Santos Isidro Seseña, que ahora se han convertido en universales:

Para algunos vivir es galopar
un camino empedrado de horas,
minutos y segundos.
Yo, más humilde soy,
y sólo quiero que la ola que surge
del último suspiro de un segundo,
me transporte mecido
hasta el siguiente.

Quemad la noche, que es sábado.

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Jesús F. Úbeda

Jesús Úbeda nace en 1989 en Ciudad Real. En 2006 se traslada a Madrid, donde vive. Licenciado en Periodismo.

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