El olvidado britpop femenino

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Durante el boom del britpop, allá por los años noventa, había dos maneras rápidas de alcanzar la atención de los medios siendo mujer: salir de un pub londinense del brazo de un Gallagher –y para eso era necesario ser rubia peliteñida–, o aparecer en el “especial chicas” que las revistas musicales del momento se veían obligadas a publicar de vez en cuando.

Al contrario que su predecesor, el grunge, cuyo líder e icono, Kurt Cobain, es probablemente el feminista más famoso de la historia del rock, el britpop no pasará a la historia como el movimiento musical más woman-friendly. Aunque la era quedó oficialmente inaugurada con la portada de la revista Select que mostraba a Brett Anderson como el paradigma de la sexualidad ambígua –el cantante y lider de Suede acuñó la frase que más repetirían los estudiantes de Letras de la década en los bares: “soy un bisexual que no ha tenido nunca una experiencia homosexual”–, imponiendose un modelo de masculinidad menos inclusivo.

Pues bien, situémonos: años 90, jóvenes recién llegados a Londres donde el fútbol, la cerveza y berrear “Some Might Say” a la salida del cualquier pub estaba respaldado por el auge económico del primer gobierno de Tony Blair. Por aquel entonces, tanto los grupos emergentes como la prensa musical estaban más cómodos con la idea de una chica apretando canalillo que blandiendo una guitarra encima de un escenario. Pero se equivocaban y mucho.

Hubo grupos de chicas o con chicas cruciales en el britpop. El disco de debut que se vendió más rápido en Gran Bretaña no fue Modern Life is Rubbish ni Definitely Maybe sino Elastica, de Elastica. En el 95, no había garito de Nueva York o Londres en el que no se hablara de este grupo femenino. Con un rollo new-wave y la vista puesta muy cerca de los discos de Wire, gracias a ellos el movimiento encontró a su icono (sexual) femenino: Justine Frischmann.

Elastica|Fuente: Cultture.com
Elastica|Fuente: Cultture.com

Frischmann tuvo que aguantar durante bastante tiempo que se la tratase como la mayor groupie y trepa del britpop. Frischmann había conocido a Brett Anderson a principios de los 90 cuando ambos estudiaban en el University College de Londres y compartían una obsesión por David Bowie y los Smiths. Empezaron una relación y fundaron Suede, aunque ella era algo así como un satélite de la banda. Hasta que Anderson, según cuenta la leyenda del folklore britpop, la expulsó del grupo por traición musical y sentimental, cuando Frischmann se enrolló con Damon Albarn –cantante y líder de Blur, aquella historia fue todo un culebrón-. Por todo eso, Justine Frischman empezó a ser conocida como “novia de”, en la prensa musical. Tanto ella como la guitarrista Annie Holland y la bajista Donna Matthews ignoraban el estilo neo-mod de sus compañeros de generación y optaron por una imagen más oscura, todo chaquetas de cuero y botazas.

Elastica tenía su contrapartida en un grupo menor pero interesante como Kenickie. Formado por cuatro chicas del norte de Inglaterra que tomaron el nombre del segundón malote de Grease. En su día, las Kenickie, que vestían “glamour barato” a lo Courtney Love, denunciaron el doble rasero al que las sometían los medios. “Nos obligan a probarnos gafas de sol en el programa de Lorraine Kelly -una especie de Mariló Montero-. ¡Esto nunca se lo harían a Ash!”. Imaginaos el panorama.

La lista de grupos de chicas es corta pero hubo más bandas que respondían al esquema alineación masculina-vocalista femenina. Esto le valió a Echobelly comparaciones con Blondie (aunque el grupo también tenía una bajista, Debbie Smith). Uno de sus escasos pero sonados hits, “I can’t imagine the world without me” dio nombre a su álbum de grandes éxitos, pero también podría ser el resumen de una época marcada por un ruidoso narcisismo. Sonya Madan puede también presumir de haber patentado el corte de pelo obligatorio de la época para toda jovencita de aspiraciones indie, el pixie con flequillo ladeado. Desafortunadamente, los problemas de salud de su vocalista Sonya Madan forzaron un descanso que duró hasta el 2000, cuando la popularidad y el movimiento britpop se habían esfumado.

Echobelly|Fuente: Maria Mochnacz
Echobelly|Fuente: Maria Mochnacz

Louise Wener, otra embajadora del pixie fue la frontwoman de Sleeper. La banda, que cosechó fama como telonera de Blur, tuvo hits como “Inbetweener” y “Sale of the Centur” y coló dos temas en la banda sonora más exitosa de la época, la de Trainspotting (1996) – cinta dirigida por Danny Boyle -.

Sleeper
Sleeper

Pero la cosa no termina ahí, no. Volviendo a la frase inicial del boom del britpop había una tercera forma mucho más efectiva de conseguir atención y constía en llamarse Posh, Baby, Ginger, Sporty o Scary. El difuso Girl Power de las Spice Girls, conocido como la “basura tory”, la versión infantil y desarmada del post-feminismo.

Con este artículo os he querído traer una visión diferente a lo que estamos acostumbrados a leer sobre el movimiento britpop, otros grupos que parecen haber sido desterrados en el olvido: Elastica, Echobelly, Kenickie y Sleeper representaron el lado femenino del britpop, que tenía mucho en común con el movimiento riot de Estados Unidos: espíritu punk, muchas guitarras, letras adolescentes, psicosis y letras que hablan de sexualidad perturbada. Desde Morrissey hasta Madonna, pasando por R.E.M., todos querían llevárselas de gira por el mundo.

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